El CONICET lamenta el fallecimiento de Laura López Greco
Fue investigadora superior del Consejo en el Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental y Aplicada (IBBEA, CONICET-UBA) y profesora titular del Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental de la Universidad de Buenos Aires. Su trayectoria la consolidó como una referente internacional en el estudio de la biología de los crustáceos.
Integrantes del Laboratorio de Biología de la Reproducción, Crecimiento y Nutrición de Crustáceos Decápodos del Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental y Aplicada (IBBEA, CONICET-UBA) la despiden con las siguientes palabras:
Hay carreras que se miden en publicaciones y cargos, y hay otras que además dejan una huella difícil de cuantificar. La de la Dra. Laura López Greco fue de las dos: pocas trayectorias en la ciencia argentina reunieron tanto rigor, tanta constancia y tanto reconocimiento como la suya, construida a lo largo de más de tres décadas dedicadas al estudio de la reproducción, el crecimiento y la nutrición de los crustáceos decápodos, con aplicaciones a la acuicultura, las pesquerías y la conservación de los ecosistemas acuáticos frente al cambio climático. Sus primeros pasos en la ciencia los dio como tesista doctoral en el área de Fisiología de Crustáceos (Departamento de Ciencias Biológicas, FCEN-UBA), entre 1993 y 1997, bajo la dirección del Dr. Enrique Rodríguez, donde ya se destacaba por su dedicación e iniciativa. Doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad de Buenos Aires e Investigadora del CONICET desde 2002, alcanzó, durante el corriente año, la categoría de Investigadora Superior, un logro con el que soñaba y que la encontró en la plenitud de una carrera que ella entendía, ante todo, como una vocación de vida.
Ya en 1999, apenas dos años después de doctorarse, comenzó a dirigir seminaristas y a codirigir tesistas de licenciatura, dando los primeros pasos de una vocación formadora que la acompañaría el resto de su carrera. En 2002 fundó el Laboratorio de Biología de la Reproducción, Crecimiento y Nutrición de Crustáceos Decápodos, que dirigió hasta el final, siendo muy joven cuando decidió construir un espacio propio de investigación. Dicho laboratorio, hoy alojado en el Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental y Aplicada (IBBEA, UBA-CONICET) que ella misma contribuyó a fundar y del que fue su primera directora entre 2013 y 2021, se convirtió en referencia internacional para el estudio de los crustáceos decápodos.
Fue docente en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA desde 1992, cuando comenzó como ayudante, hasta alcanzar el cargo de Profesora Titular. Dictó Vertebrados e Introducción a la Zoología, además de varios cursos de postgrado relacionados con la biología de crustáceos, con una pasión que quienes la escuchamos alguna vez en el Aula Magna difícilmente olvidaremos. Esa vocación docente se tradujo en una intensa formación de recursos humanos: dirigió o codirigió al menos 16 tesis doctorales entre 2009 y 2024, además de tesis de maestría y de licenciatura, y guió a decenas de becarias y becarios de doctorado y posdoctorado del CONICET, junto a más de 20 pasantes de laboratorio, tanto argentinos como extranjeros. También formó a 6 investigadoras e investigadores del CONICET hasta su consolidación en la carrera, cinco de los cuales alcanzaron en el presente la categoría de Investigador Adjunto.
Su trayectoria fue reconocida con distinciones como el Premio Herman Burmeister de la Academia Nacional de Ciencias (2002), el Premio-Homenaje de la Sociedad Brasilera de Carcinología (2008) y el Reconocimiento por Trayectoria del Ministerio de Modernización de la Nación (2017), ocupando cargos de representación internacional como Latin American Governor of The Crustacean Society (2019-2023). A nivel institucional, integró el Consejo Directivo de la FCEN-UBA (1996-1997, en representación del claustro de Graduados) y el Consejo Departamental del DBBE en representación del claustro de Profesores en distintos períodos entre 2006 y 2026.
Su vocación por tender puentes la llevó a sostener durante años proyectos de cooperación bilateral con el CIBNOR (Baja California Sur, México) y la UNESP (Brasil) a través de convenios MINCYT-CAPES, y a integrarse en 2023 a un proyecto trinacional con España (CSIC) y México (UMDI Sisal, UNAM) sobre crustáceos y cambio climático, orientado a fortalecer la producción sustentable de pequeños productores latinoamericanos. Dentro de Argentina, mantuvo una relación especialmente cercana con el grupo del CESIMAR y la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en Puerto Madryn, ciudad a la cual le tenía un cariño particular.
Para quienes tuvimos la fortuna de trabajar bajo su dirección, Laura fue mucho más que una directora: fue una guía exigente y generosa a la vez, que confiaba en cada uno de nosotros incluso cuando nosotros mismos dudábamos. Publicó más de 170 trabajos científicos, principalmente en revistas internacionales de alto impacto, y uno de sus grandes sueños era llegar a las 200 publicaciones. No alcanzó a verlo cumplido en vida, pero estuvo muy cerca, y en los próximos meses continuarán siendo publicados trabajos con su nombre, fruto de todo lo que dejó sembrado y en marcha. Laura deja un Laboratorio, un Instituto, y sobre todo generaciones enteras de investigadoras e investigadores que llevamos su enseñanza con nosotros. Como decía Jacques Cousteau, quien la inspiró a dedicarse a esto desde muy joven, “¿Qué es un científico, después de todo? Es un hombre curioso mirando por una cerradura, la cerradura de la naturaleza, tratando de entender qué está pasando.” La vamos a extrañar profundamente, y la vamos a llevar siempre en el corazón.