CIENCIA CON VOZ PROPIA

“Una buena descripción será eterna; una mala, efímera”

Contrario a la creencia popular, dar nombre a una nueva especie marina puede ser un gran desafío para los biólogos.


Por Guido Pastorino*

El estudio de los moluscos tiene una larga tradición en Argentina. Quizás el puntapié inicial lo dió Alcide d’Orbigny, el insigne investigador francés, al dedicarle una especie al entonces curador de lo que sería años más tarde el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. Este es justamente el lugar donde trabajamos a diario, y que reúne la colección más importante del mundo de moluscos marinos argentinos.

Todos los organismos son denominados universalmente con lo que se conoce como sistema binominal linneano. Los moluscos no son la excepción, por lo que para poder realizar cualquier tipo de investigación debemos referirnos a ellos de una única forma, a través de su nombre latino.

Establecer la denominación científica correcta de una especie siempre necesita de su conocimiento profundo, lo que involucra estudios de anatomía, histología, ecología, etología, entre otros. Todo esto para finalmente arribar a una identificación certera, o bien, a establecer que todavía no ha sido descripta.

Entonces comienza una fase interesante del trabajo: describir una especie nueva. Lo difícil es llegar a abarcar todos los aspectos posibles para no dejar lugar a dudas acerca de su identidad. En el trabajo cotidiano llamamos “buena especie” a aquella cuya descripción es precisa y no deja lugar a otra posibilidad.

Esta tarea involucra responsabilidad y ética. Hay que agotar todas las chances y estar seguro. Hay muchas oportunidades donde la falta de un ejemplar completo o inclusive de más de uno posterga este trabajo, aún a sabiendas de que se trata de una nueva entidad. Una buena descripción será eterna, una mala, efímera.

A partir del uso del Buque Oceanográfico “Puerto Deseado” del CONICET hemos podido llegar a lugares muy poco explorados. Hace tres años comenzamos a trabajar con ejemplares que viven a profundidades mayores a los 100 metros y hasta los 3.500, desde los límites de la región de pesca comercial hasta el margen continental.

Para aquellos que hemos crecido mirando las aventuras de Jacques Cousteau, tener la posibilidad de usar un buque de estas características para investigar es como tocar el cielo con las manos. Como muchos investigadores de mi generación, el amor por el mar comenzó en aquellos momentos frente al televisor.

Los moluscos en general y los gasterópodos en particular no presentan una biodiversidad numéricamente importante en aguas argentinas. De hecho es una de las más bajas a nivel mundial. Esto no quita que su estudio sea relevante y prometedor. Por el contrario, encontrar una respuesta a esta realidad constituye uno de los grandes desafíos.

*Guido Pastorino es licenciado en Biología (orientación Ecología) por la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad de La Plata, hizo un posdoctorado en el United States National Museum of Natural History “Smithsonian Institution”. Actualmente trabaja en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. Dirige varios proyectos donde se estudia la biodiversidad de moluscos marinos. Además, coordinó diversas campañas científicas a bordo del Buque Oceanográfico Puerto Deseado en 2012 y 2013.