IDACOR   23984
INSTITUTO DE ANTROPOLOGIA DE CORDOBA
Unidad Ejecutora - UE
congresos y reuniones científicas
Título:
El 'miedo' es no poder estar solo. Afectos y etnografía en los cerros jujeños
Autor/es:
PAZZARELLI, FRANCISCO
Lugar:
Córdoba
Reunión:
Workshop; Los Afectos del Campo en Antropología; 2016
Institución organizadora:
Núcleo NaturalezaCultura (NNAC) - Instituto de Antropología de Córdoba-CONICET
Resumen:
En esta presentación voy a intentar seguir una descripción, desdoblada en dos, que se ocupa de un ?mismo? evento acontecido en Huachichocana, una pequeña comunidad aborigen en donde realizo mi trabajo de campo. Huachichocana y su gente, los huacheños, viven entre los 3000 y 4200 metros, en un territorio de quebradas muy angostas que se abren a medida que se sube en altura para terminar en extensas pampas donde el viento cala los huesos. Por esos lugares transitan diariamente para pastorear los animales, buscar agua, trabajar y regar los campos, bajar hasta la ciudad o llegar hasta la escuela. Los senderos y caminos, algunos más marcados que otros, son parte de una experiencia cotidiana y ellos también albergan desde las procesiones rituales hasta los encuentros furtivos de los amantes. Muchos de estos trazados se internan en la soledad de los cerros, donde se comparte el espacio con ?otros? a los que generalmente hay que pedir permiso o pagar algo para poder transitar sin problemas. Esos otros incluyen a la propia tierra, a los cerros, a la Pachamama, a los diablos, a Coquena, a los animales salvajes, a Gendarmería, a las vertientes e incluso a cada una de las piedras del camino, pues potencialmente todos pueden llegar a querer entrar en relación con el caminante. Estas relaciones, no obstante, no siempre son apreciadas: muchos de estos seres están siempre con hambre y con ganas de comer a las personas, un deseo interminable que se expresa a través de las variaciones del agarrar, enfermar, soplar. Caminar, entonces, es la más cotidiana de las tareas y una de las que más cuidados requiere: hay que saber leer las señas de ese paisaje vivo y pagar lo que sea necesario para modular esas relaciones otras. En el cerro se aprende muy rápido que las personas somos deseadas de formas que ni siquiera llegamos a imaginar. Todos te quieren para sí y el código de ese particular parentesco nunca evita la masticación y la digestión. En el mes de agosto, todas estas relaciones se intensifican: es momento en que la tierra reclama ser atendida mediante diferentes comidas rituales ?sacrificiales- en eventos que los huacheños denominan dar de comer. La tierra está especialmente abierta, más sedienta que lo normal y dispuesta a dar el zarpazo necesario sobre aquellos que no consigan controlar sus emociones o comportamientos. Cualquier excusa será buena para que la Pacha se coma a quien sea lo bastante estúpido para quebrar justo entonces las reglas de la buena conducta. En agosto, finalmente, es cuando mejor se expresa el aspecto no romántico de estas relaciones, cuando mejor se perfila el carácter parcialmente maligno de la ?madre tierra? y cuando mejor se diluyen las formas de cualquier discurso sobre la cosmopolítica de la Pachamama que desobedezca las enseñanzas de los cerros y evite hablar de las formas concretas en que la tierra mastica y digiere a los hijos que ella misma cría, escupiendo los huesos pelados al año siguiente. Con la certeza de que nada está por fuera de las entrañas de la tierra, entonces, la descripción que sigue es una historia de agosto. O como un amiguito huacheño me sugirió alguna vez, una ´historia de miedo´.
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