01/09/2017 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
“Nuestra especie se está construyendo desde hace más tiempo del que se creía”
Esteban Hasson, investigador del CONICET, explica que un estudio reciente demuestra que el Homo sapiens tendría más años de los calculados durante la década del ‘60.
Esteban Hasson. Foto: CONICET.
Primera mandíbula adulta casi completa descubierta en el sitio de Jebel Irhoud. Foto: Jean-Jacques Hublin, MPI-EVA, Leipzig.

En 1961, en un yacimiento arqueológico llamado Jebel Irhoud en el oeste de Marruecos, mineros que trabajaban en la zona desenterraron de allí, una calavera y hojas de sílex (un mineral de gran dureza utilizado en la antigüedad como herramienta cortante). Mediante el uso de técnicas de sellado de arcilla en crudo, los investigadores que trabajaron sobre el material, lograron determinar que los restos pertenecían al Homo sapiens y tenía una antigüedad de 40 mil años.

En un trabajo recientemente publicado por la prestigiosa revista Nature un grupo internacional de científicos asegura que los fósiles encontrados en la década del ’60 tienen en realidad 300 mil años y no 40 mil como se creía.

Esteban Hasson, investigador superior del CONICET en el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA, CONICET-UBA) explica las implicancias de este hallazgo que reescribe la historia de los orígenes de la humanidad y sugiere que nuestra especie evolucionó en múltiples lugares del continente africano.

 

¿Cómo llegaron a esta nueva datación?

Con las nuevas metodologías se puede tener mayor precisión y así mostraron que la datación anterior era una subestimación. Hay una técnica de análisis morfológico, que se llama morfometría geométrica, que permite establecer cambios en el tamaño y en la forma de órganos y estructuras. La técnica de análisis se aplicó en imágenes 3D obtenidas por tomografía computada que permiten de las piezas fósiles. Por otra parte, utilizaron una metodología más moderna llamada termoluminiscencia y que se usó en este caso para los fósiles de tipo arqueológicos. Esta técnica se basa en que si una pieza fue calentada produce ciertas emisiones de luz y eso permite inferir su antigüedad. Esto cambia la visión que uno podría tener acerca del origen de las características de los humanos modernos. En realidad, vuelve a mostrar algo que ya se veía en el linaje de los homínidos, en particular los homininos -una subtribu de homínidos caracterizados por la postura erguida y la locomoción bípeda-, que es lo que se conoce como evolución en mosaico.

 

¿Qué es la evolución en mosaico?

En el árbol de la humanidad, y en nuestros parientes más recientes, vemos que se combinan características que llamaríamos primitivas o ancestrales y otras derivadas o actuales. Los Homo sapiens tenían un rostro similar al humano moderno combinado con una anatomía craneal más ancestral. Esta es una característica de varias especies que forman nuestro linaje lo que sugiere que no es que el humano actual, como lo conocemos ahora, se originó por la evolución lineal en una sola área geográfica como se planteaba que era África oriental, sino que nuestra cuna no es única.

 

¿Cuál es la importancia de este hallazgo?

Nos enseña que usando nuevas metodologías de análisis y datación es posible resignificar los fósiles. Me parece importante resaltar esto: en ningún momento está dicha la última palabra, todas las aproximaciones que hacemos son hipotéticas y susceptibles de ser puestas a prueba a la luz de nuevos desarrollos tecnológicos. Nuestra especie se está construyendo desde hace más tiempo del que se creía. Se sabe desde hace mucho que la cuna es África, en particular una determinada zona en el Este. Hoy en día lo que estamos viendo es que esos early modern humans (del inglés primeros humanos modernos) son bastante más antiguos y esto lleva el límite más allá. Esto es muy importante, más allá de la mera datación del fósil, ya que demuestra que los caracteres no llegaron por un solo camino.

 

¿Cómo fue este proceso?

Otro ejemplo de resignificación de fósiles al aplicar nuevas aproximaciones de estudio lo encontramos tras secuenciar el genoma completo del hombre de Neanderthal. En este caso se descubrió que compartimos una historia bastante más común de lo que pensábamos porque la evidencia genómica muestra que hubo contacto reproductivo, lo que se traduce en huellas en nuestros genomas, que dependen de tu origen. Los humanos de origen europeo pueden tener variantes de origen Neanderthal en tanto que otros de Asia oriental pueden tener huellas de otra especie de hominino cercano. A mí me resulta muy llamativo pensar que en la construcción de nuestro acervo genético tenemos aportes de otras especies que se adquirieron por hibridación. La idea de que las especies son templos dentro de los cuales ocurren los procesos evolutivos sin aportes de otras se ha visto desafiada por nuevos estudios en muchas especies animales.

Esteban Hasson se licenció en Ciencias Biológicas en 1978 en la Universidad de Buenos Aires (UBA), institución en la que obtuvo su doctorado en la misma disciplina en 1988. En 1995 ingresó a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico del CONICET (CIC) y en 2017 alcanzó la categoría de investigador superior. Es Profesor en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (FCEyN, UBA). Publicó más de una centena de artículos en revistas especializadas, fue participante y organizador de numerosos eventos científicos y dio conferencias en temas de su especialidad, además de charlas de divulgación. Publicó el libro titulado Evolución y selección natural (2006) y editó Darwin en el Sur (2011).

Por Cecilia Leone