18/09/2018 | DIVULGACIÓN CIENTÍFICA
Científica del CONICET finalista en un premio internacional de la revista Nature
Se trata de María Natalia Lisa, investigadora del CONICET que estudia las vías de transducción de señales en tuberculosis. Es una de las cinco mujeres destacadas de Nature, la única de Latinoamérica.

A través del premio Inspiring Science Award, Nature junto a The Estée Lauder Companies distingue a mujeres que se destacan por su liderazgo en ciencia y por su motivación para niñas y jóvenes a interesarse en ciencia, tecnología, ingeniería y matemática.

Más de 150 mujeres se postularon para este galardón, y María Natalia Lisa, investigadora del CONICET, que se desempeña en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR, CONICET-UNR), está entre las cinco finalistas. Ella estudia mecanismos moleculares en tuberculosis, enfermedad que en la actualidad es la causa de 2 millones de muertes en el mundo al año, pero se estima que en el 2050, de no hallarse nuevos medicamentos o vacunas, podría llegar a ser una de las infecciones bacterianas más letales.

Estudiar la Tuberculosis

“Hay una idea errónea de que la tuberculosis está erradicada. De hecho, se estima que un tercio de la población mundial está infectada, porque la bacteria se aloja en los pulmones y allí puede permanecer en estado latente y eventualmente despertarse cuando el sistema inmune se encuentran deprimido, en el caso de pacientes con HIV, en las poblaciones carcelarias y en contextos de pobreza. Si bien existe una vacuna, que es la BCG, muy efectiva para prevenir la enfermedad en niños, no hay una vacuna igualmente efectiva para los adultos”, señala Lisa.

El agente causal de la tuberculosis humana es el patógeno Mycobacterium tuberculosis que viene evolucionando y mutando desde hace varios siglos. La transmisión se da a través de las gotitas de saliva que emitimos cuando hablamos o tosemos.

Entender lo molecular

“Me interesa conocer los mecanismos moleculares de la materia viva y el proyecto con el que llegué a Rosario se focaliza en el estudio de infecciones bacterianas”, señala Lisa, y explica: “La materia viva está compuesta por proteínas, ácidos nucleicos, azúcares y grasas. Las proteínas están involucradas en un gran número de funciones celulares y son esenciales en el metabolismo y la reproducción celular”.

“En la era molecular lo que intentamos entender es cómo operan esas maquinitas moleculares en las distintas funciones de una célula. El modo en que una célula entiende donde está, cuál es su entorno y en función de eso se adapta para sobrevivir, se conoce como vías de transducción de señales. Llevándolo a términos más sencillos: nosotros como seres pluricelulares y complejos tenemos distintos mecanismos que nos permiten entender dónde estamos, cuál es nuestro entorno y en función de eso reaccionar para sobrevivir. Por ejemplo, toco algo caliente y saco la mano. Yo trato de entender esos mecanismos a nivel molecular, en una bacteria que es un organismo unicelular, y estoy estudiando una vía de transducción de señales que utiliza Mycobacterium tuberculosis para conocer los nutrientes que hay en el entorno en que se encuentra y en función de eso adaptar su metabolismo”.

“Este tipo de estrategias, además de apuntar a entender cómo funcionan las células y concretamente esta bacteria que vive en nosotros, en el largo plazo la idea es que los conocimientos generados a partir de la investigación contribuyan al diseño de nuevos antibióticos y vacunas para combatir la tuberculosos”, indica la investigadora.

“Me interesa cómo fluye la información a través de múltiples componentes en un sistema complejo. Me apasiona la idea de saber cómo funciona la coherencia entre las distintas interfaces en un sistema molecular, entre distintos componentes de estos sistemas complejos, a partir de los que surgen formas de vida evolucionadas con más chances de sobrevivir en el entorno. Este tipo de razonamiento se podría aplicar también a otros sistemas, como por ejemplo sistemas biológicos más grandes o sistemas sociales, incluso”, afirma Lisa.

Un contexto problemático

La bacteria vive en nosotros: según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada tres seres humanos es portador de la misma. Luego, la tasa de personas que efectivamente va a exhibir los síntomas de la tuberculosis activa es muchísimo menor. “Existen antibióticos para tratar la infección de la enfermedad, pero en escenarios de pobreza las personas no logran acceder a tratamientos adecuados”, señala Lisa.

Por otro lado, han aparecido cepas de tuberculosis que son resistentes a los antibióticos de uso habitual, con lo cual los tratamientos que estaban siendo efectivos una década atrás paulatinamente dejan de serlo. “Se estima que en el 2050, si no se encuentran nuevas drogas para tratar estas infecciones, la tuberculosis, que causa alrededor de 2 millones de fallecimientos por año en el mundo, podría volverse una de las causas más frecuentes de muerte por infecciones bacterianas, superando incluso las pérdidas por enfermedades como el cáncer”, enfatiza la investigadora.

Un reconocimiento al esfuerzo

“Estoy muy contenta de haber llegado a esta etapa del concurso, es un reconocimiento a nivel personal”, indica Lisa y agrega: “Lo que me parece importante es que otras chicas, otras investigadoras, las más jóvenes, se animen a ocupar los espacios, a cuestionar las estructuras, que digan lo que tienen para decir”.

María Natalia Lisa nació en Rosario, vivió hasta los 20 años en Cullen entre Pampa y Chubut, un barrio de zona Oeste de la ciudad. “Mis padres fueron primera generación de universitarios de la familia, clase media. Si la universidad hubiera estado arancelada yo no hubiera llegado aquí, la historia hubiese sido completamente distinta. Más allá del gusto que tengo por la carrera que estudié y la profesión a la que me dedico, realmente me cambió la vida la educación pública: entrar a la universidad y al CONICET me abrió muchísimas puertas. Todo esto es muy valioso, son espacios muy poderosos a partir de los cuales se puede mejorar la calidad de vida de las personas”, destaca la investigadora.

Lisa recientemente se incorporó IBR, instituto en donde hace ocho años finalizó sus estudios doctorales. “Ahora me desempeño como directora de la Unidad de Cristalografía de Proteínas del instituto, donde tengo un rol dual, que tiene que ver con llevar adelante una línea de investigación propia y con acercar esta posibilidad técnica, tecnológica a distintos investigadores del instituto que quieran incorporarla también para dar respuesta a sus preguntas biológicas. Hace seis meses que volví a Argentina y estoy muy contenta, es un desafío enorme para mí, tecnológico y científico a nivel del instituto y con la región”, concluye.

Por Ana Paradiso
CONICET Rosario