IDACOR   23984
INSTITUTO DE ANTROPOLOGIA DE CORDOBA
Unidad Ejecutora - UE
congresos y reuniones científicas
Título:
Sin un árbol que dé alegría. Experiencias del paisaje nativo y colonial en la Mendoza de los siglos XVI a XIX
Autor/es:
L. MAFFERRA; MARCONETTO M.B.
Lugar:
Mendoza
Reunión:
Congreso; VI Congreso Nacional de Arqueología Histórica; 2015
Resumen:
En base a una propuesta en la que paisaje y cuerpo son entendidos como formaciones que se desarrollan enredadas, analizaremos un caso en donde estas se despegaron para reconstruirse. Así, observaremos los cambios en las vinculaciones entre las personas y su entorno durante el desarrollo de la ciudad colonial de Mendoza, especialmente en relación a las transformaciones dadas en el paisaje forestal. Estas, fueron documentadas históricamente y las hemos también corroborado a partir del análisis de carbones arqueológicos. En general, procesos de este tipo han sido explicados o bien por lógicas adaptativas, por la imposición de modos productivos o por la domesticación de espacios prístinos. En nuestro caso, deseamos discutirlo en el contexto de las percepciones sobre el ambiente, en donde cuerpos y paisaje estuvieron en disputa en un mismo campo relacional. Con ese objetivo, veremos los resultados obtenidos a través del análisis de información documental y de carbones arqueológicos. A partir de ello, podremos observar como los paisajes nativos de Mendoza les eran revelados a los colonos españoles. En este sentido, pondremos especial atención a múltiples referencias donde estos paisajes eran percibidos como tierras ?hostiles?, ?miserables? o ?inhabitables?; y como dichas percepciones negativas se revertían cuando se referían a las formas de los paisajes ya propiamente coloniales. En vez de analizarlas como referencias sobre una realidad unívoca, descripta de modo tal vez exagerado, las veremos como expresiones de una sensibilidad donde el paisaje nativo no lograba aprehenderse.Para lo mismo, pensaremos las categorías de cuerpo y paisaje, como formaciones que se desarrollan juntas, ya que comparten la dimensión de las prácticas. Es decir, entenderemos el cuerpo como un conjunto de maneras o modos de ser que constituyen un habitus y que incorporan una perspectiva; esta modela la experiencia a partir de la cual el mundo se revela. A la vez, si bien el paisaje posee una forma que condiciona los cuerpos o las experiencias, son a la vez las personas y sus prácticas cotidianas las que lo conforman.En este sentido analizaremos como las percepciones de los cuerpos en su desarraigo, dieron paso a cambios en el paisaje durante el proceso colonial en Mendoza. Veremos como finalmente, en esta disputa donde se pusieron en juego cuerpos y paisajes se impusieron en ambos casos las formas europeas; lo que es evidente aún actualmente tanto en el discurso como en la materialidad.
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