IDIHCS   22126
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES EN HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES
Unidad Ejecutora - UE
congresos y reuniones científicas
Título:
Ciencia y valores: una mirada pragmatista-conceptualista
Autor/es:
SÁNCHEZ GARCÍA VICTORIA PAZ
Lugar:
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Reunión:
Congreso; XVI Congreso Nacional de Filosofía organizado por la Asociación Filosófica Argentina (AFRA); 2013
Institución organizadora:
Asociación Filosófica Argentina (AFRA)
Resumen:
La idea de ciencia libre de valores ha sido uno de los pilares más importantes de la concepción moderna de ciencia predominante incluso hasta nuestros días, aunque con diversos matices. Desde dicha perspectiva, se considera que la ciencia es objetiva y racional, y que describe el mundo tal como es; la verdad o falsedad de sus afirmaciones depende sólo de la evidencia empírica y de la correcta aplicación de ciertas reglas inferenciales, independientemente del sujeto que lleve a cabo la contrastación y de su perspectiva moral y política. La ciencia versa sobre los hechos; las cuestiones morales, políticas y valorativas en general, son independientes y pertenecen a otro dominio. Este otro dominio, por su parte, es concebido como subjetivo y no susceptible de argumentación racional. Ambos son independientes y autónomos, de modo que ciencia y valores no se confunden. Varios han sido los ataques y desafíos a esta idea, la mayoría orientados a disolver la dicotomía -aunque no así la distinción-, mostrando los puntos en que ambos dominios se vinculan, relacionan o, incluso, se interpenetran. De este modo, la pregunta por la posibilidad de neutralidad valorativa en ciencia ha sufrido diversas modificaciones y reformulaciones. A partir de las brutales consecuencias que tuvieron ciertos avances científicos en la primera mitad del siglo XX, la ciencia entendida como libre de valores quedó confinada al denominado contexto de justificación. Luego, entre 1950 y 1960, varios filósofos señalaron y reconocieron que la evidencia empírica y la lógica no eran suficientes para determinar la elección de teorías, sino que se ponían en juego otros elementos de corte valorativo; es así que surge la noción de valores epistémicos para representar aquellos factores considerados aceptables al interior de la ciencia y legítimos para orientar sus decisiones. Ya para 1980, ciencia libre de valores significa ciencia libre de valores no-epistémicos. Esta demarcación persistente presupone y conlleva, asimismo, la asunción de otros dualismos íntimamente relacionados, a saber: a) aquel entre elementos cognitivos y no cognitivos (o epistémicos y extraepistémicos, internos y externos); b) dentro del dominio de lo cognitivo, aquel entre juicios analíticos y juicios sintéticos; c) la distinción entre juicios de hecho y juicios de valor; y d) la separación entre lo racional y lo social. Las diversas críticas que ha recibido cada una de estas dicotomías repercutieron directa o indirectamente en la demarcación entre ciencia y valores fisurando la concepción tradicional de ciencia, forzando la incorporación de nuevas dimensiones en la reflexión de la Filosofía de la Ciencia y demandando, consecuentemente, una ampliación de su unidad de análisis. Todo ello condujo no sólo a una revisión del concepto de ciencia, sino también de nociones centrales tales como la de racionalidad, objetividad, autonomía, neutralidad, progreso, etc. Frente a esta compleja cuestión, nos hemos propuesto abordar la tensión entre ciencia y valores desde la perspectiva pragmatista de C.I. Lewis. Para ello, retomaremos sus principales tesis epistemológicas en combinación con su teoría de los valores, en orden a presentar un concepto de ciencia más amplio, enmarcado en la idea de conocimiento como práctica o acción. En efecto, desde el pragmatismo conceptualista lewisiano, el conocimiento es una actividad cuya función vital consiste en ofrecer guías para nuestros cursos de acción, en la forma de convicciones o expectativas justificables de los posibles resultados de dichas acciones. En otras palabras, el conocimiento es la anticipación correcta de las consecuencias de una acción y, en este sentido, es por definición conocimiento exitoso. Es decir, el criterio final a la hora de establecer conocimiento es pragmático, lo cual involucra necesariamente intereses y valores, sean estos epistémicos o extraepistémicos. Por su parte, la concepción lewisiana en torno a los valores es de corte naturalista y empirista. Según Lewis, no existe tal dicotomía entre hechos y valores en la medida en que el valor es un hecho empírico tan objetivo como cualquier otra cualidad de un objeto, por ejemplo, la propiedad física del peso. En este sentido, los juicios de valor son juicios empíricos susceptibles de ser verdaderos o falsos y abiertos al mismo tipo de verificación o confirmación que aquellos que atribuyen propiedades sensibles a un objeto. Asimismo, la valuación constituye, según Lewis, un tipo de conocimiento antecedente a toda consideración respecto de la ciencia. Es decir, en la medida en que el valor del conocimiento científico está dado por su funcionalidad para guiar y conducir la acción de los hombres, sin evaluaciones correctas todas las ciencias serían inútiles. Por ello, sostiene Lewis, ya sea al interior o al lado de cada una de las ciencias que lidian con los fenómenos de la vida humana, debería haber una evaluación igualmente experta e informada de los valores particulares con los que estos fenómenos son afectados. Es decir, toda ciencia debería incluir una reflexión de los valores que pone en juego. Ahora bien, según Lewis, salvo por la ciencia médica, ninguna ha querido hacerse responsable de esta cuestión, y ello se debe principalmente al predominio de una tendencia descriptivista y cientificista, por un lado, y al temor al relativismo, por el otro. Descartando ambas, Lewis afirma que, si pudiéramos convencer a nuestros científicos de la realidad objetiva de los problemas concernientes a los valores y de la completa respetabilidad científica de intentar darles solución, ?podríamos ayudar a producir un clima de opinión más conducente a una valoración realista más que cínica de las instituciones sociales, y habría más esperanza de que la ciencia continúe operando como una servidora para el mejoramiento de la vida humana, y menos posibilidades de que se convierta en un Frankenstein y destruya la civilización que la ha producido.? Partiendo, entonces, de estos pilares brevemente esbozados, argumentaremos que la propuesta filosófica de Lewis proporciona elementos teóricos que permiten dar cuenta de las problemáticas planteadas y avanzar hacia una reflexión más integral de la práctica científica que habilite una reconfiguración de las relaciones entre ciencia y valores, pero no ya como dos polos de una dicotomía, sino como dos términos de una distinción todavía significativa.

