17/04/2018 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
El color de ojos: un estudio con aplicación en ciencias forenses
Científicas del CONICET La Plata avanzan en la determinación de los genes que definen ese rasgo. La información permite trazar el perfil de un sospechoso.
Foto: Cortesía Investigador
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Las aplicaciones de la genética en el campo de las ciencias forenses son bien conocidas, pero eso no quita que aún haya mucho por explorar y se sigan abriendo nuevas líneas de investigación relacionadas. Es el caso de la determinación del color de los ojos, un tema que históricamente no ha despertado mayor interés por considerarse que todo estudio que apuntara a definir el aspecto fenotípico de las personas -es decir a sus características y rasgos- resultaba estigmatizante. En la última década, sin embargo, fue cobrando cada vez más impulso, convocando a gran cantidad de expertos. En este contexto favorable, dos científicas del Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE, CONICET-UNLP-CICPBA) acaban de publicar un trabajo en la revista Genetics and Molecular Biology.

El estudio indaga en los genes que participan de la determinación de la tonalidad del iris, el área circular en cuyo centro se encuentra la pupila. “La muestra con la que trabajamos corresponde a población bonaerense nativa y con un mínimo de cinco años de residencia en la provincia”, describe Diana Hohl, becaria doctoral del CONICET y primera autora del trabajo, y agrega: “Comparamos los resultados con investigaciones similares basadas en europeos, africanos y asiáticos, y las diferencias son tantas que los protocolos de identificación de color de ojos que se utilizan internacionalmente podrían no servir para esta región del planeta. La variación de los genes que participan puede ser distinta en cada lugar”.

La investigación se basó en 118 personas de entre 18 y 50 años, dado que una edad muy avanzada podría influir en la coloración del iris, más aún si existe alguna enfermedad ocular. Del mismo modo, se excluyó a quienes utilizan medicación en gotas que pudiera provocar el oscurecimiento del ojo. A cada voluntario se le tomó una fotografía sin incidencia de luz externa e iluminados sólo con una linterna, y también se le solicitó una muestra de saliva para correlacionar lo observado en las imágenes con la información genética, y poder así determinar los genes que están implicados en la definición precisa de cada tono.

Dentro de los protocolos de identificación antes mencionados, en Europa existe un kit que analiza una serie de polimorfimos, es decir, variaciones en el ADN que se dan dentro de una misma población. El resultado permite estimar el color de ojos de una persona a partir de su información genética con una probabilidad de error muy baja. “Pero aquí encontramos distintas frecuencias de esas variantes de los genes, llamadas alelos. Es probable que sean muy comunes entre los europeos pero menos frecuentes en esta zona debido a nuestra mezcla étnica. Entonces esos marcadores podrían no servir aquí”, explica Cecilia Catanesi, investigadora adjunta del CONICET en el IMBICE y participante de la investigación.

Los genes que participan de la definición del color del iris son por lo menos veinte, aunque los más involucrados son siete u ocho. El principal aporte a las disciplinas forenses radica en que conocerlos permite predecir ese rasgo de un sospechoso que se está buscando, y no solamente cotejarlo con un detenido. “Por ejemplo, es muy común que se encuentre material biológico debajo de las uñas de una víctima que se defendió. En esos casos, conocer cuáles son los genes que dan la pigmentación de la piel, ojos y pelo permite trazar un perfil aproximado de las características del atacante. Pero particularmente el tono de los ojos es muy poco sensible al ambiente: quiere decir que está determinado casi completamente por la genética y, a excepción de la edad, que puede producir cambios, no hay muchos otros factores que le influyan”, apuntan las especialistas.

Otra aplicación que puede tener esta información es a la hora de estimar la identidad de una persona a partir de restos óseos. “Cuando se encuentran huesos y no hay ADN de posibles familiares como para comparar, la determinación genética resulta muy útil”, relata Hohl, y continúa: “Así como un antropólogo forense puede saber si se trataba de un hombre o una mujer, o la altura que tenía, por ejemplo, también es posible conocer el color de ojos que tenía, y es un dato más al momento de orientar la búsqueda”.

Al principio de la investigación, las científicas se valieron de un software desarrollado en el exterior para realizar una cuantificación del color del iris, pero tuvieron muchos problemas porque no lograba un buen reconocimiento de gran parte de las tonalidades propias de los bonaerenses, y en cambio resultaba mucho más preciso con tonos claros, que predominan en otras partes del mundo. Para los ensayos siguientes, entonces, utilizaron otro programa y, con ayuda de personal del IMBICE, están desarrollando otra metodología de medición. También mejoraron el procedimiento para tomar las fotografías, y pasaron a realizarlo con la colaboración de la becaria del CONICET María de los Ángeles Gutiérrez en el ámbito del Programa Ambiental de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional de La Plata (PAEU, UNLP), que cuenta con un laboratorio y equipamiento mucho más adaptados para la tarea.

La publicación se basó en la tesis de grado de Hohl, un trabajo que fue premiado en dos oportunidades el año pasado: durante el Tercer Congreso Internacional Científico y Tecnológico de la Provincia de Buenos Aires, y en el XIV Congreso Latinoamericano de Antropología Biológica, organizado por la Asociación de Antropología Biológica Argentina en Uruguay.

Sobre investigación:

Diana M. Hohl. Becaria doctoral. IMBICE.

Brenda Bezus. Facultad de Ciencias Exactas. UNLP.

Julia Ratowiecki. Becaria doctoral. CEMIC.

Cecilia I. Catanesi. Investigadora Adjunta. IMBICE.

Por Mercedes Benialgo