22/07/2015 | Ciencias Biológicas y de la Salud
La disputa está en el aire
¿Cómo evitar el conflicto entre aves, aviones, drones, antenas y bacterias? Una publicación reciente propone la creación de reservas aéreas, entre otras estrategias de conservación.
Instalación de turbinas eólicas. Foto: gentileza investigador.

El uso humano del espacio aéreo compite con la necesidad natural de muchos seres vivos que requieren del aire para moverse, alimentarse, o reproducirse, como en el caso de las aves, ciertas bacterias o las plantas, entre otros.

La biósfera se ve amenazada por la invasión cada vez más frecuente de construcciones, artefactos de vuelo -desde aviones hasta los drones- e instalaciones para obtención de energía eólica, como algunos ejemplos. Mientras menor es la altura que utilizan, más abundante es el ecosistema que se perturba.

Sergio Lambertucci es investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCo) y junto a colegas de la Universidad de Swansea, del Reino Unido, publicó un artículo en la revista Science, en el cual se pone en relieve la necesidad de considerar de manera más eficaz el impacto que genera el uso invasivo del espacio aéreo y propone la creación de reservas aéreas, entre otras medidas de protección del ecosistema.

“Hay que empezar a mirar el aire como un hábitat al que hay que proteger, tal como ocurre con las áreas protegidas terrestres y acuáticas, sin perder de vista sus características tridimensionales”, propone el investigador, y advierte que “a mediano plazo el transporte humano va a necesitar mucho más del aire, y ya su uso tiende a incrementarse rápidamente y a generar un conflicto cada vez peor”.

“Este trabajo está focalizado en los aspectos ecológicos del uso del aire y en su conservación. En él se revisa lo que se sabe del conflicto que se genera en el uso del aire entre seres humanos y la vida silvestre y propone distintas estrategias para solucionarlo”, confía Lambertucci.

La propuesta incluye la creación de reservas aéreas permanentes y transitorias, pero también la consideración de qué estrategias se pueden tomar para revertir los daños ya causados. Lo ideal es que se haga una evaluación ambiental antes de iniciar cualquier obra o instalación de artefactos que utilicen el aire. “Se deben aplicar medidas de mitigación del conflicto para los artefactos ya instalados”, advierte.

Como ejemplo de evaluación previa puede citarse el de las instalaciones de parques eólicos los que generalmente se emplazan donde aseguren la mayor obtención de energía pero que, muchas veces, coinciden con sitios muy utilizados por ciertas especies. “Conociendo cómo se mueven estas especies podría reducirse el conflicto sólo cambiando levemente la localización del sitio de instalación de las turbinas y podría reducirse en un porcentaje muy alto la mortandad de animales”, explica.

En el caso de edificios o instalaciones como los paneles insonorizantes que se colocan a los lados de las autopistas, por ejemplo, se observa una alta mortalidad de aves que chocan contra estos. Existen varias formas de reducir este impacto, y a modo de ejemplo, explica Lambertucci, “se utiliza en algunos casos luz ultravioleta para que la aves detecten los vidrios, o se colocan siluetas de aves rapaces para que las mismas eviten esos sitios”.

Sergio Lambertucci.- Foto: gentileza investigador.

“Hay muchas medidas de mitigación que se pueden implementar en construcciones existentes, pero lo importante es que desde el plan de edificación deberían estar contemplados los mejores mecanismos para reducir los conflictos”, concluye.

 

Drones, invasores en aumento

En el contexto del uso cada vez más extendido de estos vehículos aéreos no tripulados (en inglés UAVs, Unmanned Aerial Vehicles) o drones, la discusión es acerca de la legislación en materia de privacidad o seguridad aérea, pero no se cuenta con datos precisos sobre qué efecto causan o qué daños podrían ocasionar a los ecosistemas. “No se ha pensado si entran o no en conflicto con la fauna y teniendo en cuenta que generalmente se los hace volar a poca altura, donde más aves vuelan, debería prestarse más atención”, advierte Lambertucci.

“La tendencia es que se inviertan miles y miles de millones de dólares en el desarrollo de drones -para control, vigilancia, filmaciones-, pero no se ha puesto en la balanza qué impacto pueden generar en la vida silvestre. Sabemos, por ejemplo, que en zonas donde hay aves rapaces éstas suelen atacarlos, sobre todo cuando están reproduciéndose, pero los efectos fisiológicos que se producen en el animal no están bien estudiados”, concluye.

 

Para acceder a la publicación original, click aquí.

  • Por María Bocconi
  • Sobre investigación:
  • Sergio A. Lambertucci. Laboratorio Ecotono, INIBIOMA (CONICET- UNCo).
  • Emily L. C. Shepard, Swansea Lab for Animal Movement, Biosciences, Swansea University, Reino Unido.
  • Rory P. Wilson, Swansea Lab for Animal Movement, Biosciences, Swansea University, Reino Unido.