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Científicos del CONICET contribuyen a la sustentabilidad de la pesca de centollas

Determinaron que al incorporar una rampa para devolver a las hembras después de la pesca se contribuiría a reducir la mortalidad de los embriones.


Lithodes santolla.- Foto: gentileza investigadora.-

¿Cómo se puede mejorar la metodología de pesca de la centolla (Lithodes santolla) y el centollón (Paralomis granulosa) para tener una práctica pesquera más sustentable, tanto desde el punto de vista económico como biológico? ¿Cómo afecta al ciclo reproductivo la mecánica de pesca y devolución de los especímenes no comercializables?

Las investigaciones de científicos del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-CONICET) indican que existe una gran pérdida de huevos cuando las hembras son arrojadas al mar desde la cubierta de los barcos y que mediante la incorporación de una rampa se disminuiría drásticamente esta pérdida, lo que contribuiría a la conservación de la población. Estos resultados fueron publicados en la revista Fisheries Research.

“Es un factor de mortalidad importante que nunca se había tenido en cuenta y que puede ser una causa de la disminución de los especímenes disponibles los cuales, tras 19 años de haber estado prohibido para la pesca, no presentaron signos claros de recuperación ni en la cantidad de animales comercializables ni en cantidad de hembras con huevos”, dice el investigador principal del CONICET Gustavo Lovrich.

En la metodología extendida de pesca artesanal las centollas son recolectadas mediante trampas con cebo, y en la cubierta se seleccionan los machos de 7 u 8 años, con caparazones de 11 centímetros, que son los únicos permitidos para el comercio. Las hembras y los machos por debajo de este tamaño se devuelven al mar arrojándolos desde la cubierta, lo que lleva a la pérdida de huevos por el impacto.

“El centro de la investigación fue poder cuantificar el daño que podrían sufrir los huevos. Sabiendo que las hembras incuban hasta 10 meses, es muy probable que en ese lapso sea atrapada y devuelta varias veces”, explica María Gowland-Sainz, becaria doctoral del CONICET en el CADIC.

Las pruebas de laboratorio, explica la científica, consistieron en arrojar un grupo de especimenes en caída libre, para estandarizar lo que ocurre en los barcos centolleros, y otro grupo por una rampa, para comparar la cantidad de huevos que quedan en las hembras de cada grupo.

“En el caso de Lithodes santolla vimos que hay mucha diferencia: en caída libre se detectó que, en promedio, sufrían una pérdida del 23 por ciento, en tanto que con rampa fue similar al porcentaje que se produce por la manipulación en laboratorio, menos del 0,32 por ciento”, concluye.

En estas especies las hembras llevan los huevos debajo del abdomen, adheridos muy débilmente a unos apéndices llamados pleópodos. “A tal punto son débiles en la centolla que pudimos comprobar gran cantidad de huevos en los fondos de las cajas en las que las transportamos al laboratorio”, explica Gowland-Sainz.

Para poder comprobar lo visto en laboratorio en el campo de pesca, el equipo del CADIC-CONICET realizó un recuento de huevos en las hembras de las zonas de mayor pesca, donde comprobaron que existía menos cantidad comparada con las zonas de veda.

 

Repoblación, limitación espermática y amontonamiento

Para los investigadores existen otras cuestiones que deben ser tenidas en cuenta para evaluar la metodología de pesca y la legislación vigente, como por ejemplo la llamada “limitación espermática”, es decir la reducción de la proporción entre machos y hembras adultos. Como los machos son seleccionados por la pesca, se intentará determinar si la población de hembras puede ser fecundada por los machos que quedan, o cuántas hembras puede fecundar un macho.

Otros integrantes del equipo, Paula Sotelano, becaria postdoctoral del CONICET y Federico Tapella, Investigador Adjunto investigan la posibilidad de cultivar las centollas en laboratorio y luego sembrar el mar para suplir la baja de la población. Para esto, es necesario “evitar la mortalidad de las etapas larvales, hacer cultivos de centollas pequeñas, liberarlas al mar y esto es una línea de investigación de laboratorio de hace varios años que es muy complicada y que requiere mucho esfuerzo”, explica Gowland-Sainz.

La última cuestión a analizar es si en el momento de la pesca, cuando sufren amontonamiento en la cubierta de los barcos, las centollas y centollones tienen pérdida de las capacidades reproductivas, y si la exposición al aire por tiempo prolongado los afecta del mismo modo.

 

  • Por María Bocconi