05/06/2015 | PROGRAMA VOCAR – PAÍS CIENCIA
Edelsztein y Vera brindaron charlas de divulgación científica para alumnos de escuelas secundarias
Hablaron sobre la paleontología más allá de Jurassic Park y del peligro de tomar malas decisiones respecto a cuestiones químicas de la vida cotidiana.
Valeria Edelsztein comenzando su charla. Foto: CONICET Fotografía.

Un chico se levanta un domingo al mediodía con un dolor de cabeza tan intenso que parece ancestral. El dolor empieza por la nuca y termina en la frente. La causa de semejante calvario está justo unas horas atrás, cuando tomó alcohol en una reunión con amigos. Ahora, ese chico solo piensa en una cosa: cómo deshacerse de esa resaca que lo acecha. ¿Tomar otra cerveza, como el mito avala? “Definitivamente, chicos, tomarse otra cerveza no los va a ayudar para nada”, sentenció, clara y contundente, Valeria Edelsztein, doctora en química del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), en la charla de divulgación científica “Malas decisiones” que dio en el marco de actividades de País Ciencia del ciclo “Ciencia y soberanía” en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, ante un auditorio colmado de estudiantes secundarios de la provincia de Buenos Aires.

Edelsztein, que durante la charla se valió de una proyección con imágenes de la tira de dibujos animados Los Simpson, explicó causas y consecuencias de tomar malas decisiones en cuestiones triviales de la vida cotidiana. Por ejemplo, cuando la resaca sucumbe. “Cuando tomamos una bebida alcohólica, estamos incorporando etanol, un compuesto químico que, entre otros efectos, produce un desbalance de la hormona vasopresina, una de las encargadas de regular los líquidos en el cuerpo. Por eso, hacemos mucho pis y, si no incorporamos agua, empezamos a deshidratarnos. Para compensar esto, el cuerpo toma agua de dónde puede: por ejemplo, de las meninges, unas membranas que recubren al cerebro. Al perder agua las meninges, tenemos una sensación de “apretujamiento” y es una de las razones por las cuales nos duele la cabeza”. Según señaló, tomar otra cerveza –haciendo caso al mito urbano que lo recomienda en esos casos- no ayudaría en nada a aquietar el cuadro doloroso. Sí se puede probar, en cambio, con la ingestión de algún alimento dulce, “porque compensa el bajón de glucosa que también produce la ingesta excesiva de alcohol”, resaltó.

Otra de las “malas decisiones” analizada por Edelsztein durante el encuentro con alumnos fue el de tomar alcohol durante un tratamiento con antibióticos: “El etanol se metaboliza en el hígado y sufre cambios para que nuestro cuerpo pueda eliminarlo. Para eso se necesita que actúen dos enzimas. Algunas familias de antibióticos inhiben la segunda enzima del proceso, una aldehído deshidrogenasa, y provocan la acumulación de un compuesto llamado acetaldehído que produce náuseas, mareos, taquicardia, malestar general. Esto se conoce como “Efecto Antabus””, aseguró. En el mismo sentido, preguntó qué hacer cuándo uno está tomando antibióticos y comienza a sentir mejorías respecto a su cuadro clínico: “¿Dejo los antibióticos? Si elijo ese camino estaré contribuyendo a generar la famosa `resistencia a los antibióticos`, porque, al no completar el tratamiento en tiempo y forma, estoy dejando vivas en mi cuerpo las últimas bacterias, que son las más resistentes, y eso puede tener un efecto a nivel global ya que, eventualmente, hará que algunos fármacos dejen de tener el efecto deseado o surjan las famosas “superbacterias” que tan difíciles son de combatir”.

Por último, examinó lo que sucede cuando las personas deciden no vacunar a sus hijos: “Si mucha gente no se vacuna, entonces se pierde la llamada “inmunidad colectiva” que es lo que permite erradicar o controlar muchísimas enfermedades y proteger a aquellas personas que no pueden vacunarse por motivos válidos (algún tipo de alergia a componentes, inmunosupresión, etc.). Si no superamos los umbrales necesarios, es decir el porcentaje de gente inmunizada en la población, para cada enfermedad l allí es cuando aparecen brotes de enfermedades como el sarampión o la difteria que no se observaban en algunos países hace 15 o 30 años”, indicó. Y concluyó: “La ignorancia y el miedo matan más que los virus y las bacterias. Ustedes pueden elegir seguir una carrera que no se relacione directamente con la ciencia pero todos los días toman decisiones que requieren de una cultura científica y que los afectan no solamente a ustedes. Es fundamental que esas decisiones sean informadas, y en eso la ciencia tiene un papel importantísimo, porque les proporciona hechos y evidencias para sostenerlas. No dejen que sus decisiones sean malas decisiones”.

Novedades de la prehistoria

-¿De quién son los fósiles? –pregunta el paleobotánico Ezequiel Vera.

-Del que los encuentra –contesta uno de los chicos en el auditorio.

-No –avisa el científico-. Del Estado, gracias a la Ley Nacional 25.743 de Protección del Patrimonio Cultural.

Sobre esa y otras cuestiones referidas a su materia se explayó el científico del Museo Argentino de Ciencias Naturales y del CONICET en su charla “Paleontología, mucho más que Jurassic Park”, que brindó a los alumnos a continuación de la de Edelsztein. Con humor y dinamismo, el investigador se dedicó a develar errores por falta de asesoramiento científico en fotos y películas sobre dinosaurios, así como repasó los que se sostienen desde el sentido común. “Muchas veces se muestran cosas no del todo correctas –expresó-, asíque los invito a dudar y tener u pensamiento crítico para todo”.

Vera comenzó, claro, por la famosa película de Steven Spielberg: “En Jurassic Park todo parte de mosquitos que supuestamente picaban a dinosaurios y permitían revivirlos, pero en una escena nos muestran un mosquito que en realidad no picaba”, dijo. Después de un breve repaso por las distintas ramas de la paleontología, se encargó de revelar cosas como que en la película Fantasía, de la compañía Disney convivían en pantalla dinosaurios diferentes que, en la realidad, nunca vivieron juntos. “Y del dinosaurio Barney no vamos a discutir”, bromeó. Para continuar, examinó una foto de un documental en la que se ve un dinosaurio metido entre plantas con flores. “Acá claramente no contrataron un paleobotánico, porque los dinosaurios jurásicos no coexistieron con plantas con flores”, indicó. Luego fue el turno de otra película de Disney, llamada “Disney Dinosaur”. “Allí se muestra que convivían dinosaurios de Chubut con otros de Canadá y también con lemures de Madagascar, algo imposible”, dijo.

Y ¿cómo se descubren los fósiles en los hechos? ¿Se encuentran en el campo así de lindos y enteros como mostraba Jurassic Park en el campamento? Vera comparó las escenas cinematográficas con fotos reales de campaña. “En la excavación no siempre se encuentran los esqueletos completos y todos juntos”, indicó, y dio el ejemplo del Puertasaurus, el dinosaurio que se supone más grande del mundo, del que sólo se descubrieron cuatro huesos, suficientes para reconstruir toda su figura.

“En Jurassic Park –prosiguió- el Spinosaurus le ganó al Tyrannosaurus: eso es imposible: por el tamaño de la mandíbula, por ejemplo”. También dedicó un párrafo explicativo a los complicados nombres que suelen ponerles a los dinosaurios que se descubren. “Es una convención que inventó un científico llamado Linaeus para clasificar a todos los organismos vivos. Aunque parece engorroso, permitió que haya maneras universales de llamarlos para que todo el mundo pueda entenderlos: ese es el objetivo”.

Para finalizar, habló sobre las plantas fósiles malvinenses. Y explicó brevemente para qué sirve la paleontología: “Para conocer a los organismos que habitaron el pasado, cómo se relacionan estos organismos entre sí y con los actuales en la Tierra, cómo estos organismos vivían y se relacionaban con su entorno, obtener información ambiental basada en los fósiles y entender cómo fueron cambiando los ecosistemas a lo largo del tiempo, para poder comprender mejor, en síntesis, el mundo actual”.