04/08/2016 | VINCULACIÓN TECNOLÓGICA
Investigadores y empresas: la unión hace la ciencia
Científicos del CONICET y Syngenta trabajan en conjunto en el estudio del impacto de la polinización en el modelo agrícola actual.
Polinización en cultivos estratégicos. Foto: gentileza investigador.

Cada vez se le presta más atención a la polinización, que es el transporte de polen de la parte masculina de la flor hacia la femenina y que luego posibilita la fecundación de los óvulos y la formación de semillas. Este transporte lo realizan distintos vectores como insectos, el agua o el viento y es uno de los factores a tener en cuenta para los rindes de la producción agrícola. Cerca de tres cuartas partes de las especies cultivadas se ven beneficiadas en alguna medida por la acción de esos insectos, pero hasta ahora se creía que el rinde de algunos cultivos estratégicos como la soja, el girasol o la colza casi no dependían de la tarea de insectos polinizadores.

Desde hace tres años Syngenta, una empresa dedicada a la venta de semillas y productos para la protección de cultivos, mantiene un vínculo de trabajo con el CONICET a través de cuatro proyectos de investigación en temáticas estratégicas para el sector agrícola enfocadas en el estudio del impacto de la polinización en el modelo agrícola actual y sus derivaciones hacia una productividad sustentable.

“El proyecto surge por el interés de la empresa en entender cómo los agroecosistemas de Argentina están asociados con polinizadores nativos y con la abeja melífera, y cuál es su efecto sobre distintos cultivos. A partir de eso, el CONICET organizó un taller en Buenos Aires, convocó a los investigadores que estudian polinización y sobre esa base presentamos proyectos y se eligieron cuatro, entre ellos el nuestro. Tratamos de entender cómo la configuración de la vegetación natural influencia los rindes de los cultivos que interactúan con polinizadores”, explica Leonardo Galetto, investigador superior del Consejo en el Instituto de Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV, CONICET-UNC) y uno de los científicos involucrados en los proyectos con Syngenta.

El CONICET, a través de la Dirección de Vinculación Tecnológica, brinda la posibilidad a investigadores y becarios de desempeñar sus actividades vinculadas con problemáticas del ámbito privado. Bajo la modalidad de un tipo de convenio llamado ‘Investigadores en empresas’, se promueve la articulación del sistema científico-tecnológico público y del sector socio-productivo con el objetivo de incorporar valor agregado a la compañía, aumentar los empleos calificados y, a través de esta transferencia, beneficiar a la economía del país.

“Syngenta está interesada en promover la biodiversidad, preservando y mejorando el hábitat de los polinizadores. Los paisajes agrícolas a menudo carecen de la diversidad y abundancia de flores que necesitan los polinizadores, es por esto que la compañía lanzó el programa Operation Pollinator, que busca aumentar el número de polinizadores evaluando distintas combinaciones de vegetación nativa, con predominancia de espacios florales”, asegura Martín Fresco, gerente de Asuntos Públicos de Syngenta.

Por su parte, Galetto advierte que los cultivos estratégicos, aún sin polinizadores, producen sus frutas y semillas, pero que con su presencia el rinde aumentaría mucho más. Por detrás de todo el proyecto está la idea de que a mayor diversidad de polinizadores, hay rindes mayores en la mayoría de los cultivos con flores y para ello realizaron el análisis parcial de los datos que corroboraría esta hipótesis.

El estudio se realizó en los alrededores de las ciudades de Córdoba, Rosario, Mar del Plata y Bahía Blanca en diferentes paisajes con distinto grado de cantidad de vegetación natural, que es otro de los factores que analizaron.

“En esos lugares se trabajó con soja y girasol en una amplia cobertura territorial y encontramos otros cultivos como colza, chía, habas y kiwi, asociados con polinizadores en los que podíamos evaluar esta misma pregunta. Se supone que la soja se autopolinizaba, que no depende de los polinizadores y que estos van muy poco a las flores, pero en algunas regiones nosotros encontramos que van y mucho. Incluso, cuando aislamos parcelas con plantas de los polinizadores la producción disminuyó. En girasol, habas y chía pasó lo mismo. En los cultivos de kiwi se hace incluso polinización manual con personal entrenado para mejorar los rindes, que resulta un insumo caro por el valor de la mano de obra. Sin embargo, entornos con biodiversidad que aportaran polinizadores permitirían mejorar los rindes de este cultivo y bajar los costos de producción. En particular, se hicieron experimentos sumando colmenas al cultivo que es más económico para el productor y se ve que las abejas hacen un trabajo eficiente”, agrega el investigador.

En este sentido, asegura que si al evaluar la interacción entre cultivos y polinizadores se puede probar que hay un aumento del rinde, ordenando el territorio se beneficiarán los productores porque tendrían en la misma unidad de cultivo mayor número frutas y semillas. Asimismo, al ordenarse el territorio para que estén los polinizadores se favorece la preservación de la biodiversidad.

“El proyecto tiene una doble perspectiva: mostrar que la conservación no es antagónica con la producción y que una producción racional tiene más réditos en términos económicos. Además, se preservan recursos naturales estratégicos como los polinizadores, que favorecen la producción de cultivos”, dice.

Finalmente, Galetto asegura que en la segunda etapa del proyecto van a comenzar una colaboración interdisciplinaria con químicos para comprobar si la polinización afecta la cantidad y calidad de aceites de algunos cultivos.

“El trabajo en conjunto con la comunidad científica fue de mucho aprendizaje para Syngenta. No teníamos la experiencia en este tipo de convenios y el trabajo conjunto con los investigadores nos ayudó no solo a entender las distintas problemáticas que se viven fuera del sector privado, sino que nos abrió innumerables caminos y oportunidades para explorar en el futuro. Gracias a la experiencia lograda con el CONICET nos animamos a desarrollar una alianza a través de otro convenio para seguir estudiando los polinizadores”, concluye Fresco.

Por Cecilia Leone.