DIVULGACIÓN CIENTÍFICA

Cámaras que cuentan ballenas

Para disminuir el margen de error en el conteo anual de ballenas, instalan cámaras que garantizan mayor precisión en el censo. 


Nicolás Sueyro y Mariano Coscarella instalan las cámaras en el avión. Foto: Alejandro Cannizzaro.

Parece poco probable que una ballena franca austral (Eubalaena asutralis) pase desapercibida debido a su gran tamaño -pudiendo alcanzar los 16 metros de longitud- ; sin embargo sucede frecuentemente debido al ángulo ciego que se produce al mirar por una ventanilla plana desde la aeronave o al reflejo del sol, durante los censos realizados por observadores especializados desde un avión, entre otras variables.

Para minimizar la pérdida de datos, Nicolás Sueyro, becario doctoral del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET),  instaló una cámara debajo del avión “para  poder registrar cuántas ballenas no contábamos en ese espacio vedado para el ojo humano. Nos dimos cuenta que no solo relevábamos ese sitio puntual sino un área muchísimo mayor. Así surgió la idea de instalar dos cámaras para cubrir la superficie total”, asegura.

Este desarrollo fue condecorado con el Premio Australis para investigadores jóvenes que otorga el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) en su edición 2016.

Optimizar el conteo de ballenas resulta prioritario para el Laboratorio de Mamíferos Marinos del CESIMAR en el  CCT CONICET-CENPAT y es por eso que durante los vuelos anuales en los que se censan las ballenas, los investigadores del CONICET Enrique Crespo y Mariano Coscarella entrenan nuevos observadores.

“Se precisan cinco vuelos para entrenar a una persona que pueda censar a bordo del avión y que sus datos sean fiables. Este número es significativo si tenemos en cuenta que en general hacemos cuatro vuelos al año y realizarlos, resulta costoso. La instalación de cámaras permiten mejorar la eficiencia de nuestro trabajo, aunque estamos en las etapas iniciales del proyecto”, afirma Coscarella.

Por otro lado la tecnología, según indican los científicos, también es importante para la prevención y reducción de daños o potenciales accidentes. “Los censos de ballenas no son actividades exentas de peligro.  Lo que uno intenta siempre es minimizar los riesgos y quizás la instalación de estas cámaras sea una forma. Actualmente viajan a bordo tres observadores por vuelo y de ésta forma, ese número puede reducirse”, aseguran.

Desde el Laboratorio de Mamíferos Marinos, los censos se realizan desde el año 1999 para conocer la tendencia de la población de ballenas francas en Península de Valdés.

“El objetivo era tener información actualizada sobre el proceso de la dinámica poblacional y si bien no es la única manera de hacerlo, contarlas es la forma más rápida de obtener resultados precisos”, detalla Sueyro.

Estos datos son además de utilidad para las autoridades de aplicación y para quienes trabajan en el turismo de avistaje de ballenas.

“Este trabajo va mucho más allá del interés académico porque se genera un conocimiento que es trascendente en la región. Así podemos saber que la cantidad de ballenas que nos visita cada año. Por ejemplo este año, durante un vuelo contamos 836 animales en la zona costera que relevamos”, concluye Coscarella.

Por Alejandro Cannizzaro, CENPAT CONICET.