17/03/2015 | VINCULACIÓN TECNOLÓGICA - CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
Aprendiendo a cuidar el agua
Investigadores del CONICET participan de un proyecto con escuelas para controlar la calidad hídrica de ríos y arroyos en Tucumán.
Trabajo con los niños

Insípida, incolora e inodora, el agua es mucho más que dos átomos de hidrógeno unidos a uno de oxígeno: es esencial para el desarrollo de la vida y si bien cubre el 70 por ciento de la superficie terrestre, se puede acceder tan sólo al 1 por ciento del agua dulce porque el resto se encuentra mayormente en el mar y en los polos. Es un recurso muy limitado por lo que debe ser cuidada y usada racionalmente.

Para determinar su calidad usualmente se recurre a parámetros fisicoquímicos como concentración de oxígeno disuelto, olor, turbidez y pH entre otros. Sin embargo, cada vez más se emplea como método el estudio de indicadores biológicos como el análisis de las comunidades de insectos acuáticos que brindan señales sobre el estado ambiental de los ríos. Esta alternativa presenta grandes ventajas como la facilidad para recolectar las muestras y su bajo costo, entre otros.

“El hecho de que estos organismos vivan en el río hace la diferencia fundamental con una muestra química puntual, ya que los animales nos dicen qué pasa y qué pasó en el pasado inmediato -días o semanas- en el agua. La ventaja principal es que los insectos actúan como “centinelas” porque están siempre en el lugar, y pueden mostrar si hay eventos puntuales de contaminación”, explica Carlos Molineri, investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Biodiversidad Neotropical (IBN, CONICET- UNT).

El científico, junto a Daniel Dos Santos, investigador asistente del CONICET en el mismo instituto y la bióloga Celina Reynaga trabajan en un proyecto educativo para registrar y monitorear los insectos de ríos y arroyos cercanos a la localidad tucumana de Raco con el objetivo de crear conciencia en la comunidad sobre la importancia de cuidar los recursos hídricos.

La iniciativa es una acción conjunta entre el IBN, la asociación civil ’Hermanos de la Tierra‘ y el Voluntariado Universitario de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Participan 13 escuelas primarias del noroeste de la provincia en zonas de piedemonte y media montaña.

Los investigadores capacitan a los docentes con herramientas prácticas para que realicen actividades de educación ambiental con sus alumnos, especialmente monitoreando especies vegetales y animales que actúan como indicadores biológicos de la contaminación del agua.

Reynaga aclara que antes de las salidas a ríos y arroyos los niños reciben un mínimo entrenamiento para saber cómo buscar los insectos acuáticos que pertenecen a cuatro grupos fácilmente observables: patudos (megalópteros), plecópteros, tricópteros y élmidos. Los recolectan con un colador de malla fina y luego los cuentan y clasifican con una cartilla diseñada por los especialistas que guía al niño en la observación de organismos.

“El trabajo se hace directamente en campo, se sacan los insectos y se calcula un índice muy simple en el que se otorga un punto por cada uno de estos organismos que aparezca. De acuerdo a ese valor se obtiene una idea del estado ecológico del río. Si aparecen los cuatro grupos, está en excelente estado y si no hay ninguno está muy contaminado. Estas actividades simples se hacen con fines educativos y también científicos porque hacemos monitoreo”, explica Molineri.

Asimismo destacan que los chicos, los padres y la comunidad educativa suelen involucrarse activamente con el proyecto y generalmente advierten que las causas de la contaminación son cuestiones solucionables. Para combatirlas, en la escuela están ideando, entre otras actividades, un método para purificar las aguas con plantas acuáticas que con sus raíces interceptan al agua que drena por las acequias antes de su descarga en el río.

 

Del río a la lupa

Además del trabajo educativo asesorando a la comunidad para cuidar la calidad del agua, los investigadores realizan estudios de taxonomía, filogenia y biogeografía de invertebrados acuáticos. Recolectan las muestras en los mismos ríos y arroyos que los alumnos de escuelas primarias, utilizando distintos tipos de redes y trampas de luces. Luego las colocan en frascos con alcohol con todos los datos de la recolección y son analizadas en detalle en el laboratorio.

En este sentido, Dos Santos destaca que inspeccionan cuidadosamente los microhábitats para hacer un relevamiento completo. Se muestrean adultos alados en el atardecer y ninfas acuáticas para capturar más detalles acerca del ciclo de vida de los insectos. Asimismo, algunas especies viven debajo de las piedras, por lo que las remueven y cuando corre el agua, las atrapan con la red.

“Básicamente hay dos grandes ambientes en un río de montaña: zonas de pozones, de aguas calmadas, y otra de rabiones donde el agua fluye a mayor velocidad. Los insectos tienen preferencias diferentes, unos aprovechan todo lo que trae la correntada y otros viven de lo que se deposita en el río. Las piedras también son muy distintas, si emergen se calientan y actúan como conductor de calor”, agrega el investigador.

Además de analizar el comportamiento y los cambios de estructura de las comunidades de insectos, estudian los cambios bioquímicos, fisiológicos, histológicos y genéticos que presentan como respuesta a los cambios en el ecosistema. Reynaga agrega que su trabajo consiste en investigar el hábito alimentario de cada uno de los organismos que están en el agua y a partir de eso hacer una red trófica para evaluar cómo funciona el sistema, de qué se alimentan y obtener indicadores ambientales.

“Estos estudios son sumamente importantes porque, por ejemplo, algunas enfermedades se trasmiten por insectos cuyas larvas son acuáticas, como mosquitos o jejenes. Insectos como tricópteros o libélulas pueden alimentarse de estas larvas por eso su presencia es útil para controlar las poblaciones de esos bichos potencialmente peligrosos”, concluye Dos Santos.

  • Por Cecilia Leone

  • Sobre investigación:
  • Carlos Molineri. Investigador adjunto. IBN.
  • Daniel Dos Santos. Investigador asistente. IBN.
  • Celina Reynaga. IBN.
  • Carolina Nieto. Investigadora adjunta. IBN.
  • Daniel Emmerich. Asociación civil “Hermanos de la Tierra”.
  • Fátima Romero. Fundación Miguel Lillo.
  • Judith Babot. Fundación Miguel Lillo.
  • Ana Lucía González-Achem. Becaria doctoral. UNT.
  • Guillermo Hankel. Becario doctoral. UTN.
  • Julio R. Moreno. UNT.
  • José Giordano. UNT.