INVESTIGADORES
CESARIN Sergio Marcelo
libros
Título:
5G La Guerra tecnológica del Siglo
Autor/es:
BALBO, GABRIEL; CESARIN SERGIO
Editorial:
Alma Luz
Referencias:
Lugar: Buenos Aires; Año: 2023 p. 590
ISSN:
978-987-8347462
Resumen:
Participé de la obra como autor del PROLOGO.PROLOGOSi las máquinas pueden hacer mejor las cosas, tenemos que cambiar la forma en que enseñamos. Las cosas clave son el valor, la creencia, el pensamiento independiente, el trabajo en equipo, el cuidado de los demás, asegurarse de que los seres humanos son diferentes de las máquinas.Jack MaLa revolución de la inteligencia artificial y la automatización no será un evento único, sino una cadena de revoluciones cada vez mayores. Así que la verdadera gran pregunta es psicológica: como seres humanos, ¿tenemos la estabilidad mental y la inteligencia emocional para reinventarnos repetidamente?Yuval HarariHabrá dos tipos de negocios en el siglo XXI: aquellos que estén en el Internet y aquellos que ya no existan.Bill Gates. .El poder de la tecnología y la tecnología como poder.Desde el comienzo mismo de la humanidad, la combinación entre instinto de supervivencia, temor, sentido colectivo, carencias, imaginación, organización, liderazgo y pensamiento práctico, han sido puestos en juego bajos diversas combinaciones con el fin de lograr mejorar la calidad y estilo de vida de millones de seres humanos. La chispa vital del homo sapiens fue el preludio de una concatenación infinita de actos creativos que llegan hasta nuestros días con el objetivo final de satisfacer necesidades básicas, aliviar situaciones de pobreza, atender la salud de miles de millones de seres humanos, proteger el entorno, y promover el progreso humano mediante el desarrollo científico y tecnológico. De esta forma, a lo largo de milenios como una rueda sinfín, creatividad, voluntad de cambio, y apetencias por suplir carencias han sido y son los motores detrás de la construcción de la gran civilización humana. Como experiencia concreta resultado de la mente humana, los descubrimientos y aplicaciones tecnológicas invisibilizan varias facetas inherentes a su significado y alcances. Como la etimología del vocablo lo indica, consiste en el arte mismo de hacer las cosas. Arte porque responde a la inventiva y creación propias de la mente del hombre (homo sapiens); el hacer (homo faber) es el resultado de la aplicabilidad de esa creación a la solución de dilemas o problemas prácticos, y su resultado, son los bienes (cosas) materiales e inmateriales a disposición de los individuos, hoy el homo technus. También como sustantivo, el término conlleva varias interpretaciones que merecen ser atendidas. En primer lugar, la tecnología remite a una voluntad o volición (individual /yo grupal) de cambio o modificación, producto de la percepción sobre un espacio de necesidades insatisfechas, el logro de mayor eficiencia o la generación de nuevas demandas individuales o colectivas así como proveer novedosos bienes y servicios que ayuden a paliar, mejorar, optimizar y solucionar problemas humano-materiales. Una delgada línea de acción que recorre desde su génesis (acto creativo y espontáneo, efecto Eureka) y guiado por la razón práctica, culmina en la resolución de problemas simples o complejos, o enigmas científicos. Por lo tanto, la invención y la innovación tecnológica son resultado directo de la observación, evaluación, estimación de factibilidad y capacidad personal o colectiva de introducir mejoras en objetos o procesos. Asimismo, la importancia de los avances tecnológicos reside en su aplicabilidad e impactos. En sí mismos los grandes descubrimientos tecnológicos han generado rupturas de orden material, humano e incluso geopolítico. Al observar la evolución científico-tecnológica los descubrimientos nunca han sido cultural, política, social o económicamente neutros y todos, en mayor o menor medida, han provocado mutaciones de orden político, cultural, económico y social: es decir, provocan pequeños o grandes big bangs visibles en macro o micro procesos de reingeniería social. Como entrelazados por un finísimo hilo rojo, los impactos provocados por diferentes avances tecnológicos atraviesan múltiples planos de interacción y sus alcances geográficos no reconocen fronteras. Como variable aplicada a lecturas sobre el poder y desarrollo de las naciones, el factor tecnológico ha sido y es clave para interpretar el auge y caída de las potencias (Paul Kennedy), imperios y naciones a priori exitosas. El surgimiento y debacle de diversos imperios a lo largo de siglos, reflejan muy bien la relevancia otorgada al factor tecnológico en la construcción y sostenimiento del poder político, económico y militar a través de la historia. Ciclos de triunfos, derrotas, dominio, subordinación, colonialismo, e imperialismo no pueden ser entendidos sin contemplar la centralidad que los descubrimientos científicos y tecnológicos han tenido y tienen en el tablero mundial de relaciones de poder.La rueda con rayos, los carros hititas de dos caballos guiados por aurigas, el estribo, la brújula, el sextante, la ballesta, la metalurgia aplicada a la elaboración de armas, las técnicas de regadío para alimentar aldeas y poblados y sostener extensas campañas militares (Sun Tzu), la innovación en técnicas de combate, la geometría y el cálculo aplicados al diseño y construcción de templos y plazas pero también de fortificaciones y recintos amurallados, las velas móviles, la locomoción a vapor, el rayo LASER, los desarrollos computacionales, la aeronavegación, la era nuclear, la exploración espacial, y las telecomunicaciones, constituyen evidencias sobre cómo la geopolítica mundial evolucionó y evoluciona sobre capacidades tecnológicas aplicadas, tanto al ámbito civil como a la defensa y conquista militar. Sin estas razones, es imposible entender la revolución del Japón Meiji en el siglo XIX o el afán reformista de China en el siglo XX, la debacle de la ex URSS, la industrialización asiática, la modernidad europea y racional pulso conquistador colonial, o la actual competencia China-estados Unidos. Si la historia nos indica tales evidencias, el andar del siglo XXI las confirma. La revolución tecnológica puede ser considerada en la actual etapa, una sumatoria de varias revoluciones simultáneas y convergentes. Los avances tecnológicos modelan el presente al mismo tiempo que definen un futuro posible. En su doble faz jaquean gobiernos al mismo tiempo que alivian el sufrimiento de miles de pobres y marginados, por ejemplo, mediante la producción masiva de medicamentos genéricos. Los gobiernos ya no pueden inducir nuevas revoluciones desde arriba y han culminado los ciclos revolucionarios resultantes de la voluntad de un solo hombre. Por el contrario, los gobiernos -sean democráticos o autoritarios- se han vuelto conservadores en tanto las nuevas tecnologías pueden - y de hecho lo hacen- minar las fuentes de una pretendida legitimidad de origen, histórica, o producto del voto popular. La arena política se ha instalado en las redes sociales; el espacio virtual interconecta afinidades y preferencias ciudadanas en gran medida discordantes con pretensiones elitistas de las dirigencias dominantes. Por ende, el control de dicho cyber espacio, en el que las telecomunicaciones son centrales, es crítico para evitar alteraciones en la gobernanza interna y puesta en entredicho del monopolio del poder.Pero así como la personificación de grandes revoluciones políticas del siglo XX permite reconocer a grandes líderes (Mao, Lenin, Gandhi, Fidel Castro); algo similar ocurre en este siglo con la/s revolución/es tecnológica/s. Los nuevos líderes mundiales son Elon Musk, Bill Gates (quien nos predice el futuro, o en realidad lo está diseñando?), Marck Zukerberg, Jeff Bezos o Jack Ma, entre otros. Los liderazgos del pasado siglo fueron resultado de innovaciones doctrinarias que, de forma cruenta, llevaron adelante sus propuestas de cambio radical; sin embargo, en la actual etapa tecno evolutiva, de manera más sutil pero tal vez más efectiva, los techmen inducen comportamientos, crean valores, modifican percepciones y movilizan a las masas. Lo cierto es que los actuales -y futuros- desarrollos tecnológicos muestran una doble faceta mezcla de incertidumbre y esperanza. Provocan renovadas expectativas en salud humana, protección del medio ambiente, calidad de vida, alimentación, entornos urbanos, uso racional de materias primas, etc.; pero, tras bambalinas, descansa una sentida pesadumbre provocada por los temores inherentes a que las nuevas tecnologías incrementen niveles de conflicto intra e interestatales, asimetrías de poder, brechas de conocimiento, restricciones a la libertad individual, provoquen disociación colectiva, o la multiplicación de frentes de amenaza militar. Pero no hay alternativa: El signo de los tiempos indica que, aun cuando intentemos escapar, durante el siglo XXI viviremos bajo los imperativos de la denominada internet-based era, entendida como el continuo surgir de nuevas tecnologías aplicadas a una mayor conectividad humano material que transforme nuestra/s cultura/s, la política y la economía. Una era de oportunidades pero también de riesgos. En una cruenta dinámica evolutiva darwiniana, quienes no se adapten quedarán rezagados y serán considerados ciudadanos de segunda. Un tiempo en que, pese al pretendido bienestar general reinante, la satisfacción tecnológica como plantea Aldous Huxley (Un mundo feliz), sea consecuencia directa de una distopía cuyos reflejos más cruentos se vean reflejados en la desaparición de la familia, la diversidad cultural, el arte, la literatura, la religión, la filosofía o el amor. Aún no lo sabemos. Pero lo que sí sabemos por experiencia e imposición fáctica es que la revolución en las telecomunicaciones es el vector principal en que se procesan estas mutaciones sistémicas. Una era de constantes disrupciones y quiebres producto de acelerados avances tecnológicos en computación cuántica, inteligencia artificial (IA), y telecomunicaciones, las que han revolucionaron nuestra forma de comunicarnos (también de dialogar?), crear, combinar procesos, trabajar, generar productos culturales, diseminar arte y logros científicos, socializar ideas y diluir la lejanía geográfica a través de pantallas gracias a la videolización de las interacciones humanas. Los impactos de la actual -y futura- era de Internet se han extendido a los medios de comunicación dotando de instantaneidad sucesos que, en pasadas décadas, tardábamos en conocer; pero también provocan saturación informativa. La era de Internet ha dado forma concreta, como lo afirma Castells, a una sociedad red caracterizada por la secuenciación de la vida individual y colectiva. En su otra faceta, esto ha servido para crear una nueva conciencia individual, social, política, cívica e incluso humanista, a instancias del rechazo que genera el imperativo digital o la dictadura digital en sus variadas formas de control ciudadano o licuación de la individualidad. Lo real es que las redes sociales, asumen y/o crean nuevos valores que el grupo internaliza generando una sensación de libertad que el mundo real acota y repliega, particularmente en sus manifestaciones externas bajo el formato de movilizaciones sociales. Sin dudas, en ocasiones, gobiernos y tecnología (antes lo era la religión) no suelen llevarse bien particularmente en regímenes autoritarios, por ende, refuerzan controles sobre contenidos en la web y promueven la censura; el gran hermano (1984, George Orwell) dosifica la información, monopoliza contenidos y define destinatarios porque reglar las redes sociales es asumido como central para la gobernanza y peligrosos sus desbordes. No obstante, sucesos de reciente historia muestran cómo las redes sociales sirven para movilizar para-movimientos políticos contestatarios de regímenes opresivos o demandas a las democracias de prestaciones de las que carecen los menos favorecidos. El despliegue tecnológico es tan profundo y comprensivo que genera revoluciones simultáneas. Una es la del consumo. Sería un error desligar innovación y desarrollo tecnológico de la lógica intrínseca del capitalismo 4.0. En el fondo, todo responde a intereses nacionales, corporativos, multi y/o transnacionales propios del rampante capitalismo que rige los destinos planetarios desde hace siglos y traspasa fronteras ideológicas: Las redes, plataformas y la formación de conciencia como consumidores de bienes servicios o ciudadanos- son el campo de batalla para gobiernos y corporaciones que rigen- aun cuando creamos en la libertad infinita- nuestros movimientos, modelan mentes, definen gustos, e inducen consumir nuevos productos en un apetencia sin fin. Las telecomunicaciones otra vez son la respuesta a la exponencial fuerza expansiva del capitalismo de libre mercado. En el marco de la competencia global interestatal, la tecnología abre brechas de confianza a través de sus aplicaciones orientadas hacia logros en el campo bélico. Resultado directo son las operaciones de espionaje y rodo de propiedad intelectual, industrial los hackeos y la extrusión de información crítica en el mercado mundial de las telecomunicaciones. Prácticas que, desde milenios, facilitaron las conquistas político militares sosteniendo la supremacía de naciones poderosas sobre otras más débiles. La tradicional infantería ha pasado a ser la retaguardia de una vanguardia conformada por hackers que operan minando capacidades del adversario y aprovechando debilidades en softwares y programas. Las tecnologías anulan tradicionales líneas divisorias entre debilidades y fortalezas militares, políticas y económicas dando lugar a guerras silenciosas que la superestructura de poder mundial no muestra, pero dirimen el futuro de toda la humanidad. Las reglas y conceptos tradicionales tiemblan ante las nuevas tecnologías y exigen nuevas conceptualizaciones. Qué significa en la era de Internet industria?, la revolución del trabajo, la alfabetización, los ciclos escolares, la educación en general, las habilidades laborales se han modificado radicalmente. La revolución tecnológica en el campo de las telecomunicaciones e IA se verifica palmariamente en la reorganización de cadenas globales y regionales de valor, la reingeniería logística mundial, la velocidad de las operaciones financieras y transacciones internacionales, y el exponencial crecimiento del comercio electrónico, entre otros factores. Asistimos, también, a la revolución de las monedas virtuales (bitcoin, criptomonedas) lo cual quita sensibilidad táctil al dinero constante y sonante; obligado paso de la cultura del touch a la cultura de lo sensorial.El siglo XXI será un tiempo de exponencial expansión de aplicaciones en IA y redes 5G. Será, como lo expresa Arthur Clarke (3001: odisea final, 1997) que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia? Lo que sí podemos suponer es que el despliegue de realidad virtual (un escape a los sinsabores cotidianos?), la aceleración comunicacional mediante redes 5G serán cruciales durante las décadas siguientes. Veremos ampliar opciones aplicadas a telemedicina, banca, finanzas, consumo, educación y producción científica, juegos en línea, movilidad humana (vehículos autónomos y autos eléctricos), geolocalización, medioambiente, conquista espacial (Space X, microsatélites), computación quántica, nanotecnologías, nuevos materiales, micro cirugía, producción artificial de órganos humanos, biogenética (edición de genes), e-commerce, robotización, impresión 3-d, humanoides (Azimo) que reemplacen labores humanas, diagnosis, técnicas hologramáticas. Todo reforzado por la profundización de tendencias asociadas a la no presencialidad en cines teatros y su reemplazo por e-readers, streaming, netflix, y demás plataformas. Es probable, además, que mediante Inteligencia artificial (IA), hacia mediados de siglo, las computadoras superen la inteligencia humana (Kurzweill. Ray, The age of intelligent machines, 1990); el gran desafío será controlarlas para que no produzca una nueva HAL 9000 (Arthur Clark, 2001 Odisea en el espacio, 1967). El mundo será regido por la gigabites economy, big data, y la Internet de las cosas (IOT), pero también por la eterna tensión entre libertad y seguridad producto del avance tecnológico. Vigilancia urbana, identificación biométrica, drones, software encriptados, implantes retinales, y redes de big data persiguen según sus defensores- cuidar la seguridad y garantizar la estabilidad interna y paz social. Habrá tenido razón Mark Zukerberg cuando expresó que la era de la privacidad terminó? Será posible también a través de IA seleccionar nacimientos y controlar el crecimiento poblacional?. El peligro de la dictadura digital (Yuval Harari) en sus formas de vigilancia masiva requerirá delicados equilibrios que permitan, ante crisis del mundo real, tener un espacio de libertad (virtual) alternativo al cual recurrir. En tal sentido, las nuevas tecnologías nos permiten pasar más rápido del mundo real al virtual, repliegues flexibles y adaptación más rápida e eficiente para sostener el trabajo y la vida diaria. Los robots y androides permitirán sostener la vida en tanto son inmunes a las enfermedades (Harari). En síntesis, como lo expone Jeff Bezos (Amazon) las reglas del juego global han cambiado:
en el mundo antiguo, dedicabas un 30% de tu tiempo en crear un gran servicio y un 70% en difundirlo. En el nuevo tiempo, eso se invierte
. Y en el sendero de la tercera década del siglo XXI, presente y futuro hoy conviven y obligan a reflexionar sobre el radical cambio social, cultural, político y económico impuesto por las nuevas tecnología. Un rediseño global y una nueva correlación de fuerzas que muestra hoy a las naciones más poderosas posicionadas de manera ventajosa en esta dinámica competitiva; por el contrario, regiones como América latina y el Caribe (ALC) lejos parecen estar de reconocer la necesidad de generar mayores capacidades tecnológicas para no sucumbir ante nuevas formas de dominación externa e inserción periférica en la I-economía mundial del siglo XXI. Por el momento, no parecen nuestros líderes ser muy conscientes que nos dirigimos hacia un destino de periferización aún más profunda que nos suma en una distopía. Los logros y aplicaciones hoy en marcha y los porvenir nos harán más adictos a la gratificación proveniente de insumos, equipos y herramientas comunicacionales; optaremos por una sujeción tecnología para mejorar la vida o una vida regida por la tecnología?. Será posible lograr un mundo más fraterno, interconectado en sensibilidad o se impondrán los nacionalismos tecnológicos y una razón tecnológica aplicada a la guerra? Vamos hacia un mundo de mayor equidad y reducción de brechas de desarrollo?. Todos estos interrogantes no tienen aún respuesta definitiva pero es imperativo plantearlos desde el ámbito académico. De ahí la importancia de la indagación del docente, el valor de la investigación universitaria y la sistematización del conocimiento. Es imprescindible contar con aportes sobre las nuevas tecnologías y sus impactos sociales, políticos, económicos, y culturales. Cómo las interacciones humanas son modificadas por logros tecnológicos y, fundamentalmente, es importante describir el presente pero más aún lo es explorar el futuro para legar a las jóvenes generaciones ideas y sugerencias que les permitan desarrollarse en mejores condiciones que sus predecesores. Este libro sobre el impacto de las nuevas tecnologías en telecomunicaciones e IA de Gabriel Balbo apunta a responder estos interrogantes.Sergio Cesarin, Investigador del CONICET

