INVESTIGADORES
HEREDIA Mariana Laura
congresos y reuniones científicas
Título:
Between y Among. Los estudios sociales de la economía y las distintas formas del ?entre? en América Latina?
Autor/es:
HEREDIA MARIANA
Lugar:
Río de Janeiro
Reunión:
Jornada; Jornadas sobre la Vocación Pública de los Estudios Sociales de la Economía; 2019
Institución organizadora:
Universidad Federal de Río de Janeiro
Resumen:
Para quienes hacemos estudios sociales de la economía (ESE), hay una distinción semántica fundamental. Como notó Callon (1998), a diferencia del español o el francés, el inglés permite diferenciar la economía como disciplina (?economics?) de la economía como objeto de estudio (?economy?). Es en gran medida subrayando esta distinción que antropólogos, sociólogos, politólogos reivindicamos el derecho a desplegar herramientas propias para la comprensión de una dimensión fundamental de la vida social. Querría argumentar aquí que otra sutileza del inglés puede socorrernos para pensar la vocación pública de nuestra disciplina. Allí donde el francés y el español identifican toda posición intermedia con la palabra ?entre?, el inglés diferencia ?between? y ?among?. Hasta hace poco pensaba que la distinción era numérica: se usa la primera para ubicarse entre dos elementos y la segunda cuando los mismos se multiplican. Pero todo indica que la diferencia no radica solo allí: ?between? refiere a la ubicación ante seres concretos y precisos (como objetos o fechas), mientras ?among? se utiliza para situarse frente a elementos abstractos y englobantes (como el paisaje o las masas). Creo que muchos de los dilemas que enfrenta la vocación pública de los ESE se cifran en la preferencia que manifieste frente a estas dos preposiciones. Retomando a Rabotnikof (1997), podemos definir a la vocación pública como aquella que nos impulsa a referirnos a problemas que comprometen a las mayorías, a hacernos visibles y/o a evocar alguna definición del bien común. Sustrayéndonos del trabajo recluido y hasta solitario, discreto e imparcial que caracteriza a la actividad académica, este llamado nos invita a situarnos en los intersticios que unen o separan dos o más elementos. Uno podría pensar que tenemos una vocación pública cuando incluimos problemas sociales dentro de nuestras agendas de investigación, cuando nos esforzamos por dirigirnos a auditorios amplios, cuando buscamos proponer argumentos y soluciones para honrar los principios que profesamos. Esto nos obliga a tomar posición frente a otros (ideas, partidos, valores) que pueblan el espacio público y político. Creo que, al menos en América Latina, la balanza está claramente inclinada a favor del ?between?. Cuando hay que ubicarse y sobre todo elegir entre dos campos, las intervenciones públicas resultan más contundentes y pueden arroparse en una diversidad de aliados. Yo diría que fue la capacidad de los ESE de medirse con un adversario de peso y federar descontentos la que le dio su relevancia y vitalidad originarias. En los términos de Boltanski y Thévenot (1989), gran parte de nuestra tarea fue discutir en el plano normativo (el de la justicia de valores y promesas) y en el descriptivo (el de la justeza o verosimilitud de los supuestos y enunciados) con la ciencia económica dominante. Primero, los ESE insistieron en el carácter histórico y normativo de todo orden económico. Al hacerlo, se asociaron con las perspectivas heterodoxas o de izquierda que desconfían de las virtudes del libre mercado y juzgan necesaria la intervención pública. Segundo, los ESE reconstruyeron la génesis filosófica pero también las limitaciones empíricas de nociones fundamentales de las ciencias económicas. Tanto el modelo del homo-economicus como el mercado de competencia perfecta fueron cuestionados como simplificaciones arbitrarias de la pluralidad de acciones, escalas y lógicas de integración y coordinación de las sociedades humanas. Pudieron entonces abrazar las complejidades subjetivas del psicoanálisis y la literatura y considerar las diversas geometrías de lo colectivo y sus formas de agregación y conflicto. Finalmente, los ESE fueron capaces de dar una batalla epistemológica cuestionando el recurso a la cuantificación y los modelos econométricos por su falta de realismo. Pero la ventaja de estructurar opciones binarias y ubicarse en una posición unificada y concreta frente al otro no se limita a la confrontación con la ciencia económica y el neoliberalismo. Tomar partido ?between?, entre o a favor de posiciones binarias supone ganancias y costos sobre los cuales la experiencia de los economistas me enseñó mucho. De hecho, las vivencias de los expertos económicos de fines del siglo XX anticipó algo de lo que experimentarían más tarde otros especialistas en ciencias sociales, en el marco del giro a la izquierda latinoamericano. Quisiera entonces empezar por recuperar las cuatro lecciones que aprendí analizando a los economistas con vocación pública. Primero, su trayectoria me alertó que en un mundo académico devaluado, los especialistas se ven tempranamente tentados de ganar visibilidad y prestigio en la esfera pública y política. A diferencia de los dilatados y acotados retornos de un buen paper, resulta más excitante participar de la coyuntura y convertir el capital académico en poder. Segundo, en la discreción de las entrevistas, los economistas admitían la simplificación de ideas que les había exigido participar de la contienda política. En las formas de enunciación binarias, pocos de los matices que afirmaban en privado habían trascendido al público. Tercero, los economistas más honestos también reconocían su notable ignorancia al asumir compromisos de gobierno. Participar del bloque de poder conlleva renunciar a muchas libertades y aceptar aliados incómodos, concesiones inconfesables, internas intestinas, incertidumbres o dilemas desgarradores. Por último, al quedar la profesión entrelazada con la suerte de los proyectos que había avalado, la mayoría de los economistas optó por callar. Como muchos sociólogos más tarde, la vocación política tuvo como correlato una notable censura en el debate público. Ante la reciente fraternidad entre neoliberalismo y nueva derecha así como ante las graves amenazas que pesan sobre las ciencias sociales y humanas, todo pareciera contribuir a reforzar posiciones binarias. Por un lado, quienes se ubican en lugares imprecisos, quienes se repliegan en tareas específicas, quienes humanizan al adversario pueden ser acusados de tibios, egoístas, apáticos, insensibles? Por el otro, hasta podría afirmarse que poco importan las preferencias de los ESE, parte del costo de intervenir públicamente es perder el control sobre esa intervención. Más allá de lo que queramos afirmar y cómo queramos hacerlo, los medios que nos contactan, los movimientos sociales que nos respetan, los dirigentes que se nos acercan, suelen recoger de nosotros aquello que les interesa para usarlo como mejor les plazca. Todos los que participamos alguna vez en los medios asistimos atónitos a estas lecturas selectivas. No obstante, sobre mis hallazgos de investigación y mi propia experiencia, querría formular aquí un alegato a favor del ?among?. Primero porque me parece que la pertinencia y la pregnancia de la crítica se define históricamente. A diferencia de la generación del sesenta y setenta, ya no estamos en el marco de la guerra fría que estructuró las contiendas entre derecha e izquierda en el mundo, entre centro y periferia en América Latina. Contrariamente a la nueva sociología económica de los ochenta, no enfrentamos tampoco la crisis de los socialismos reales y la necesidad de reagrupar sensibilidades sociales frente al capitalismo unipolar. La crisis de los grandes relatos y las nuevas tecnologías han hecho estallar los compromisos que estructuraban los proyectos colectivos a la vez que liberaron las pasiones críticas. En este momento, nuestra vocación pública se sitúa ante ciudadanos escandalizados y modernas formas de advocacy que, imitando a los think tanks económicos, acentuaron la asociación del conocimiento con la militancia y de la militancia con una forma por momentos sectaria de definición de las libertades y la modernidad. Los economistas llaman a la estabilidad o el crecimiento, los movimientos sociales a la integración social, los ecologistas al respeto por la naturaleza, los militantes de género al reconocimiento a la libertad sexual y así siguiendo. Nadie se pregunta demasiado si es posible y cómo alcanzar a la vez la prosperidad económica, el progreso social y el respeto de las numerosas libertades que se reclaman. Me preocupa con Dubet (2018) que la multiplicación de las denuncias y la impotencia de los gobiernos no solo atice los conflictos sino sobre todo siga alimentando el resentimiento y la rabia. El estallido en mil pedazos de los ideales modernos se correspondió además con el debilitamiento de la legitimidad y la capacidad de las instituciones encargadas de procesar conflictos. Sin prensa, justicia, ciencia relativamente independientes es difícil pensar en la superación de la segmentación, la partidización y la virulencia que opone a las partes involucradas. Para mí, las experiencias de intervención pública más gratificantes fueron aquellas en las que me sentí capaz de compartir lo que las lecturas y las investigaciones me habían enseñado. Básicamente me habían permitido salir de la denuncia, propiciar la comprensión y la reformulación de los problemas tal y como estaban originariamente planteados. El suplemento económico de Le Monde destacó que yo no atacaba a los economistas sino que mostraba cómo personificaban una nueva forma de gobierno. El diario La Capital concluyó que mi libro permitía comprender que el ascenso de los expertos era una forma de resolver la profunda desconfianza de los argentinos en su moneda. Colegas heterodoxos me comentaron que se reconocían en los dilemas que planteaba mi libro a partir de la experiencia de sus adversarios ortodoxos. Me parece que, en un momento de tantos déficits de entendimiento, los ESE ?inmersos en tradiciones, herramientas analíticas y desafíos complejos- pueden también reivindicar la sorpresa del descubrimiento intelectual como un llamado a desplazar los interrogantes, a formular problemas transversales e intermedios, a sostener argumentos sólidos y mesurados que contribuyan a estructurar controversias, a movilizar pruebas, a facilitar la comunicación y la confianza en sociedades cada vez más fracturadas. Claramente, como plantea Latour (2008), la integración ya no puede darse sentada. Querría que los académicos pudiéramos contribuir a través de nuestra vocación pública al trabajo reflexivo y pacífico de acercamiento, asociación y estabilización que tanto está faltando. ReferenciasBoltanski, L. & L. Thévenot (1989): De la Justification, Paris, Gallimard. Callon, M. (1998): ?Introduction: The Embeddedness of Economic Markets in Economics?, en Callon, M (ed.) The laws of market, Oxford: Blackwell Publishers,Dubet, F. (2018): ?Inégatilité, injustices, resentiment?, AOC, 24/12/2018. Latour, B. (2008): Ensamblar lo social, Buenos Aires, Manantial Rabotnikif, N. (1997): El espacio público y la democracia Moderna, México, IEF.

