21/02/2014 | INIBIOMA
Científicos estudian el impacto de especies exóticas de pinos en la Patagonia
Investigadores del CONICET PATAGONIA NORTE evalúan los efectos de la introducción de pinos cultivados con fines productivos sobre ecosistemas de la región.
Los investigadores Martín Nuñez y Estela Raffaele. Foto: gentileza investigadores.

Las invasiones biológicas preocupan a nivel mundial por los impactos ambientales y productivos que ocasionan. En el Norte de la Patagonia Andina, la actividad forestal con plantaciones se ha desarrollado con coníferas introducidas y hoy alcanza una superficie de 90 mil hectáreas, aproximadamente. Investigadores del CONICET Patagonia Norte estudian la presión que ejercen sobre diferentes ecosistemas y también su estrecha relación con los incendios forestales.

No todas las especies exóticas son consideradas invasoras. Las invasiones biológicas ocurren cuando especies que son introducidas en un ambiente del cual no son originarias se desarrollan, se reproducen y se extienden en el espacio, cuando su descendencia es capaz de reproducirse y dispersarse a grandes distancias y superficies.

“El cultivo de árboles para producción maderera es promovido en el país desde hace más de 30 años ya que potencia la diversificación productiva, genera valor agregado y aporta al desarrollo de las economías locales”, explica Martín Núñez, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA – CONICET/UNCo). El 87 por ciento de las plantaciones en la Patagonia andina corresponde a pino Ponderosa (Pinus ponderosa), el 7,5 por ciento a pino Murrayana (Pinus contorta), el 4 por ciento a pino Oregón (Pseudotsuga menziesii) y el 1 por ciento a pino Radiata (Pinus radiata).

Estas cuatro especies han sido definidas como invasoras por sus antecedentes en otros lugares del mundo. Estela Raffaele, también investigadora del CONICET en el INIBIOMA, detalla que “en nuestra región, en estepas, el ritmo de avance de Murrayana es invasor. Al igual que el pino Oregón en zonas de matorrales y en bosques de Ciprés de la cordillera y el pino Ponderosa en áreas de bosque abiertas, sendas y picadas, pero con un ritmo de avance y densidad menores”.

“Si bien existen focos incipientes, aún no estamos ante un proceso de invasión a escala regional”, afirma Núñez. Esto es debido, en parte, a que la mayor superficie implantada es de pino Ponderosa, de ritmo más lento, y a la edad de las plantaciones, demasiado jóvenes para producir suficientes semillas. Sin embargo, los científicos aseguran que hay grandes probabilidades de que ocurra este proceso a gran escala en el mediano o largo plazo, como sucedió en otros países donde la tardía intervención tuvo costos millonarios y pérdidas invaluables en biodiversidad y servicios ecosistémicos, como la disminución de agua potable o para riego.“Estamos frente a una oportunidad única a nivel mundial.Se puede utilizar la información de otras zonas que han tenido experiencias muy negativas -como Nueva Zelanda, Sudáfrica o Australia- para impedir que éstas sucedan en nuestra región”, concluye.

El fuego y su relación con los pinos

El fuego, ya sea por causas naturales o humanas, forma parte de la dinámica de los ecosistemas del noroeste de la Patagonia, pero la combinación de fuegos repetidos con plantaciones de pinos exóticos es un nuevo tipo de disturbio. La conversión de grandes áreas de estepa, matorral y bosques de Ciprés en plantaciones de coníferas introducidas es un cambio reciente en el uso de la tierra. Los cambios que producen las plantaciones sobre las comunidades nativas son importantes no sólo por la disminución de la biodiversidad, sino también porque pueden afectar los procesos de recolonización después de un incendio.

Muchas especies de pino están adaptadas al fuego de diferentes maneras: a través de características morfológicas -como por ejemplo rebrotes-, mediante una corteza muy gruesa o gracias a la serotinia: las piñas de los pinos (conos o estructuras reproductivas), que permanecen cerradas hasta la madurez almacenadas en las copas, se abren con el calor y dispersan las semillas. “Una vez abiertas, las semillas de las piñas serótinas caen al suelo, donde inmediatamente después del incendio se dan las mejores condiciones para el establecimiento de nuevos individuos”, explica Estela Raffaele. Por el contrario, las plantas surgidas durante el intervalo entre fuegos tienen menor probabilidad de supervivencia debido a la competencia con otras plantas establecidas.

“Lo que queremos ver es si los pinos que se introdujeron en Patagonia están adaptados al fuego y, de ser así, estudiar si las plantaciones y los pinos que están invadiendo se queman más frecuentemente y si luego del incendio se vuelven a dispersar. Encontramos un sitio, Puerto Patriada, cerca de El Bolsón, donde ocurrió este ciclo de plantación-invasión-fuego-invasión-fuego en una ventana temporal de aproximadamente 20 años”, cuenta Raffaele.

Los investigadores registraron la densidad de pinos dentro y fuera de diversas plantaciones. Los resultados preliminares muestran que existe un riesgo de invasión de pinos en las plantaciones quemadas, como también ocurre en otras partes del mundo. “Nuestra idea es averiguar si estas especies crean situaciones que podrían aumentar la intensidad y/o frecuencia de fuego y también producir cambios drásticos en los procesos de recolonización después de un incendio”.

Prevenir es la cuestión

Tener un mapeo de las plantaciones y los incendios en las últimas décadas y conocer sus características (especie plantada, su edad, localización, orientación del viento, comunidad nativa) permitirá predecir la probabilidad de invasiones para así alertar a los organismos competentes y a los productores.

Entre otras acciones, los científicos proponen identificar los sitios con mayor riesgo de invasión y priorizar la intervención; monitorear la presencia de renuevos, su densidad y distancia de avance; controlar renuevos evitando que produzcan nueva descendencia y desincentivar la plantación de especies con alto potencial invasor que, a su vez, presentan problemas productivos, como el pino murrayana, cuyo valor forestal no es muy alto y tiene problemas sanitarios y de manejo con un potencial invasor mayor que el de cualquier otra especie.

 

  • Por Marcela Rey 
  • Sobre investigación
  • Martín Nuñez. Investigador adjunto. INIBIOMA.
  • Estela Raffaele. Investigadora independiente. INIBIOMA