17/10/2017 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
El mapa de los seres vivos
Un mapa diseñado por un investigador del CONICET contribuye a predecir la posibilidad de aparición de especies animales, vegetales y de hongos en la región cordillerana.
Fotos. Gentileza: Pablo Bavaro
Fotos. Gentileza: Pablo Bavaro
Fotos. Gentileza: Pablo Bavaro
Fotos. Gentileza: Pablo Bavaro
Fotos. Gentileza: Pablo Bavaro
Fotos. Gentileza: Pablo Bavaro

¿Cómo puede detectarse en qué otra región podría encontrarse una especie determinada? Cargando variables como por ejemplo, la temperatura o el promedio de precipitaciones, un mapa virtual creado por el becario posdoctoral del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSB), Gonzalo Romano, indica la probabilidad de que una especie localizada en un ambiente determinado, aparezca en otro de características similares.

“Yo quería referenciar geográficamente la distribución de los hongos Agaricales, también conocidos comúnmente como hongos de sombrero, que crecen en los bosques de Lenga (Nothofagus pumilio), de la Provincia de Chubut pero esa información no estaba disponible en un programa de computación que permita comparar o predecir su distribución, sino en un archivo de imagen. Es por eso que decidí construir un mapa procesable que contara con toda la información biogeográfica en la zona de la Cordillera desde Tierra del Fuego hasta el Norte de Colombia”, explica Romano.

Para el científico, referenciar en el mapa virtual a determinadas especies, permite que personas de todas partes del mundo puedan acceder a información que en algunos casos no estaba disponible.

“Los hongos que yo estudio, no habían sido estudiados ni en la provincia de Chubut ni en Santa Cruz. Establecer el registro de presencia en estas provincias, nos da información por ejemplo de su relación con el ambiente y la interacción con otras especies”, indica.

A través de programas de modelado de distribución de especies como MaxEnt, el mapa permite detectar la probabilidad de aparición en determinados lugares, de especies invasoras que pueden afectar el desarrollo de otras.

“Por ejemplo, existen especies de hongos que son degradadoras que pueden afectar de manera nociva a los bosques. Este mapa de distribución es una herramienta muy importante porque  permite anticiparse y tomar o proponer medidas de prevención en determinadas regiones”, describe el científico.

 

Divertido como un hongo

Gonzalo Romano es micólogo, es decir, especialista en el estudio de los hongos desde hace nueve años y además de desarrollar el mapa que contribuye a detectar la posibilidad de presencia de especies en otros ambientes, administra un sitio web de divulgación llamado “Hongos de Argentina” para informar, dar a conocer y educar sobre algunos conceptos que suelen tenerse sobre estos organismos y sin embargo son errados. “Es común escuchar que se trata a los hongos como si fueran plantas y no es así. No son ni vegetales, ni animales, ni minerales. Tienen su propio Reino. De hecho, la estrategia de reproducción de los hongos es al revés que la que utilizan las plantas. Estas, si no están cómodas en el ambiente en el que se encuentra nunca va a dar flores. El hongo si está cómodo en un sustrato, se queda inmerso en él y solo se hace visible cuando busca escaparse”, cuenta.

El científico explica que la principal función de estos organismos en todos los ecosistemas en los que habitan, es la de reciclar.

“Son en general los principales descomponedores de materia orgánica. Son casi los únicos seres capaces de degradar la celulosa y la lignina, principales componentes del leño. ¿Qué pasa si elimináramos a los hongos? Los árboles y ramas que se caen, quedarían acumuladas sin ser degradadas”, explica.

Romano se encuentra también trabajando actualmente en la utilización de residuos urbanos para cultivar hongos comestibles.

“Son los mejores recicladores de materia orgánica ¿Cómo puede ser que no podamos utilizarlos para hacer lo que mejor hacen que es reciclar? Muchos de los hongos que crecen sobre maderas, como las gírgolas (Pleurotus ostreatus), son comestibles. Así en lugar de desechar los restos de poda, los utilizo junto a un equipo de trabajo para cultivar hongos. Lo que se busca es que los residuos de madera que genera la ciudad, sirvan para alimentar a la ciudad”, concluye.

 

El sitio web, también administrado por el Director del Instituto Misionero de Biodiversidad, Emanuel Grassi y el Investigador Asistente del CONICET, Francisco Kuhar, puede ser visitado en www.hongosdeargentina.org.