El CONICET lamenta el fallecimiento de Gerardo García Bermúdez



Fue investigador del Consejo en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y doctor en Física por la Universidad de Buenos Aires. Sus contribuciones permitieron avanzar en el conocimiento de las propiedades y características de los núcleos atómicos y constituyeron un valioso aporte al desarrollo de la física nuclear experimental en nuestro país.

Colegas del CONICET en la CNEA lo recuerdan con las siguientes palabras:

Gerardo García Bermúdez fue un destacado físico experimental, cuya actividad científica estuvo dedicada principalmente a investigaciones pioneras sobre la estructura nuclear mediante técnicas de espectroscopia nuclear. A lo largo de su trayectoria, llevó adelante numerosos estudios utilizando aceleradores de partículas de distintos laboratorios del mundo, en particular el sincrociclotrón y el acelerador electrostático TANDAR de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Sus contribuciones permitieron avanzar en el conocimiento de las propiedades y características de los núcleos atómicos y constituyeron un valioso aporte al desarrollo de la física nuclear experimental en nuestro país.

A su labor de investigación se sumó una importante tarea de formación de recursos humanos. A través de su trabajo cotidiano, su experiencia y su compromiso con la actividad científica, contribuyó a la formación de numerosos investigadores jóvenes, muchos de los cuales continuaron y ampliaron las líneas de investigación que él ayudó a desarrollar. De este modo, su legado trasciende sus propias contribuciones científicas y perdura en las generaciones de profesionales que encontraron en él una referencia y un estímulo para su desarrollo académico.

Pero, más allá de su reconocida trayectoria científica y de sus aportes a la física nuclear, el García Bermúdez será recordado también, y muy especialmente, por sus cualidades personales. Fue una persona ecuánime, cordial y de trato siempre amistoso, que se distinguió por su paciencia, su disposición al diálogo y su capacidad para escuchar y comprender diferentes puntos de vista.

En las distintas responsabilidades de gestión que desempeñó, supo mantener siempre una actitud abierta y constructiva. Fue un interlocutor franco y amable, capaz de expresar sus opiniones con claridad y firmeza, sin perder nunca la cordialidad y el respeto por los demás. Estas cualidades hicieron de él una persona muy apreciada por quienes tuvieron la oportunidad de compartir tareas, proyectos y responsabilidades.

Su partida representa, sin duda, una pérdida para la comunidad científica y, en particular, para quienes compartieron con él tantos años de trabajo. Nos queda el recuerdo de un investigador comprometido con su disciplina, de un formador generoso y, sobre todo, de una persona cuya calidad humana dejó una huella perdurable en quienes lo conocieron.