11/04/2013 | CONICET-UBA
Talleres textiles clandestinos: fabricantes de enfermedades
De acuerdo con un informe realizado por un investigador del CONICET las condiciones de vida y trabajo en estos establecimientos aumentan los riesgos de contraer tuberculosis y otras patologías.

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Tráfico de personas, trata y reducción a la servidumbre son tres de los delitos asociados con la explotación de trabajadores inmigrantes de Bolivia en los talleres textiles clandestinos (TTC) de la Ciudad de Buenos Aires y su área Metropolitana (AMBA), donde se fabrican prendas de indumentaria para diferentes marcas.

Las condiciones de precariedad, hacinamiento e insalubridad que caracterizan estos talleres ilegales afectan seriamente la salud de los trabajadores, y en muchos casos también la de sus hijos, que viven con ellos en el mismo recinto.

Una investigación realizada por Alejandro Goldberg, investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Ciencias Antropológicas de la UBA, analiza la incidencia de la tuberculosis (TB) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y áreas metropolitanas (AMBA), donde se reportan más de la mitad de los casos del país, y concluye que las situaciones de riesgo en estos establecimientos provocan el aumento de casos de TB y generan otros problemas de salud de tipo respiratorio, posturales y visuales.

“Los datos muestran que si bien la mayor parte de los casi 2mil 500 casos notificados de TB hasta 2011 en la CABA correspondían a ‘nativos’ argentinos, los que aparecían en inmigrantes bolivianos mostraron un crecimiento sostenido, fundamentalmente desde 2004 en adelante”, analiza Goldberg, que realizó la investigación a pedido de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación.

Como ejemplo, en el área del Hospital Piñero, en el barrio de Flores, en la zona suroeste de la Ciudad, se registró una incidencia de 198 casos cada 100 mil habitantes, una tasa muy superior al promedio de 37,5 casos en la CABA y la media nacional argentina, que es de 26 casos cada 100 mil, según datos del Ministerio de Salud de la Nación.

Goldberg comenta que la zona sur-oeste concentra los barrios más pobres y donde se concentran la mayoría de los TTC. “Estos datos sobre la incidencia diferencial de la TB permiten comprobar la forma en que las desigualdades sociales se traducen en desigualdades en salud”, analiza.

Tras entrevistar a trabajadores y extrabajadores de TTC, el informe explica que los TTC ilegales suelen ser lugares cerrados y oscuros, con poca ventilación, higiene defectuosa y problemas edilicios, donde los trabajadores cubren jornadas de entre 15 y 18 diarias y muchas veces viven ahí, incluso con sus hijos.

Goldberg explica que son justamente estas condiciones de vida y trabajo las que potencian los riesgos de infección en los TTC y aumentan las posibilidades de contraer la infección. “La mala alimentación, el hacinamiento, la inhalación permanente del polvillo que despiden las telas al trabajarse, las situaciones de violencia cotidiana y las condiciones precarias de subsistencia de estos trabajadores puede provocarles una baja en las defensas que los expone a la infección, el contagio y el desarrollo de la TB”, dice.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que aproximadamente la tercera parte de la población mundial tiene tuberculosis latente; es decir que están infectados por el bacilo pero aún no han enfermado ni pueden transmitirla. La patología aparece cuando las defensas bajan, como por ejemplo en casos de desnutrición o condiciones de vida insalubres.

Hugo Gramajo, investigador principal del CONICET en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), explica que la desnutrición, el estrés provocado por las malas condiciones de vida y trabajo provocan “una baja importante de las defensas del organismo, que hace que el bacilo de la tuberculosis se contagie con mayor facilidad y la persona pueda hacer en ese caso una infección aguda o, si ya tenía el microorganismo alojado en sus pulmones en estado latente, que se active y provoque la enfermedad”.

Al hacinamiento y la falta de higiene se suma el hecho de que al cortar la tela se desprende un polvillo que penetra en las vías respiratorias. La situación se agrava por la falta de ventilación de estos espacios cerrados, generalmente sótanos o galpones.

Pero, además, según el reporte los trabajadores de los TTC presentan otros problemas de salud que van desde problemas posturales, afectación de las vías respiratorias, pérdida de la visión, anemias crónicas o debilitamiento del sistema inmune – que los hace más propensos a contraer enfermedades infecciosas e incluso la muerte.

“Además de accidentes e incendios hay otras cuestiones que tienen que ver con la mala posición de las mesas de trabajo y máquinas, la manipulación de elementos cortantes o punzantes, problemas visuales por la poca iluminación y respiratorios por falta de medidas de seguridad, como barbijos”, enumera Goldberg, “mientras que las mujeres embarazadas han presentado también problemas de arritmia o partos prematuros, por ejemplo”.

 

Colectivos migrantes

Para realizar el estudio, el equipo entrevistó a trabajadores y ex trabajadores de TTC migrantes de origen boliviano que acudieron al hospital Muñiz para consultar o internarse por cuadros de tuberculosis.

Además consultaron a médicos, enfermeros, asistentes sociales, farmacéuticas y psicólogas del hospital – el principal centro de atención para enfermedades infecciosas de CABA -, asociaciones e instituciones vinculadas a la comunidad migrante boliviana en Argentina y cooperativas textiles integradas por ex trabajadores en TTC.

Según Goldberg, existe un preconcepto errado donde se asocia a los inmigrantes bolivianos con el aumento de la tasa de TB. “Se dice que los bolivianos traen la enfermedad desde su país y se corre el riesgo de que infecten a la población ‘nativa’, pero en realidad este incremento en los casos se asocia más con los modos de vida, vivienda y trabajo que sufren en nuestra sociedad”, asegura.

En el informe se presentan datos de diferentes estudios de biología molecular, donde se afirma que no existe evidencia científica de transmisión de cepas extranjeras autóctonas andinas a pacientes argentinos (“nativos”) a través de los inmigrantes que llegan enfermos o contraen la enfermedad en la CABA; pero sí sucede a la inversa. “La cepa M, dominante en el AMBA comenzó a propagarse entre muchos de los inmigrantes bolivianos que contrajeron la enfermedad en los TTC”, concluye Goldberg.

Normas de seguridad

Según un documento elaborado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) para talleres textiles, es necesario utilizar barbijos “para no aspirar la pelusa que se desprende al cortar las prendas” y otros elementos de seguridad como guantes metálicos para el cortador, calzado de goma, gafas de protección ocular y protectores de agujas y correas para seguridad de los trabajadores.

  • Por Ana Belluscio.
  • Sobre investigación:
  • Alejandro Goldberg. Investigador adjunto. UBA.