INVESTIGADORES
ENRICO Juliana
capítulos de libros
Título:
Lenguajes
Autor/es:
ENRICO, JULIANA
Libro:
Nuevo diccionario de Estudios de Género y Feminismos
Editorial:
Biblos
Referencias:
Lugar: Buenos Aires; Año: 2021; p. 362 - 368
Resumen:
La noción de "lenguaje" refiere, desde el punto de vista lingüístico, a la capacidad humana de producir símbolos que hacen posible el conocimiento del mundo y la comunicación. Por ende, el lenguaje y la vida se asocian inextricablemente. Esta capacidad es universal y abstracta, y es propia del género humano, siendo la principal cualidad ontológica distintiva del animal humano respecto de la totalidad de los animales no humanos, y de todo lo no humano en general, al configurar culturas e identidades a lo largo de la historia y de los pueblos. En el marco de la ciencia lingüística moderna, el lenguaje refiere al simbolismo verbal, sistema de doble articulación entre sonidos y sentidos que puede representar, nombrar, categorizar, describir y explicar racionalmente –dada su capacidad metalingüística– las cosas (o sea, el mundo y sus relaciones); incluyendo otros sistemas significantes, como las diversas manifestaciones materiales del campo del arte, el cuerpo, los afectos. Pero su multiplicidad heteróclita y multiforme no se reduce al logos –pensamiento y palabra- o al mundo nombrado inteligible, sino que diferentes sistemas de imágenes, simbolismos, figuración y expresión configuran sistemas semióticos complejos que constituyen discursos sociales, narrativas y significaciones configuradores de nuestra experiencia en diferentes planos de percepción y sensibilidad, conceptualización, interpretación, comunicación y conocimiento. El lenguaje instituye, ordena y categoriza el mundo, al tiempo en que lo crea significativamente y lo transforma; y el sujeto sexuado es una de las principales elaboraciones atravesadas por nuestra existencia social en tanto seres de lenguaje.Diferentes vertientes teóricas contemporáneas del análisis transdisciplinario de los discursos, y en particular la teoría feminista, abordan la complejidad del lenguaje como campo o arena de las luchas políticas, cuestionando la división patriarcal de la episteme moderna capitalista, racista y heterosexista y la estructura androcéntrica y sexista del lenguaje, al interrogar otras formas de conocimiento y vivencia del mundo (Harding, 1996), y por ende otras epistemologías y epistemes posibles. Desde mediados del siglo XX comienza a desplegarse una epistemología feminista del punto de vista (Harding, 1996; Haraway, 1995) en el marco de las ciencias sociales y humanas, mediante el cuestionamiento a la propiedad lingüística y cultural por parte de las sociedades de estructura patriarcal en la organización de las hegemonías culturales y sexuales. La mirada filosófica existencialista de El segundo sexo de Simone de Beauvoir (que se publica en Francia en 1949) marca un hito en este sentido, en la formación del campo de los estudios de género y feministas. Un supuesto importante de la perspectiva feminista es que las identidades emergen a partir de un poder de diferenciación cultural que afirma una incompletud o imposibilidad fundante en la configuración simbólica de la realidad, tanto en relación con el nombre que le damos a las cosas como con el sentido elaborado socialmente, fuertemente estructurado a partir de la división sexual/genérica. Y esta "alternativa original" cuya gramática es androcéntrica y sexista (Violi, 1991) es el punto de articulación entre las representaciones, las ideologías y la configuración subjetiva (es decir que lenguaje, poder e identidad se enlazan constitutivamente). Poner nombres y lograr su institución es un acto de hegemonía lingüístico-cultural que establece un contrato gramatical y social específico, el cual se vuelve una matriz normativa de las identidades contemporáneas al contrato en el marco del binarismo lingüístico, sesgando o abyectando lo que deben ser mediante usos y prácticas "correctas" (más allá de la radical diferencia e irreductibilidad de las identidades respecto de sus categorizaciones en el marco de una perspectiva biológica, o de la experiencia respecto de su representación simbólica o cultural). Por ejemplo: orientando cómo "debe instituirse" representativa y significativamente ser hombre en su diferencia con ser mujer, dado que se supone que la norma es opositiva y excluyente: es decir que el binarismo lingüístico no admite que se pueda ser las dos cosas a la vez (ni otra cosa), debido a cómo opera el género gramatical en base al sexo biológico. "Si la diferencia sexual está por una parte anclada en lo biológico y precede a la estructuración semiótica, por otra es elaborada social y culturalmente" (Violi, 1991). Por ende, "el paso del sexo" –en cuanto biología y dato natural– "al género" –como resultado de procesos semióticos y lingüísticos en la construcción social y subjetiva del sentido– es precisamente el eje de disputa del "infinito singular" que se inscribe en el cuerpo en todas sus dimensiones. Es necesario insistir en que de todas formas no habría "dato natural" posible, porque no hay cuerpo o sexo que no pase por el filtro del lenguaje y por el tamiz de la palabra para ser nombrado, pensado y significado (por eso poner nombres en un punto mortifica y condiciona la experiencia, pero hace posible su comunicación al volverla representable o legible socialmente).La gramática de la lengua española, en este sentido, muestra la arbitrariedad de la distinción entre el género masculino (considerado normativamente como universal) y el género femenino o el neutro. En el espacio de la crítica marxista, los feminismos profundizan en el análisis de la diferencia tanto lingüística como cultural, aportando a la crítica del código (cuya matriz o estructura es masculina, binaria, jerárquica y heteronormativa) y a la conceptualización teórica del punto de vista feminista, de la diferencia sexual y del cuerpo significante sexuado. Es decir que cuestionan el sexismo en el lenguaje dada su estructurancia subjetiva tal como se inscribe y se encarna en cada cuerpo singular y en cada historia de vida (Harding, 1996; Collaizzi, 1990; Violi, 1991). Esto no ocurre necesariamente con otras lenguas o idiomas, como por ejemplo el mapuche (mapudungun), en relación con otras cosmologías y cosmovisiones de los pueblos más allá de la mirada de Occidente; pero la marca del sexo y del género en nuestra lengua cifra la opresión, no necesariamente hacia el factor femenino o hacia el sujeto "mujer", sino hacia toda otredad o alteridad subalternizada respecto del factor masculino.