INVESTIGADORES
CONTRERAS Gustavo Nicolas
capítulos de libros
Título:
Ferroviarios. Un capítulo de sus luchas: las huelgas de fines de 1950 y principios de 1951.
Autor/es:
CONTRERAS, GUSTAVO NICOLÁS
Libro:
Ferroviarios. Sinfonía de acero y lucha
Editorial:
La nave de los locos
Referencias:
Lugar: Buenos Aires; Año: 2009; p. 170 - 192
Resumen:
El gremio ferroviario adhirió mayoritariamente al peronismo. El propio Perón declaró que los ferroviarios tenían el honor de ser los primeros que lo apoyaron. Pero un gremio con una larga tradición sindical, formado con hombres fogueados en muchas luchas y negociaciones, lejos estuvo de subordinarse a las necesidades de Perón. En este sentido las asambleas generales del gremio hasta el año 1948 exigieron la derogación de la Ley de Residencia, criticaron la deportación de obreros implicados en huelgas, repudiaron los atentados a la libertad de expresión, reafirmaron su respeto por la tradición democrática argentina y reclamaron tanto la inmediata normalización de la CGT como la convocatoria de sus órganos ejecutivos en forma regular.
Por su parte, señaleros, cambistas, peones y empleados administrativos desde fines de mayo de 1947ganaron la solidaridad de otras especialidades y desde varias seccionales impulsaron paros parciales por aumento salarial y la puesta en vigencia de un escalafón único para ferroviarios. Mientras la Comisión Directiva y la Asamblea Anual de Delegados (máximo órgano de la Unión Ferroviaria) llamaban a esperar sin medidas de fuerza las negociaciones pertinentes, un sector de los ferroviarios, que desde fines de 1946 luchaba por las reivindicaciones citadas, se organizó repentinamente en la Comisión Interferrocarrilera, la cual funcionaba al margen de la estructura oficial, aunque se reunía en los locales de las seccionales. La misma estaba formada por delegados de los distintos ferrocarriles, y participaban tanto opositores como peronistas.
La Comisión Directiva acusaba al movimiento de antiestaturio, ya que las seccionales y las asambleas de especialidades no podían desconocer las directivas de la Asamblea Anual de Delegados. No sin fundamentos, querían hacer valer el peso de la estructura de la Unión Ferroviaria, y con eso descalificar a los huelguistas. Con este respaldo señalaban que los paros sólo podían ser obra de un minúsculo grupo de opositores que pretendían perjudicar la economía del país, ya que aseguraban que los viejos y conocidos trabajadores de la Unión Ferroviaria no se complican en esa clase de procedimientos derrotistas. Quienes han vivido durante años las luchas de nuestro gremio saben valorar perfectamente los avances realizados en el terreno de las conquistas sociales (
) Explicable resulta que no suceda lo mismo con aquellos que por tener poca antigüedad en el servicio no han conocido las condiciones que imperaban con anterioridad en los ferrocarriles. Ellos llegaron cuando ya la acción de la Unión Ferroviaria había fructificado y conseguido mejoras que implicaron una total transformación en los sueldos, acortamiento de la jornada, humanización de los sistemas de trabajo, respeto a la personalidad del empleado u obrero. Muchos peronistas no desconocían esta realidad pero no querían detener la marcha y pretendían profundizar las conquistas, mientras que los opositores aprovechaban la situación para desarrollar su propio programa político. Lo cierto era que el grupo de huelguistas no era tan minúsculo.
El conflicto finalizó con un aumento salarial y la apertura de la discusión para la revisión del escalafón, aunque la Comisión Interferrocarrilera se disolvió luego de la huelga y la negociación quedó en manos de la Comisión Directiva. El gobierno aceptó el aumento de salarios pero intervino en el asunto. Estaba insatisfecho con la huelga, con la incapacidad de la Comisión Directiva para controlar a sus asociados y con cierta autonomía de acción de la Unión Ferroviaria. Perón no estaba conforme con esta perspectiva. En agosto de 1948 en comicios no del todo transparentes, Pablo Carnero López y un grupo de militantes que respondían a Eva Perón, se impusieron en la dirección del sindicato. Su victoria trajo aparejado un cambio en la orientación del gremio, fueron separados de los puestos de dirección los laboristas y los opositores al gobierno, se evitaron las posiciones críticas y el periódico del sindicato, El Obrero Ferroviario, se convirtió en un órgano de propaganda del régimen. La Comisión Directiva de la Unión Ferroviaria cambió su actitud de apoyo con autonomía, y se alineó orgánicamente a la dirección de Perón y Evita. Las mejoras obtenidas eran el soporte de esta opción política adoptada por las nuevas autoridades, aunque veremos que no todos los peronistas creían que para apoyar al gobierno debían practicarse la obsecuencia y la adulación hacía el presidente y su esposa.

