02/10/2017 | PREMIOS NOBEL 2017
Otorgan Nobel en Fisiología o Medicina a investigaciones sobre el ritmo circadiano
Fue entregado a científicos que aportaron conocimientos pioneros sobre los mecanismos moleculares que lo controlan. Una investigadora del CONICET explica la importancia de estos descubrimientos.
Michael Rosbash, recientemente reconocido con el Nobel, expone en el XXXII Congreso Anual de la SAN que se realizó en Mar del Plata en septiembre pasado. Foto: gentileza Damián Refojo.
Michael Rosbash junto a Fernanda Ceriani (der.) y tres integrantes de su laboratorio, Lia Frenkel, Anastasia Herrero y Sofía Polcowñuk. Foto: Instituto Leloir.

Los investigadores estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young fueron distinguidos con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2017 por sus descubrimientos sobre los mecanismos moleculares que controlan el reloj biológico.

Hace más de 30 años Rosbash y Hall empezaron a estudiar el ritmo circadiano de mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) en la Universidad de Brandeis, en Boston, EE. UU. Por su parte, los aportes de Young desde la Universidad Rockefeller en el mismo país, ayudaron a descubrir algunos grupos de genes y proteínas que regulan el ritmo biológico de ese insecto. La cronobiología molecular como disciplina empezó con el estudio en este modelo y es por esos descubrimientos que hoy se otorga el Premio Nobel a los tres científicos que trabajan en esta temática hace tres décadas.

“Los ritmos circadianos son mecanismos biológicos comunes a todos los organismos vivos, desde las bacterias hasta los seres humanos. Dependen de un reloj biológico interno que se sincroniza a partir de información que toma del ambiente. Por ejemplo, el reloj biológico regula los ciclos de sueño y vigilia en relación a los de luz y oscuridad producidos por la rotación de la Tierra”, explica María Fernanda Ceriani, investigadora principal del CONICET en Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBA, CONICET – Fundación Instituto Leloir), quien trabaja hace más de dos décadas en cronobiología molecular.

De acuerdo a la investigadora, la existencia de estos ritmos biológicos se pone de manifiesto en el hecho de que todas las funciones básicas de nuestro organismo como aprender, comer o dormir, entre otras, tienen un momento óptimo del día para que sucedan. Y definir ese ‘cuándo’ depende de la sincronización del reloj interno con información del ambiente.

“De todos los ritmos que controla este reloj circadiano el más obvio son los ciclos de sueño y vigilia, pero también hay otros procesos regulados circadianamente, como la liberación de hormonas, la temperatura corporal basal, la presión arterial entre muchos otros. De la misma manera, hay momentos del día que son mejores para el aprendizaje”, comenta Ceriani.

“En humanos sabemos que la gente que trabaja con turnos rotativos o a contraturno, como los pilotos de avión y las azafatas, las enfermeras o los mineros, es decir, aquellos que ponen en jaque a diario su reloj tienen más tendencia a tener enfermedades. Esto pone en relevancia por qué vale la pena entender los mecanismos que opera este reloj”, afirma la investigadora.

Ceriani, quien conoce personalmente a los tres premiados y ha discutido con ellos sus experimentos, celebra que hayan sido reconocidos: “Es absolutamente merecido, todos ellos han contribuido de maneras muy diferentes al conocimiento de los ritmos circadianos y fueron pioneros en el campo de la cronobiología molecular”.

Michael Rosbash (Universidad Brandeis, Boston), recientemente laureado con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, dio la conferencia de apertura de la XXXII Congreso Anual de la Sociedad Argentina de Investigación en Neurociencias el miércoles 25 de Septiembre pasado en la ciudad de Mar del Plata.

Además, compartió con Sebastian Kadener (Universidad Hebrea de Jerusalem), Esteban Mazzoni (Universidad de New York) y Damian Refojo, investigador independiente del CONICET en el Instituto de Investigación en Biomedicina de Buenos Aires (IBioBA, CONICET – Instituto Partner de la Sociedad Max Planck) el simposio “Descentralizing the central dogma, new perspectives in RNA function in neurobiology”.

Antes de partir hacia Estados Unidos, Rosbash visitó el IBioBA donde Nara Muraro, investigadora adjunta del Consejo y Florencia Fernández-Chiappe tuvieron la oportunidad de discutir con él sus investigaciones y establecer nuevas colaboraciones con su equipo de trabajo.

Por Miguel Faigón.