Nota - 26/9/2017
17/05/2017 - CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

“Hay muchas formas de ser varón, muchas de ser mujer y muchas formas de ser de otras identidades”

La investigadora Vanesa Vázquez Laba habla sobre sexualidades y géneros disidentes y la violencia que se ejerce sobre ellos.

El 17 de mayo fue declarado Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia para crear conciencia sobre las discriminaciones y casos de violencia que sufren los grupos de las disidencias sexuales. Se eligió el 17 de mayo porque ese día, en 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades.

La socióloga Vanesa Vázquez Laba, investigadora adjunta del CONICET en el Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la Universidad Nacional de San Martín, explica que el movimiento LGTBIQ+ (lésbico, gay, bisexual, trans, intersexual y queer, con el signo + que abarca otras identidades) es la lucha política por el reconocimiento del género autopercibido, es decir, ‘ser lo que uno siente y desea ser’.

“Ya no podemos pensar el género en términos binarios, es decir, varón y mujer. Tanto el movimiento de la liberación sexual de gays y lesbianas de los años ’70 como el movimiento y pensamiento queer de los ‘90 hicieron estallar esas categorías, que históricamente eran concebidas como naturales”, enfatiza.

La homo, lesbo y transfobia son la discriminación contra las personas con una orientación sexual disidente o una identidad de género no hegemónica. Es la violencia contra esos cuerpos y sexualidades que no responden a ese modelo de ‘mujer’ o “varón” heterosexual y que procrean.

“La modernidad construyó un discurso binario del género – hombre/mujer -donde el sexo aparece como natural. El pensamiento feminista tardó unas cuantas décadas en discutir con los postulados de la biología y su lineamiento sexo, género y sexualidad. Encarar una identidad queer significa desafiar el discurso biológico y correrse de lo que la sociedad espera de ese cuerpo, de esa anatomía”, agrega.

 

¿A qué se refiere con ‘esa definición del discurso biológico’?

Durante mucho tiempo las sexualidades disidentes fueron consideradas por la sociedad como ‘asquerosas’ y ‘monstruosas’ y por la medicina como patológicas. Apenas nace una criatura, el médico divide sexualmente, varón o mujer a partir de la observación de los genitales . Pero esos cuerpos que recién nacen en muchos casos tienen diferentes tamaños de genitales, a veces combinados, otras ambos sexos en un cuerpo, y entonces la medicina lo resolvió denominados ’hermafroditas’. El hermafroditismo era considerado una patología y, como según su definición no ‘eran de ningún sexo’ ahí intervenía la medicina para redefinirlos. Pero luego apareció un movimiento de personas intersexuales reivindicando sus cuerpos y confrontando con la idea de reasignación hacia un sexo.

 

Esta intersexualidad habla no sólo de las características anatómicas, sino que incluye también la experiencia del propio cuerpo atravesado por los factores sociales. ¿Hay desde la biología una corriente que intente incluir estas sexualidades disidentes?

Desde el equipo de investigación sobre Sexualidades, cuerpos y violencias del IDAES venimos siguiendo a algunas biólogas feministas que están investigando esto temas, como por ejemplo la norteamericana Anne Fausto-Sterling. Ella sostiene que la intersexualidad es diversa, que hay diferentes configuraciones anatómicas a partir de la combinación de los genitales, y que por tanto no se puede hablar de un tipo de cuerpo intersexual. Fausto-Sterling también revela a partir de estadísticas que la mayoría de los intersexuales criados como mujeres quisieron masculinizar sus cuerpos feminizados y, en mucho menor medida, los intersexuales varones buscaron cambiar hacia el otro sexo. Pero tampoco las identidades de género son homogéneas, como lo sostiene una investigación en curso de Mariana Álvarez Broz. Ella muestra que hay diferencias materiales y simbólicas al interior de las transmasculinidades y transfeminidades. En síntesis, hay muchas formas de ser varón y muchas de ser mujer, y hay muchas formas de ser de otras identidades.

 

¿Cómo se puede trabajar para incluir todo este corpus de conocimiento en torno a los géneros y las sexualidades para la integración?

Las políticas tienen que ser de discriminación positiva, en el sentido que tienen que focalizarse en grupos sociales vulnerables. Por ejemplo, en la Universidad Nacional de San Martín estamos trabajando para aumentar nuestra población de estudiantes trans. El estudio es una herramienta básica para incorporar a las personas trans al mercado laboral y mejorar su calidad de vida pero también porque muchos tienen como deseo y meta personal ser profesionales. Pero hay obstáculos que dificultan su incorporación y su permanencia. Por un lado, las cuestiones administrativas y edilicias y, por otro lado, la convivencia en las aulas y la aceptación de la diversidad sexual por parte de los pares y los docentes. Esta transformación cultural sólo se puede dar a través de políticas institucionales y acciones concretas como, por ejemplo, la consejería que atiende e interviene en situaciones de discriminación y violencia de género a través de un protocolo de actuación y las capacitaciones que damos sobre la temática a estudiantes, docentes y personal no docente de la Universidad. Igualmente este camino recién comienza, falta mucho por hacer.

Foto: CONICET Fotografía | Verónica Tello.

Por Ana Belluscio.