06-02-06
| La Nación | Espectáculos
A
boca de jarro
"Hay
gran desconocimiento sobre cómo es una hinchada"
Pablo
Alabarces
"A
mí me corre un frío por la espalda cuando escucho que
el hincha de un club le dice al de otro equipo: Vos no existís.
Es la intolerancia, la negación del otro, pero eso es parte de
la cultura del aguante, su retórica, su manera de decir", sostiene
el doctor Pablo Alabarces, sociólogo, investigador del Conicet
, autor –junto con un equipo interdisciplinario– del libro Hinchadas,
un estudio sobre las muchedumbres de seguidores del fútbol. Alabarces
es doctor en Filosofía de la Universidad de Brighton, Inglaterra
y, además, hincha de Vélez Sarsfield. Le gusta presentarse
como un intelectual que conoce el tema del fútbol desde adentro,
porque comenzó a ir a la cancha cuando era muy chico.
"La otra pata es la estética. Antes, un hincha andaba con la
camiseta de su club los lunes, ahora la usa todos los días de
la semana. La tercera pata es la ética: la hinchada tiene una
moral, que no es una ideología porque no pretende una visión
del mundo. Se trata de mandatos sobre lo que está bien y lo que
está mal en la vida diaria. En determinadas circunstancias, la
violencia está totalmente justificada, algo difícil de
aceptar cuando uno pretende construir una sociedad democrática."
–¿Qué es la cultura del aguante?
–¿Qué es lo permanente, lo que no cambia pese a todos
los contratiempos en un club de fútbol? No son sus jugadores,
porque –como vemos a diario–, por la dinámica del negocio del
fútbol, un jugador puede cambiar de institución muchas
veces, incluso en períodos tan cortos como 24 horas. Tampoco
los colores, son pocos los clubes que conservan los colores con que
nacieron. Si seguimos, caeremos en cuenta de que lo único que
sobrevive, lo permanente, es el hincha y su fidelidad, su espíritu
irreductible, su aguante. Reflexionemos ante un hecho evidente: un hombre
puede cambiar de nacionalidad, de estado civil, de religión,
de sexo, pero no puede cambiar de club. La sociedad no se lo permite.
Y, aparte de los resultados de lo que ocurre dentro de la cancha, las
hinchadas juegan otra competencia: cuál es la que tiene más
aguante. En general, hay gran desconocimiento sobre cómo es una
hinchada.
–¿Cómo es?
–A veces escucho, e incluso leo en artículos periodísticos,
que se habla de grupos de inadaptados, como si no formaran parte de
la hinchada. En realidad, no es así, los inadaptados son el grupo
de choque de la hinchada. Unas 100 o 200 personas que actúan
con la aquiescencia de todo el resto; de lo contrario no existirían.
¿Pero qué pasa con las barras bravas?, preguntarán
algunos. Las barras bravas son las que utilizan a la hinchada para hacer
negocios. Venden violencia, trafican. Y esa violencia les permite conseguir
ventajas de los dirigentes. También hacen trueques con la policía,
ya que la existencia de estos grupos hace que lo clubes deban contratar
personal policial extra.
–¿Qué pasa con los operativos policiales?
–Tengo dos hijos. El mayor es hincha de River y el menor de Vélez,
como su padre. Desde muy chicos me acompañaron a la cancha y
siempre nos asombramos de la eficacia de los operativos policiales.
Un día nos revisaron de arriba abajo, minuciosamente, y nos confiscaron
dos encendedores descartables, de esos que se pueden comprar en cualquier
quiosco. Pero otro día podríamos haber entrado con un
misil con ojiva nuclear y no pasaba nada. Nunca entenderé cual
es el sentido real de todo ese despliegue. ¿Realmente quieren
que no se introduzcan objetos peligrosos? La relación de las
hinchadas con la policía también forma parte de la cultura
del aguante: en los enfrentamientos, los hinchas no tratan de destruir
o de derrotar a la autoridad, sino de demostrar su capacidad para aguantar
el jaqueo policial en situaciones difíciles.
–¿Hay mujeres en las hinchadas?
–Sí, pero siempre desempeñan roles muy secundarios. La
hinchada es un oficio de machos, de hombres fuertes que no temen el
dolor. Incluso ciertos juegos que realizan entre ellos, como golpearse,
darse cachetazos o puñetazos son para probar su fuerza, pero
también su resistencia. Más que juegos, son una forma
de entrenamiento para mantenerse en estado. La cultura del aguante no
es para seres débiles. Una vez me contaron de un hincha que rodó
malamente por una escalera del estadio empujado por una avalancha. Tenía
la cara ensangrentada y apenas podía pararse en una pierna, sin
embargo, reía y saludaba como si no sintiera el dolor, como un
actor vivado por su público.
–¿Ve a la hinchada como un reflejo de la sociedad
argentina?
–No de toda la sociedad. Pero creo que es una muestra que permite mirar
nuestros defectos. La hinchada es machista, intolerante, violenta, y
nada de eso es muy alentador para construir una república solidaria
con paz y justicia. A veces escucho decir: ¿A quién le
conviene la violencia? Y la respuesta sería: A nadie. Pero me
quedo pensando, y entonces algo dentro de mí murmura si no sería
mejor, por lo que vemos a diario, preguntar: ¿A quién
no le conviene la violencia?