10/08/2016 | Ciencias Agrarias, de la Ingeniería y de Materiales
Calefones solares de manual
Pueden construirse en una mañana y cuestan un tercio de un calefón tradicional. Apuntan a resolver la problemática del agua caliente en sectores vulnerables. Al momento se fabricaron y distribuyeron más de 1.500.
Fotografías e imágenes: gentileza investigadores.
Fotografías e imágenes: gentileza investigadores.
Fotografías e imágenes: gentileza investigadores.
Fotografías e imágenes: gentileza investigadores.

Tras la crisis del 2001 el grupo de investigación liderado por Gustavo San Juan, investigador adjunto del CONICET, director del Instituto de Investigaciones y Políticas del Ambiente Construido (IIPAC, UNLP) y del Laboratorio de Modelos y Diseño Ambiental (LAMbDA-λ), tomó la decisión de desarrollar productos de primera necesidad para los sectores más vulnerables de la población.

“En 2003, tras la creación de LAMbDA-λ, junto con Elías Rosenfeld decidimos trabajar en la investigación y desarrollo de componentes y sistemas solares orientados a sectores sociales de bajos recursos”, cuenta.

Fue así que diseñaron un calentador solar de agua que puede ser construido con materiales tradicionales que se consiguen en cualquier ferretería o casa de sanitarios. Se arma en una mañana con las instrucciones que están en el manual de tecnología sencilla desarrollado por el equipo de trabajo. Calienta hasta 80 litros de agua por día y cuesta aproximadamente un tercio del valor de un calefón comercial, que funciona a gas. Si bien no tienen la misma eficiencia que estos últimos, son una alternativa económica para proveer a una familia de agua caliente.

“Son colectores solares de bajo costo y de tecnología sencilla. Y el punto fundamental es ese: que cualquier persona pueda hacerlos y no tienen que gastar 12 o 15 mil pesos, que es lo que cuesta un calefón de mercado”, dice. Pueden abastecer a una familia de 4 o 5 personas y el agua caliente se puede usar para lavado personal, de ropa y aseo de la casa, pero no para consumo.

En 1977, cuando se creó el grupo de trabajo, decidieron orientar sus investigaciones al desarrollo y aplicación de la energía solar, no sólo por una cuestión ambiental sino también para mejorar la calidad de vida de las personas.

“Hasta ahora hemos fabricado más de 1.500 calefones en diferentes partes del país, especialmente en el conurbano de La Plata. Todo lo trabajamos en conjunto con la gente, empleamos materiales de uso corriente y no hay que soldar ni hacer procedimientos especiales. Con el tiempo nos dimos cuenta que faltaba el tema de cómo se transmite el conocimiento y desarrollamos manuales de autoconstrucción muy sencillos. Muchas veces damos capacitaciones durante la mañana y a la tarde se construye”, agrega.

Al ser un proceso tan sencillo, que se puede aprender en una mañana, la gente puede replicarlo y construir la cantidad de colectores que necesiten, para ellos y su familia.

 

A futuro, microemprendimientos

Aunque los calefones se arman con elementos que se pueden comprar en cualquier local comercial, para bajar aún más los costos, los investigadores están trabajando en el desarrollo de sus propias matrices para fabricar los componentes, en serie.

Actualmente usan piezas comerciales de polietileno, pero “a futuro, hacer nuestras matrices y luego nuestras piezas lo convertirá en un sistema semi industrializado. Como estamos trabajando con varias cooperativas, esto nos da la posibilidad de generar algún tipo de micro-emprendimiento productivo”, comenta San Juan.

 

 

La parrilla absorbedora de la radiación solar se arma con piezas y caños de polietileno negro, mientras que para los tanques de acumulación en general se usan diferentes materiales reciclados, como tanques que se recolectan de diferentes lugares o que son donados por empresas privadas que no los usan. Pero al diseñar sus propias piezas les va a permitir optimizar los componentes y todos los insertos, como caños o derivaciones, en el mismo tanque.

Es decir que donde antes había que agujerear, pegar y atornillar a mano, con las nuevas piezas son necesarios menos pasos y procesos para armarlo. “Si baja el número de componentes y se producen en serie, va ser más barato y fácil de armar, al mismo tiempo que mejora la eficiencia térmica del sistema”, agrega.

Otro factor a tener en cuenta es la zona donde se va a usar. El funcionamiento es diferente según el clima y la exposición solar, entre otras variables ambientales.

“Nuestro desarrollo está estandarizado para climas templados y con radiación solar media, que coinciden con la zona central Argentina. Hemos construido algunos en Salta y, si bien son muy aceptados socialmente, hay tanta radiación solar que algunas piezas fallaron. El agua salía bien caliente pero había que sombrear – por ejemplo con una media sombra- para que no se calentaran las piezas, Que colapsan por la temperatura. Estos sistemas son de baja eficiencia: por ejemplo en Ushuaia van a calentar muy poco [ya que hay poca exposición solar] y en zonas como Salta, de máxima radiación, algunos materiales pueden fallar”, dice, y agrega: “Pero en zonas templadas funciona muy bien”.

Equipo de trabajo:
– Gustavo San Juan. Investigador adjunto. IIPAC.
– Carlos Discoli. Investigador independiente. IIPAC.
– Graciela Viegas. Investigadora asistente. IIPAC.
– Victoria Barros. Investigadora y extensionista. UNLP.