CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES

Tierras raras: una mirada hacia el pasado geológico para conocer mejor un recurso estratégico

Un equipo de investigación del CONICET releva paleocostas en la provincia de Buenos Aires para estudiar la presencia de estos minerales clave. A partir de esa información se desarrollarán mapas interactivos que sirvan como insumo para futuros proyectos de prospección.


Las tierras raras, o elementos de tierras raras (ETR), forman parte de los denominados minerales críticos. Son aquellos –como el níquel, el cobre, el litio o el cobalto – que, se sabe, van a contribuir a la transición energética en los próximos 30 o 40 años, por ser esenciales para el desarrollo, por ejemplo, de aerogeneradores o motores de vehículos eléctricos. La categoría de crítico tiene que ver, por un lado, con que su demanda va en aumento -se estima que la necesidad de su obtención va a duplicarse en las próximas dos décadas- y, por otro, con que su refinamiento y producción está en manos de muy pocos países.

“Cuando hablamos de tierras raras, hablamos de un conjunto de elementos de la tabla periódica conocidos generalmente como lantánidos. Uno de los más abundantes es el neodimio, que habitualmente se usa para el desarrollo de motores eléctricos, específicamente para producir unos imanes del alto rendimiento que se denominan superpoderosos, que son muy potentes y no necesitan electricidad, entonces permiten ahorrar mucha energía, y hacen que el motor sea más eficiente y tenga mayor potencia”, describe Ernesto Schwarz, investigador del CONICET y director del Centro de Investigaciones Geológicas (CIG, CONICET-UNLP). “Por eso, todo el mundo busca saber dónde se encuentran esas tierras raras. El desafío consiste en hallarlas en concentraciones suficientemente altas que permitan una extracción económica y, a la vez, redituable. Entonces, ahí entra la geología para entender dónde están y, eventualmente, cómo poder explotarlas de manera sostenible y con el menor impacto ambiental posible”, añade.

Actualmente, Schwarz, junto al grupo de Sedimentología para Exploración y Desarrollo del CIG, encabeza una iniciativa, financiada través del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA), orientada a relevar ambientes sedimentarios de la Argentina en los que pueden estar presentes estos minerales para, en principio, identificar su ubicación y generar mapas interactivos que sirvan como insumo para futuros proyectos de prospección. Pero también para diseñar instrumentos que ayuden a las autoridades de control en la determinación de las pautas sobre cómo debe ser una futura explotación garantizando el cuidado del ambiente. 

“Nuestro país es un actor principal en lo que refiere a la producción de litio. Sin embargo, cuenta con muy escasa información sobre la presencia de minerales portadores de tierras raras en su territorio. Argentina tiene la necesidad de pensar en otras fuentes potenciales de energía y asegurarse su producción, porque es una manera de defender la soberanía, pero adicionalmente se deben establecer límites claros para que esa producción genere riqueza, pero con el menor impacto ambiental posible”, subraya Schwarz. “Los minerales portadores de tierras raras tienen una cualidad muy específica: son muy pesados. Mucho más que los minerales más comunes, como el cuarzo. Cuando las corrientes los transportan, se van acumulando y concentrando en determinados ambientes sedimentarios. Entonces, uno de los espacios donde se los puede ir a buscar son las costas actuales, que pueden ser reservas potenciales importantes. Pero cualquier actividad de extracción traería aparejados problemas ambientales muy graves, porque se verían afectadas las dinámicas costeras y cuestiones de la vida humana”, apunta el experto. 

De acuerdo con el investigador, una alternativa es ir a buscarlos en paleocostas, es decir ambientes cercanos asociados a esas playas en los que hubo costas en el pasado geológico –entre 8 mil y 100 mil años atrás– y que hoy están enterradas. Comprender esas paleocondiciones pueden ser una llave para interpretar cómo fue la distribución de los minerales pesados en esos sistemas.

Como, además, son bastante oscuros, su acumulación forma playas de arenas negras. Una característica que a simple vista sirve como primer indicador de su presencia en un determinado ambiente. “Hay registros de playas de arenas negras en la costa de Carmen de Patagones, al sur de la provincia de Buenos Aires. Nuestro objetivo es tener el menor impacto ambiental posible y preservar las playas y dunas actuales, por eso el foco del proyecto está puesto sobre las paleocostas asociadas”, describe el investigador, y amplía: “Con la información que obtengamos, la idea es elaborar mapas interactivos, con el detalle de la concentración en cada paleocosta o edad geológica, que sirvan de insumo al municipio o la provincia para comenzar a generar políticas públicas, normativas o manuales de buenas prácticas en potenciales prospecciones o actividades de explotación para cuando, eventualmente, una empresa privada tenga interés en buscar este tipo de elementos en la región. En definitiva, diseñar estrategias para que ese tipo de estudios afecten de la menor manera posible el ambiente”.

El proyecto también cuenta con el acompañamiento de la municipalidad de Patagones que generó el vínculo con las comunidades locales para allanar el camino para las primeras excavaciones y estudios de campo, ya que muchas de las paleocostas apuntadas se encuentran enterradas en lotes privados destinados a la producción ganadera. Las muestras colectadas en las primeras extracciones están siendo analizadas en el CIG y con instrumental de otros espacios de investigación del CONICET a nivel regional que cuentan con equipos especializados. Los estudios son de carácter químico, geoquímico y mineralógico y tienen como objetivo evaluar su composición y cuantificar la presencia de minerales pesados para, a partir de allí, avanzar en la elaboración de los mapas y las herramientas rectoras de una potencial prospección.

Schwarz se entusiasma con que la experiencia sirva como puesta a punto de la metodología de estudio, y que eventualmente esta pueda expandirse a otros puntos del país. “Comenzamos por nuestra provincia, porque se dispone de este financiamiento que ofrece el Estado bonaerense. Las costas y paleocostas de Buenos Aires se extienden a lo largo de 800 kilómetros, desde San Clemente del Tuyú hasta la desembocadura del Río Negro, así que tenemos todavía una gran extensión para explorar esta posibilidad a nivel provincial”, cierra.

Por Marcelo Gisande