INVESTIGADORES
RE Anahi Alejandra
congresos y reuniones científicas
Título:
Leer el artefacto: poéticas de lectura en la literatura digital
Autor/es:
ANAHÍ ALEJANDRA RÉ
Lugar:
Córdoba
Reunión:
Congreso; Coloquio Internacional de lectura "Encuentros internacionales sobre la lectura literaria en sus diferentes facetas"; 2022
Institución organizadora:
Escuela de Letras FFyH-UNC, proyecto ?Proyecto Khôra: topologías de la investigación en literatura y en sus fronteras? radicado en el Área Letras- CIFFyH-UNC (Argentina) y laboratorios CRIMEL y CIRLEP, de la Universidad de Reims (Francia)
Resumen:
Leer el artefacto: poéticas de lectura en la literatura digitalAnahí Alejandra RéFAD-CONICET-UPCCEA-FCS-UNCLa condición indigente de nuestras letras, su incapacidad de atraer, han producido una superstición del estilo, una distraída lectura de atenciones parciales. Los que adolecen de esa superstición entienden por estilo no la eficacia o ineficacia de una página, sino las habilidades aparentes del escritor: sus comparaciones, su acústica, los episodios de su puntuación y de su sintaxis. Son indiferentes a la propia convicción o propia emoción: buscan tecniquerías (la palabra es de Miguel de Unamuno) que les informarán si lo escrito tiene el derecho o no de agradarles [
]. No se fijan en la eficacia del mecanismo, sino en la disposición de sus partes. [
] Se ha generalizado tanto esa inhibición que ya no van quedando lectores, en el sentido ingenuo de la palabra, sino que todos son críticos potenciales. (Borges 1996, 202)En los estudios de poéticas electrónicas, son innumerables los artículos focalizados en la descripción de los pasos y procedimientos llevados adelante por el artista/escritor para realizar tal o cual obra, mientras el mundo creado por y en la obra persiste en una deflación de interés. Esto podría concebirse como un síntoma más del tipo de relación que nuestra cultura contemporánea establece con el sentido (en todo caso: una relación que parece basarse especialmente en una progresiva desafectación del sentido), y que se ve fortalecida mediante el surgimiento de cada vez más prácticas que privilegian la explicación de fenómenos por correlación antes que por causalidad (Sadin, 2018; Pasquinelli y Joler, 2021). Asimismo, el fenómeno responde al movimiento cuasi pendular entre épocas de las disciplinas y sus intereses particulares. En este caso específico, probablemente, a la emergencia del arte conceptual y su propuesta, en términos de Deleuze y Guattari, de desmaterialización (
) por generalización acentuando el valor de sensación reproducible al infinito (1997, 200), en el marco de lo cual parece resultar deseable la reconstrucción del procedimiento antes que focalizar en el producto singular que ese procedimiento configura. Así, ante las diversas formas de arte o poesía generativa y poesía escrita por computadoras, se constata que los trabajos críticos que las abordan soslayan el componente textual en tanto galimatías computarizado (Bök, 2012). Al tratarse de textos compuestos de manera más o menos azarosa por algoritmos (en la dimensión observable), o propiamente de algoritmos (en la dimensión del software), y primar en los lectores cierta concepción que privilegia la función informativa del lenguaje en la obra de arte, la crítica que aborda diversas formas de poesía generativa suele dar por sentada su exclusión del ámbito del sentido y dirige la mirada hacia el procedimiento puesto en obra. Sin dudas, y aunque resulte paradójico, el giro materialista en el pensamiento contemporáneo algo puede explicarnos al respecto. No obstante, hay también (y tal vez, sobre todo) un prejuicio antrópico que lo expone con total claridad: ese discurso literario que excluye al ser humano, no puede sino carecer de sentido. Creemos que a partir de ello y de la negación de esa semiosis (y con ello la renuncia, una vez más, a nuestra potencia de lectura), perdemos una oportunidad única para repensar nuestras prácticas y para acercarnos a comprender/o inventar otras lógicas de funcionamiento.Asimismo, y aún en lecturas especializadas que abordan este tipo de obras, en la propia renuncia a la producción de sentido también a partir del texto podrían estar colándose, consciente o inconscientemente, resabios de cierta concepción clásica tal vez ya suficientemente discutida (esquema emisor-mensaje-receptor). Una actitud más hospitalaria con la obra implicaría, probablemente, dejarnos afectar por todas las dimensiones que ofrece, incluso por esa aparente intemperie de sentido porque, tal vez, parafraseando a un conocido filósofo que ha pensado la técnica, sea justo allí donde crezca lo que salva. Esta propuesta tiene dos propósitos: por un lado, objetivar las distintas dimensiones que intervienen en una obra de literatura digital, que exceden la descripción del procedimiento y que, desde nuestra perspectiva, podrían propiciar lecturas poiéticas y, por otro, considerar dos modos, tal vez demasiado polarizados pero quizá por ello también esclarecedores, de disponerse a la lectura. Este último objetivo, como veremos, excede el ámbito de la literatura digital y busca problematizar las prácticas que realizamos, propiciamos y enseñamos en nuestro trabajo diario.En lo que respecta al primer objetivo, no hace falta decir que el lenguaje de las obras digitales ya no es solo la palabra (materia naturalizada de la literatura) sino también los objetos técnicos y la elección de los dispositivos que intervienen: su adopción implica la adopción de un lenguaje que tradicionalmente ha sido percibido como ajeno a la literatura. Así, la complejidad intermedial de las obras interpela las dimensiones teóricas y metodológicas de las disciplinas y reclama una revisión crítica y creativa, y un rediseño modelar de las categorías de análisis, lectura e interpretación de obras. Asimismo, demanda abordajes interdisciplinarios desde posiciones transversales y teorías no estrictamente literarias. Un poco antes de los `60, Simondon señalaba que nuestras sociedades habían establecido una separación tajante entre cultura y técnica (distinción que replica la originaria distinción léxica entre ars/techné). Esta separación despoja al objeto técnico de poder simbólico, al tiempo que incluso se le niega su carácter netamente humano. En paralelo, los estudios literarios priorizaron el estudio del objeto estético (en términos de Mukarovsky, me refiero a un significado depositado en la consciencia colectiva y que expresa un determinado tipo de relación con la cosa designada) desplazando de parte de la escena significante al artefacto (es decir, al signo sensible creado por le artista/escritore). Al focalizar en el objeto estético, los estudios han priorizado sobre todo el abordaje de sus formas de representación, las tematizaciones posibles que hacen de sus referentes, sus modos de producción o reproducción de imaginarios sociales, sus instancias de recepción y circulación o su interrelación con otras obras, entre otros. Por el contrario, las reflexiones sobre el objeto técnico en tanto signo material creado por le artista/escritore, sus especificidades, las poéticas que habilita y, sobre todo, los modos en que interpelan nuestra percepción constituyen un campo de problemas mucho menos explorados, al menos en esta región. Por razones de espacio, de lo planteado enfocaremos en este último aspecto problematizando la escasa hospitalidad que se constata con el nivel de tecnicidad del artefacto y con su constitución semio-intermedial en ciertas prácticas de lectura, con la pretensión de objetivar elementos que sí pueden ser leídos, más allá de que prácticas de lectura corrientes no siempre los consideren. En relación al segundo objetivo, como anticipamos, hemos apuntado el siguiente diagnóstico: casi nadie se propone leer realmente los textos de las obras cuya dimensión verbal está constituida por textos que se producen por generación automática. La combinatoria, tal vez por su familiaridad con la literatura de formas fijas, ha llamado un poco más la atención de los lectores. No obstante, en general, los abordajes que se realizan de las obras de este tipo se enfocan en el procedimiento afirmando implícita o explícitamente el supuesto por el cual el texto que produce la máquina no sería susceptible de función estética. No obstante, desde nuestra perspectiva, distinguir si el autor de una obra es un sujeto de carne y hueso, una máquina o un cyborg, para definir el modo en que nos involucraremos con ella, es tan infecundo como antropocéntrico. Lo que sí puede identificarse con claridad es, y aquí está nuestra hipótesis de trabajo al respecto, la actitud con la que nos enfrentamos a las obras. Entonces, nos ocuparemos de presentar aspectos de lo que denominamos poéticas de lectura maquinal y poéticas de lectura maquinante, partiendo de la certeza de que la función estética no depende del artefacto sin más ni de las intenciones compositivas de su autor, sino y sobre todo de una sensibilidad que pueda y quiera detenerse en él, que disfrute en la demora, ya sea en el momento de hacer con los materiales un artefacto, ya sea en el momento de ensayar lecturas (que en cierto aspecto es o podría ser- casi lo mismo).Las obras referidas y nuestras actitudes posibles ante ellas ponen en evidencia, desde nuestra perspectiva, que las definiciones que nos dábamos sobre nosotros mismos y nuestras propias prácticas humanas eran y son deficientes: al partir de la premisa de que humanidad y técnica se co-constituyen (Stiegler, 2002), se desvanece la pertinencia de distinguir, en la producción artística, la producción humana de una supuesta producción no humana pues, como bien saben las matemáticas, las artistas generativas y las tejedoras, la condición algorítmica (que en las últimas décadas se ve exacerbadísima y es urgente pensar) está en la genealogía de nuestras técnicas y nuestros modos cotidianos (y humanos) de hacer.

