28/10/2014 | CIGEOBIO
El camino a la identificación de ambientes ancestrales
Una científica del CONICET estuvo a cargo de las investigaciones geológicas en el nuevo yacimiento paleontológico de Marayes, en San Juan.
La geóloga Carina Colombi. Foto: gentileza investigadora.

Investigadores de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) dieron a conocer un nuevo sitio paleontológico en la localidad de Marayes, donde encontraron gran cantidad de microfósiles de vertebrados, de los cuales el 80 por ciento corresponden a restos de animales, cuyos fragmentos son menores a cinco centímetros. Este nuevo yacimiento sería uno de los más importantes de la región por la cantidad de ejemplares y posibles nuevas especies.

Carina Colombi, investigadora asistente del CONICET en el Centro de Investigaciones de la Geósfera y Biósfera (CIGEOBIO, CONICET-UNSJ), es parte del grupo de trabajo y trabajó en las investigaciones geológicas de las cuencas de la zona, que corresponden al Triásico, entre 250 y 190 millones de años atrás.

Según indica, el objetivo de su trabajo “es discernir cómo eran el ambiente, el clima y las características del terreno en ese entonces, y ver cómo estos aspectos se relacionan con los vertebrados que encontramos”, dice.

 

¿Qué factores del hábitat de esas especies analizan?

Buscamos determinar cómo era el ambiente en aquella época: si estaban en un río o en un lago, si el clima era árido, si había lluvias estacionales o si llovía todo el año. El clima y el desarrollo de las cuencas en el Triásico eran muy particulares. Todos los continentes estaban unidos y formaban un solo megacontinente que se llamaba Pangea. Y justo para el Triásico superior – aproximadamente 230 millones de años atrás – ese gran continente se movió hacia el norte y se ubicó simétrico con respecto al Ecuador. Esa distribución generó muchos eventos climáticos, desarrollo de cuencas y de un paisaje particular, que a su vez fueron un disparador de muchos de los cambios evolutivos de la vida en el planeta.

 

¿Qué tipo de modificaciones ocurrieron? 

Cinco de las grandes extinciones se concentran en ese período. Sin dudas esos cambios climáticos y topográficos tienen que estar relacionados con los cambios observados en la fauna. Nosotros lo vimos en la cuenca de Ischigualasto, que es donde trabajamos principalmente, y nos extendimos a la cuenca de Marayes, al sur, donde se encontramos una fauna que no se conocía.

 

¿Qué características tuvo que tener el ambiente para que se hayan conservado esos microfósiles?

Es muy difícil encontrar microfósiles concentrados en un área relativamente pequeña, porque por lo general el proceso es largo y complejo. Primero el animal tiene que morir y acumularse en la superficie. Después se debe enterrar rápidamente, porque si los restos quedan expuestos a las condiciones atmosféricas se destruyen rápidamente por los factores atmosféricos, o por carroñeros, sobre todo tratándose de piezas pequeñas. Y después se tienen que haber fosilizado, es decir mineralizado y preservado hasta nuestros días. Es por ello que se suelen encontrar sólo fósiles de gran tamaño, porque los chicos tienen menos potencial de ser preservados por su gran fragilidad. Y menos aún en estas concentraciones. Este es el primer bone-bed o capa rica en fósiles de microvertebrados que se conoce hasta ahora para Sudamérica.

 

A nivel geológico-paleontológico, ¿cuáles fueron los hallazgos más significativos en la zona?

La cuenca de Marayes fue muy poco estudiada porque la parte sur, que es donde hemos hecho los hallazgos, es de muy difícil acceso. Hicimos un estudio geológico y paleontológico detallado de esa cuenca, en especial de la formación superior conocida como Quebrada del Barro y pudimos interpretar cómo eran el ambiente y el clima responsables de la depositación en esta unidad. Además se encontraron al menos doce nuevas especies de paleovertebrados que antes no se conocían para el Triásico o que al menos no eran conocidas para esta porción de Sudamérica. Estos estudios en forma conjunta aportan más piezas para armar el rompecabezas y aproximarnos cada vez con mayor precisión a entender cómo funcionaban los ecosistemas triásicos.

Carina Colombi es investigadora asistente del CONICET en el Centro de Investigaciones de la Geósfera y Biósfera (CIGEOBIO, CONICET-UNSJ) en San Juan. Obtuvo su licenciatura en Ciencias Geológicas en la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), donde hizo además su doctorado y pos-doctorado en la misma área.

  • Por Ana Belluscio.