INVESTIGADORES
CESARIN Sergio Marcelo
libros
Título:
India, democracia, poder y desarrollo en el tablero mundial del siglo XXI
Autor/es:
CARLOS MONETA, SERGIO CESARIN, VIRGINIA PAIPINI; MARÍA INÉS JATIB ; PABLO KORNBLUM; LIA DE LA VEGA
Editorial:
EDUNTREf
Referencias:
Lugar: Ciudad autónoma de Buenos Aires; Año: 2020 p. 420
ISSN:
978-987-8359-22-9
Resumen:
PrólogoPocos escenarios muestran mayor riqueza de matices como la actual etapa histórica, signada por el advenimiento de un nuevo sistema de orden mundial edificado sobre los cimientos y paredes aún erectas del antiguo orden legado de la Guerra Fría, pero en transición hacia un modelo de equilibrio multipolar. Entre las coloraciones y destellos que esta transición nos muestra, se encuentra la recuperación y revitalización de una de las más antiguas cultura ? civilización pervivente sobre la faz de la tierra, como es la India.Durante siglos la península hindostánica ha edificado su identidad política, religiosa y sociocultural como un punto de ?encuentro y cruce? de distintas filosofías, religiones y culturas que generaron a través de los siglos el mosaico multilingüístico, religioso y cultural que hoy constituye la esencia de este país. Esa evolución se ha dado no sin traumas y complejos procesos, caracterizados por altas dosis de violencia interna, producto de históricos conflictos religiosos y como resultado de la ocupación territorial por potencias coloniales (el último, como colonia británica). Pese a ello, ha logrado edificar una identidad internacional que la posiciona como una de las principales potencias emergentes durante el siglo XXI.La India es el séptimo país del mundo en extensión, el segundo en población y hoy atraviesa un período de su evolución histórica absolutamente distinto de aquel liminar que guiaran los ?padres fundadores? - espirituales y políticos - de la moderna nación post independiente como el Mahatma Gandhi y Jawarhalal Nehru. Sin olvidar su pasado, hoy la India democrática, basa su identidad internacional en instituciones democráticas, la tolerancia religiosa y reasume- a partir de un profundo sentido de autocrítica por parte de su clase dirigente- la necesidad de modificar de raíz los cimientos del poder nacional, edificado sobre endebles bases de atraso y pobreza; la construcción de un nuevo orden interno, tratar hoy de captar los beneficios derivados de un nuevo entorno internacional que lance definitivamente al país hacia la ansiada y postergada meta del desarrollo.A partir de comienzos de la década del noventa del siglo XX, los líderes indios asumieron una nueva estrategia, orientada a modificar la estructura económica nacional a fin de que ella respondiera a la acuciante llamada de pobres e indigentes que clamaban por un cambio sustancial en su situación existencial. A partir de entonces, al tope de la agenda pública de sucesivos gobiernos, fueron implementadas medidas sobre apertura económica, inversión en educación y desarrollo de sectores tecnológicamente intensivos. Las capacidades intelectuales, empresariales y de innovación con que contaba el país fueron puestas al servicio de la mejora en la calidad diaria de vida de sus ciudadanos, impulsando cambios cuyo fin esencial consiste en solucionar un histórico dilema nacional: la superación de la pobreza.El pragmatismo primó sobre expectativas irrealizables y planes inalcanzables que no habían mostrado durante décadas los resultados esperados. La observación de una democracia ?condicionada?, definió un ?imperativo estratégico? consistente en reducir la pobreza. Era evidente que la exclusión no ofrecería un escenario acorde para sostener la unión y cohesión social en un país heterogéneo, tensionado por rupturas y clivajes religiosos arraigados en la mente y el corazón de individuos y sociedad. Para la dirigencia política india, no habría futuro sin radicales cambios; no habría futuro sin una India Nueva; no se alcanzaría el futuro deseado sin la generación de nuevas expectativas y oportunidades para millones de jóvenes profesionales y sin sacar de la miseria a los desplazados y descastados.¿Cómo un país que fue capaz de crear filosofías, especulaciones metafísicas, centrar al individuo en el universo natural y generar un espíritu colectivo en el identitario provisto por religiones como el Budismo, el predominante Hinduismo e incluso el Islam, podía sostenerse sin incorporar a una modernidad que necesariamente, debía ser adaptada a las tradiciones y costumbres ancestrales? ¿Cómo podría el ?humanismo? inherente a sus religiones seguir ganando el favor de su pueblo sin antes responder a las acuciantes necesidades de los más desposeídos? ¿Cómo podría un país que ha generado brillantes promotores de una ?economía con rostro humano?, no derramar esos frutos y traducirlos en políticas activas sobre reconversión del sistema de producción, mejoras educativas, inversión social, potenciación del campesinado, jerarquización de la mujer y sofisticación técnica, aplicada a ganar competitividad global?Fueron estos sólo algunos de los interrogantes planteados a los dirigentes, empresarios, líderes sociales, religiosos, partidos políticos, y otros actores sociales indios para que finalmente se diera curso a reformas, como las hoy en marcha, que auguran un paso - no sin desafíos ni retrocesos - hacia una mejor situación de bienestar general en las décadas por venir.