13/06/2017 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
La sociedad de los pingüinos protegidos
De las 139 colonias de Pingüinos de Magallanes que existen en el mundo, la de Punta Tombo, Chubut, es la más poblada.
Pingüinos caminando sobre el tapiz, que lee el microchip de cada ejemplar. Foto: gentileza investigador.

“En 1920, cuando se inició la Colonia, había aproximadamente 200 individuos. Hoy la población reproductora estimada es de 400 mil pingüinos, lo que sumado a los no reproductores alcanza picos de hasta 600 mil individuos”, explica el investigador independiente en el Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR) del CCT CONICET-CENPAT, Pablo Borboroglu.

Desde el año 1989 el científico trabaja en la conservación y el cuidado de estas aves que viven en Punta Tombo y conoce, gracias a la tecnología, cualquier movimiento que realizan a cualquier horario y en todo momento.

“En la Colonia hemos implementado un sistema de registro de datos en forma remota que nos permite detectar automáticamente cuando los animales cuando van y regresan de sus nidos hacia el mar, inclusive durante la noche. Podemos saber quiénes son, a qué hora pasaron y cuanto pesaban antes y después de alimentarse. Para eso usamos un microchip subcutáneo que funciona como un código de barras”, describe Borboroglu.

La tecnología completa su funcionamiento con un circuito integrado en forma de tapiz que lee el código identificatorio de cada pingüino. Este tapiz se coloca semienterrado y los pingüinos lo atraviesan caminando sobre él en sus desplazamientos. El sistema usa además una balanza que registra automáticamente el peso de los ejemplares antes y después de sus viajes de alimentación en el mar.

“En los ‘90 los biólogos trabajábamos de sol a sol para registrar, por ejemplo, la frecuencia con la que alimentan los padres a sus pichones. Pero este nuevo sistema registra automáticamente todos los viajes que el pingüino realiza en busca de comida para su cría, y detecta además cualquier cambio en la disponibilidad de alimento. Si llegara a haber menos comida en el océano, los viajes se harían más largos y nuestro sistema indicaría una reducción de peso del animal, que tuvo que nadar más lejos de lo habitual”, comenta el investigador.

El investigador también trabaja con otras especies de pingüinos en Oceanía y en África, aplicando tecnología avanzada para resolver preguntas sobre su biología. “Por ejemplo, estamos utilizando tecnología bluetooth para descargar datos sobre los viajes de alimentación y migración. A una distancia de 15 metros podemos obtener esa información sin capturar ni perturbar a los animales. También estamos explorando el uso de transmisores que se cargan solos con micropaneles solares, lo que permite seguirlos durante largas migraciones oceánicas de siete meses continuos sin que se agoten las baterías del equipo.”

Por ser animales que no vuelan, estas aves necesitan que el alimento esté cerca de sus colonias. Si el alimento no está disponible cerca a los pingüinos les lleva mucho más tiempo y esfuerzo obtenerlo en comparación con las aves voladoras.

“Hay un mayor o menor grado de conexión entre las diferentes colonias, no están aisladas de las demás y sus poblaciones son fluctuantes y dinámicas. Punta Tombo es importante porque es una colonia considerada fuente ya que produce y expulsa individuos hacia otras. Hemos encontrado ejemplares que marcamos en Tombo hace dos décadas y que ahora se reproducen en colonias del norte de Chubut. En 2008 encontramos la colonia el Pedral situada al norte de Tombo y solo había seis nidos. El último censo mostró una población de 1.900 parejas, donde la gran mayoría son inmigrantes nacidos en otras colonias”, asegura Borboroglu, y agrega que este aumento en la población de El Pedral se logró gracias al esfuerzo con los propietarios de la estancia donde se ubica, para ordenar los usos del área y disminuir el vandalismo y maltrato hacia los animales que ocurría.

El trabajo del investigador también permite describir la dinámica migratoria de estos animales, y se orienta fundamentalmente a conocer el estado de conservación de los Pingüinos de Magallanes.

“En Punta Tombo, durante la década del ‘80 se estimaba que la mortandad de pingüinos en Chubut a causa de derrames petroleros promediaba los 40 mil individuos por año, pero gracias a que desde 1997 se legisló para alejar de la costa las rutas de los buques petroleros y a las mejoras tecnológicas que potenciaron la seguridad y evitaron más derrames, el promedio de pingüinos que son afectados mortalmente a causa de estos accidentes se redujo rápidamente y de forma drástica. Ronda entre 50 y 100 individuos por año en las costas de Chubut”, afirma Borboroglu.

Según el Grupo mundial de Especialistas de Pingüinos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), creado y liderado por Borboroglu, de las 18 especies de pingüinos, 11 se encuentran amenazadas en su conservación. Los pingüinos de Magallanes no son una de ellas.

Para el investigador, el esfuerzo científico orientado a la preservación y al cuidado de estas aves repercute además en un beneficio que impacta en la economía de nuestro país. “Los pingüinos de Magallanes son uno de los animales líderes en las imágenes que la industria del turismo de Argentina utiliza para fomentar la actividad. Punta Tombo recibe hasta 120 mil visitantes al año y los ingresos de alrededor de 20 mil familias del Chubut dependen del turismo de naturaleza”, concluye.

Este tecnología será muy importante para medir la efectividad del Área Marina Protegida Punta Tombo, promovida por la Global Penguin Society y creada por el Gobierno del Chubut en el 2016, pero aun en vías de implementación.

Por Alejandro Cannizzaro. CCT CENPAT.