IANIGLA   20881
INSTITUTO ARGENTINO DE NIVOLOGIA, GLACIOLOGIA Y CIENCIAS AMBIENTALES
Unidad Ejecutora - UE
congresos y reuniones científicas
Título:
Darwin y el relleno de los valles andinos de Mendoza
Autor/es:
MESCUA, J. F.
Lugar:
La Plata
Reunión:
Congreso; IV Congreso Argentino de Historia de la Geología; 2016
Institución organizadora:
Universidad de la Plata - Facultad de Ciencias Naturales y Museo
Resumen:
En 1835, aprovechando una escala en Valparaíso del Beagle, Charles Darwin cruzó los Andes hacia Mendoza, travesía durante la cual realizó un gran número de observaciones geológicas. La importancia de este viaje fue muy grande para el desarrollo de las ideas científicas de Darwin, particularmente respecto a la formación de montañas y a la duración del tiempo geológico, ésta última clave para el posterior desarrollo de la teoría de la evolución. El recorrido de Darwin comenzó con el cruce a través del cajón del Maipo, el paso Piuquenes y el Portillo Argentino. Después de unos días en la ciudad de Mendoza, el retorno fue realizado por Villavicencio, Uspallata y el paso de la Cumbre. Las observaciones e interpretaciones exitosas de Darwin en los Andes son bien conocidas: estableció las unidades estratigráficas principales, recolectó fósiles marinos mesozoicos a más de 4.000 m de altura en el paso Piuquenes, determinó la secuencia de levantamiento de oeste a este de la Cordillera Principal y Frontal a partir del estudio de sedimentos sinorogénicos, descubrió el bosque fósil triásico de coníferas de la Precordillera, y realizó la primera sección geológica de la Cordillera a estas latitudes.En este trabajo, se intenta indagar sobre el método de trabajo geológico de Darwin, a partir de algunos comentarios publicados en sus libros, que resultaron equivocados. En particular, Darwin señala en su ?Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo? (?Journal of Researches? en inglés, publicado en 1839) y en sus Observaciones Geológicas sobre Sudamérica (?Geological observations on South America?, 1846) que los valles andinos de Mendoza, como el del río Tunuyán, se encuentran rellenos por conglomerados que interpreta como de origen marino. Actualmente sabemos que estos conglomerados son de origen glacifluvial. Al momento del viaje de Darwin (1832-1826), el rol de los glaciares como agentes de transporte de sedimentos, así como la mayor extensión de los cuerpos de hielo en el pasado, no eran conocidos: el ?Étude sur les glaciers? de Louis Agassiz, primer libro en tratar estos temas en detalle, se publicó recién en 1840, y las ideas de este trabajo serían aún debatidas por años. Lamentablemente, Darwin no brinda una explicación detallada sobre cómo llegó a concluir que los conglomerados eran de origen marino. Seguramente el debate sobre el origen de los depósitos aluviales y diluviales, una de las grandes polémicas geológicas de la primera mitad del siglo XIX, tuvo alguna influencia en sus razonamientos. Entre los libros que Darwin tenía para consulta durante el viaje se encontraba ?A critical examination of the first principles of geology? de G.B. Greenough, en el que se señala, refiriéndose a cuarcitas, areniscas, grauvacas y conglomerados, que estas rocas contienen material erosionado de otras previamente destruidas, y que ?esto sólo puede explicarse por medio del agua corriente? (pág. 211). Esta idea, sumada a la incapacidad de los ríos actuales como el Tunuyán para erosionar y transportar los grandes volúmenes de bloques rocosos que forman el relleno de los valles andinos de Mendoza, puede haber favorecido la hipótesis de Darwin de que el mar y la acción de corrientes generadas por mareas fueron los responsables de estos procesos. Por otro lado, Darwin llegó a Mendoza después de recorrer los fiordos del sur de Chile, los que utiliza como una analogía para sugerir cómo se veían los valles andinos de Mendoza en el pasado, cuando estaban inundados por el mar.De este modo, la interpretación de Darwin del origen marino de los conglomerados de los valles andinos nos muestra dos aspectos de su pensamiento geológico: por un lado, su apoyo en los maestros británicos de la disciplina (Lyell, como es más conocido, pero también Sedgwick, Buckland, y Greenough, entre otros); por otro lado, el uso de la analogía con ejemplos actuales para completar la fragmentaria información que el registro geológico nos brinda del pasado.
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