Nota - 26/6/2017
16/06/2017 - INFORME ESPECIAL

Una casa aislada con materiales reciclados: el último desarrollo de una arquitecta especialista en ahorro energético

Como investigadora del CONICET, Graciela Viegas trabaja en diversos proyectos cuyo fin es la utilización de energía solar.

Viviendas de madera, frías en invierno y calurosas en verano e inflamables: los agricultores familiares del Gran La Plata –del Parque Pereyra Iraola, de Abasto, Romero, Arturo Seguí- suelen trabajar en una o dos hectáreas de tierra arrendada, sembrando para consumo personal y vendiendo el excedente, y allí mismo, construyen sus viviendas, con bajos recursos y en condiciones muy precarias. ¿Cómo mejorar sus condiciones habitacionales sin recaer en gastos imposibles? La pregunta de la arquitecta e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (CONICET) Graciela Viegas trajo una respuesta casi obvia: reciclando materiales para aplicarlos en la aislación térmica de los hogares. Viegas probó, primero, con cartón corrugado y luego con film de polietileno roto o sobrante de los invernaderos de las verduras, material que la mayoría de las veces terminaba arrumbado en un rincón del terreno. El resultado: placas de material reutilizado que podrían servir para mantener el calor en las viviendas sin necesidad de invertir en tecnologías imposibles de solventar.

“Mientras en otros países el ahorro energético es política de Estado desde la década del 70, cuando sucedió la crisis del petróleo, en Argentina la aislación térmica de los hogares –dice la investigadora- es un tema olvidado: en general es algo muy caro y que se considera un adicional en la construcción”. Las técnicas de aislación térmica más conocidas en las viviendas son los paneles de telgopor, de lana de vidrio, poliuretano y lana de roca. Viegas trabaja en aislaciones térmicas alternativas y en cómo suplir la calefacción de manera natural. Y la solución con la que cuenta está a la vuelta de la esquina, o más bien, sobre todos nosotros: en el astro que ilumina y nos da calor. El sol.

La investigadora nunca lo había pensado como un campo laboral posible, pero conoció la línea de las energías renovables aplicadas a la arquitectura cuando era estudiante: en su tercer año de cursada, el profesor Elías Rosenfeld, de una materia de la facultad, la invitó a formar parte de un grupo de investigación en la temática. A partir de entonces, su trabajo siempre avanzó en la línea del hábitat, la energía y el medioambiente -especializándose en el aprovechamiento de energía solar- pero en capas: partiendo de la investigación básica hasta llegar al campo aplicado. De lo teórico a lo práctico. Del laboratorio a las necesidades de la comunidad, en diferentes proyectos que desarrolla en simultáneo (y se detallan a continuación).

Para ello, cursó un Doctorado en Ciencias Exactas en la Universidad Nacional de Salta (UNSa), justamente porque allí contemplan ea las energías renovables como un área temática específica dentro de hábitat. Hoy, el grupo de trabajo al que pertenece Viegas –que no solo se nutre de arquitectos sino también de ingenieros, sociólogos, antropólogos y licenciados en informática- está nucleado en el Instituto de Investigaciones y Políticas del Ambiente Construido (IIPAC), que depende de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

“El material para aislación en las viviendas de los agricultores familiares de La Plata ya está probado, no así el sistema constructivo: el primer prototipo de vivienda con estas placas está en vías de desarrollo. Se haría en una vivienda de emergencia. Y otra alternativa posible –asegura Viegas- podría ser también usar el telgopor de las cajas de electrodomésticos, que en general es un deshecho con el que no se sabe qué hacer”. El objetivo final: mejorar el material de techos, ventanas, paredes, lo que se conoce como el envolvente de casas y edificios, para ahorrar energía y optimizar toda la que llega del sol y no aprovechamos.

 

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