11/04/2018 | DIVULGACION CIENTIFICA
Los orígenes del poblamiento de Tucumán recopilados en una colección
Gabriela Tío Vallejo, investigadora del CONICET, es la coordinadora de una muestra de libros que refleja la historia de los 19 territorios que constituyen la provincia del NOA.

“Sitios indígenas y estancias coloniales en los valles calchaquíes; pueblos azucareros que duermen acerrojados; ciudades al pie de las montañas y en campos sojeros; poblaciones que nacen de la veneración de una imagen religiosa, del ferrocarril, de la ganadería y del cruce de caminos… cañeros, empanaderas, cosecheros de la frutilla, del limón, el arándano, la papa y el tabaco; arrieros y carreteros; pastores de ovejas y llamas; tamberos e inmigrantes”. Todas estas son representaciones que cobran vida en las páginas de una obra sin precedentes, que implicó el trabajo articulado de un diverso número de actores y que da como resultado la Colección Historia de los Municipios de Tucumán, siglos XIX y XX, compuesta por diecinueve ejemplares.

Hacia 1914, Juan B. Terán, historiador y fundador de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), “renegaba” de las historias integrales de nuestra nación porque consideraba que eran construidas a partir de un relato desde Buenos Aires, dejando de lado la historia de las provincias. Las comparaba a un “guiso sin liebre”, hecho de puras especias excitantes y simuladoras.

Un siglo después, esta idea es enarbolada por un equipo de investigadores que se propusieron desglosar, reconstruir y poner en conocimiento, a partir de esta mirada, la historia y las peripecias de las comunidades que dieron origen a los territorios que conforman la geografía tucumana; siempre a partir de sus experiencias, sensaciones y modos de ver el mundo. Gabriela Tío Vallejo, doctora en Historia e investigadora del CONICET, es una de las protagonistas y coordinara de la colección.

“Nos comprometimos a tomar el camino más difícil y desafiante”, dice. ¿A qué se refiere Tío Vallejo cuando alude a esto? La respuesta está implícita en el modo en el que el equipo de trabajo encaró el proyecto, el cual se sostuvo desde sus inicios, al menos, sobre dos ideas fundamentales: no imponer temas y problemas que provengan de marcos preconcebidos o de una agenda predeterminada, y construir un relato desde lo local, a partir de la interpretación y la experiencia de los actores sociales de cada región.

En este escenario, la investigadora, junto a becarios del Consejo e historiadores y profesionales, en su gran mayoría pertenecientes al Instituto de Investigaciones Históricas Dr. Ramón Leoni Pinto (INIHLEP, UNT) recolectaron, in situ, la información.

Tío Vallejo opina que partieron de un concepto historizado de territorio, lo que significó traspasar los límites político-administrativos y les permitió captar el acontecer de las comunidades que forjaron su territorio a través de su interpretación y experiencia. Componentes demográficos, fuerzas económicas de cada espacio, hasta el devenir político y sus relaciones con la región, forman parte estos relatos. No obstante: “Esos grandes ejes ´no echan sombra´ sobre los valores, vínculos, solidaridades y conflictos cotidianos de los actores sociales, expuestos en la obra”, subraya la investigadora y agrega que, en todo momento, se buscó respetar la memoria colectiva de las comunidades, reflejando sus preocupaciones a través del tiempo.

Ferviente estudiosa de la historia local desde el asentamiento de los pueblos originarios, la historiadora entiende que ningún territorio o jurisdicción debe tomarse únicamente como dato cuantitativo, sino que requiere siempre ser explicado. “La vida de las personas en los pueblos y ciudades más pequeñas tienen otros ritmos; si bien transitan su propia historia, no dejan de sacudirlos los acontecimientos generales que movilizaron al país y la provincia”, aclara. Por otro lado, revela que lo que empapa de originalidad a esta colección respecto de otras producciones locales fue lo de haber logrado enhebrar los procesos históricos universales, nacionales y provinciales de los que se ha ocupado la historiografía, con los sucesos que acontecieron en cada pueblo y ciudad, describiendo cómo fueron experimentados.

Vale aclarar que hubo acontecimientos que marcaron fuertemente la vida de la provincia, en diferentes niveles: el cierre de los ingenios en Tucumán, por ejemplo, tuvo mayor trascendencia en los municipios azucareros, pero fue igualmente desestructurador en todos los recovecos provinciales, al igual que el de la dictadura cívico-militar.

Para reconstruir estas historias, los protagonistas recopilaron los estudios disponibles sobre cada aspecto de la vida de los municipios, recorriendo los archivos, las escuelas, las iglesias, los clubes, las bibliotecas, las plazas, los cementerios, entrevistando a personas de las más diversas actividades. En este sentido,  Vallejo reconoce que la tarea de encontrar fuentes en cada uno de los municipios fue ardua, ya que la documentación histórica se conserva mejor en los centros, y no así en las periferias, debido a que la presencia institucional resguarda con mayor cuidado los archivos y lo organizan de forma más sistemática.

El apoyo económico del estado, a través del Consejo Federal de Inversión (CFI) y del gobierno provincial, más la colaboración de las instituciones que se dedican a la investigación y la producción de conocimiento, fueron indispensables para la concreción de una obra de tal envergadura.

Veintiséis autores, cuatro pasantes estudiantiles, seis colaboradores que abordaron temas específicos en algunos libros, dos lectores que revisaron parte de los borradores y evaluadores externos que hicieron un control de calidad, forman parte de esta colección que emprendió camino a fines de 2015 y que desde entonces se pasea por cada rincón de la provincia.