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24.05.04 – Diario El Mundo - CIENCIA

SALUD / Una sola res transgénica puede producir hasta 4.000 litros de leche hormonada al año / Los científicos tratan de reducir así el coste de los fármacos para esta enfermedad

Científicos argentinos clonan vacas que generan hormonas contra el enanismo

RAMY WURGAFT. Corresponsal

BUENOS AIRES.- En apariencia, las terneras en la granja experimental de la empresa Biosidus, al sur de Buenos Aires, son idénticas a las que vemos pastar en cualquier rincón de la campiña argentina. Sólo si indagamos en su genealogía descubriremos que poseen la particularidad de pertenecer a una dinastía de bovinos capaces de producir la hormona humana del crecimiento.

La gestación de estas vacas representa uno de los mayores éxitos de Argentina en el campo de la biotecnología, que en un mediano plazo aportará un significativo avance en la lucha contra el enanismo hipofisario, denominado así por tener su origen en una deficiencia de la hipófisis, la glándula que segrega la hormona responsable del desarrollo de los huesos de las extremidades.

A principios de 2000, un equipo multidisciplinario de 40 investigadores, que cuentan con la asesoría del Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), pusieron en marcha un proyecto para fabricar la citada hormona utilizando como biorreactores a vacas de la raza Jersey, reconocidas por su producción lechera y su docilidad.

Dos años más tarde, el bioquímico Eduardo Criscuolo, director ejecutivo de Biosidus, anunciaba el nacimiento de la primera vaca clonada en Latinoamérica, bautizada con el nombre de Pampa.«Nuestro propósito era crear una matriz con las características que buscábamos. La ternera no había cumplido un mes cuando repetimos el proceso de clonación, pero esta vez insertando en el núcleo de una célula de Pampa el gen humano que estimula a la hipófisis para producir somatropina (nombre científico de la hormona)», dice el doctor Criscuolo.

Leche 'enriquecida'

Mediante un sofisticado proceso de codificación, a este gen (obtenido de un pool de sangre humana) se le «impartió la orden» de producir la hormona en las glándulas mamarias y secretarla en la leche.Este procedimiento dio como fruto a Pampa Mansa, un animal clonado a la vez que transgénico. Es decir, la réplica exacta de su madre, pero con un gen añadido de otra especie.

El resultado fue espectacular. Los científicos comprobaron que un litro de leche del clon contenía siete gramos de somatropina. Con esa proporción, la producción anual de una sola vaca del linaje Pampa -unos 4.000 litros- alcanzaría para abastecer a ¡todo el mercado latinoamericano!

Tres años después de su creación el establo farmacéutico de Biosidus cuenta con 18 bovinos clonados y transgénicos. Sumando dos ejemplares más al rebaño, la demanda mundial de la hormona, que expresada en dinero se cifra en los 2.000 millones de dólares, quedaría garantizada.

Hasta hoy, el tratamiento del enanismo se realizaba con hormonas fabricadas en bacterias transgénicas, que requieren medios de cultivo de elevado coste y muy bajo nivel de rendimiento. Las cifras son rotundas: harían falta 500.000 litros de fermentación para conseguir la misma cantidad de hormonas que una sola de las copias de Pampa es capaz de producir. «Este era nuestro objetivo: reducir el precio del fármaco mediante la producción masiva a través de un biorreactor como la vaca que, en un país como Argentina, posee varias ventajas comparativas», explica Criscuolo.

Para empezar, los clones se alimentan básicamente de alfalfa y avena fresca, dos productos que abundan en la Pampa argentina y de un alimento similar al que consumen los gatos o los perros.Y en segundo lugar, la leche de vaca es en sí estéril, lo cual simplifica el proceso de depuración, que en el caso de las bacterias o las levaduras es muy complejo. Tercero, la provincia de Buenos Aires goza de un clima benigno, por lo tanto no hace falta crear un entorno artificial, como ocurre en los establos de los países escandinavos, por ejemplo.

Y por último, Argentina es un país donde ha sido sencillo encontrar un equipo especializado como el que maneja este proyecto. «La inversión inicial para crear un stock de vacas clonadas ronda los cinco millones de dólares, pero una vez en marcha, la rentabilidad del sistema superará a los métodos tradicionales de producción de somatropina.

El doctor Marcelo Criscuolo calcula que en poco más de un año Biosidus habrá obtenido el permiso de las autoridades para distribuir la hormona en las farmacias o ponerla a disposición de los servicios de sanidad.

El enanismo hipofisario es un mal de mediana incidencia. Según los estudios de la Fundación Crecer (Argentina), una de cada 3.500 personas lo padecen. Pero el tratamiento, que consiste en inyectar una dosis diaria de hormona durante cuatro años -antes de que los huesos del paciente alcancen su pleno desarrollo al término de la adolescencia- puede costar miles de dólares. «Si todo marcha como está previsto, pronto existirá un medicamento que esté al alcance de todos los bolsillos», concluye Criscuolo.

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La biotecnología, al margen de la crisis

Biosidus se estableció hace 20 años como sección biotecnológica de la empresa farmacéutica Sidus, que opera en Argentina desde 1938 bajo la propiedad de los Argüelles, una familia de origen español.

La firma factura anualmente 25 millones de dólares y el 70% de sus proyectos está destinado a la exportación.

La mitad de los 100 empleados que trabajan en el área tecnológica son profesionales altamente cualificados y el 80% de éstos posee un título de PHD, lo que les convierte en especialistas en plantas de 'inteligencia intensiva'.

Biosidus tiene patentadas hasta ahora ocho moléculas protéicas, como la eritropoyetina, que en casos de insuficiencia renal estimula a la médula ósea para producir glóbulos rojos; el interferó, hasta ahora el medicamento más utilizado para la curación de afecciones virales como la hepatitis B y C; o el filgrastim, que es el que se administra a enfermos de cáncer para mantener estable el número de glóbulos blancos después de someterles a tratamientos de quimioterapia.

Ninguna de estas moléculas, que se exportan a 40 países, entre ellos China e India, pueden producirse mediante la farmoquímica.