12-08-04|
La Nación | Ciencia y Salud
Decisión
histórica: aprobación entre científicos y oposición
del Vaticano
Se
autorizó por primera vez la clonación humana
En
Gran Bretaña se otorgó una licencia para aplicar la técnica
con fines terapéuticos
A
partir de un comunicado emitido ayer por la Autoridad de Fertilización
Humana y Embriología, Gran Bretaña acaba de transformarse
en el primer país que autoriza oficialmente un proyecto de clonación
humana con fines terapéuticos. Es decir, no para "crear"
un bebe, sino para obtener un tipo de células llamadas "totipotenciales"
y que, se cree, por su capacidad de transformarse en cualquier tejido
del organismo podrían ayudar a curar múltiples enfermedades.
El
Vaticano criticó inmediatamente la decisión británica:
"La clonación humana es una ofensa contra la vida",
afirmó la Santa Sede.
La
historia, en realidad, comenzó hace tres años, cuando
el Parlamento inglés dio su visto bueno para poner en práctica
esta técnica. Ayer, sin embargo, lo que era teórico comenzó
a ser realidad al otorgársele la primera licencia a un grupo
de investigación del Centre for Life, de Newcastle, liderado
por la doctora Alison Murdoch, que intentará utilizar esas células
camaleónicas para revertir el daño pancreático
que se registra en pacientes diabéticos.
La
especialista británica advirtió, sin embargo, que harán
falta por lo menos cinco años de trabajo en el laboratorio antes
de que se pueda avanzar hacia las pruebas clínicas. Entrevistada
por medios internacionales, afirmó que había decidido
encarar esta investigación porque "puede ofrecer valiosa
información sobre el desarrollo de muchas enfermedades".
Las
totipotenciales o stem son un tipo de células indiferenciadas
que abundan en las primeras etapas del embrión y se definen por
su capacidad de transformarse en cualquier tejido del organismo. Si
el embrión se obtiene por clonación, puede determinarse
de antemano que todo el "kit" genético que contiene
su núcleo pertenezca al mismo paciente en el que se aplicarían
(ver infografía), evitando así la posibilidad de rechazo.
En este caso, la recolección de las células deberá
realizarse antes del décimocuarto día.
Pero
si bien los científicos -y muchos pacientes y sus familiares-
vienen manifestando insistentemente que es necesario que se apoyen estas
investigaciones, no todos están de acuerdo. En Gran Bretaña,
el Partido en Pro de la Vida hizo saber que estudia la posibilidad de
plantear una demanda legal contra la Autoridad de Reproducción
Humana y Embriología.
Para
el argentino José Cibelli, vicepresidente de investigaciones
en Advanced Cell Technology Inc. y pionero en esta área de investigación,
la decisión de las autoridades inglesas es trascendente "porque
es la primera vez que hay una revisión entre pares (peer review).
Se analizó seriamente la propuesta, y se decidió seguir
adelante".
Cibelli
fue uno de los expertos que asesoraron al organismo regulatorio británico.
"Los ayudé en el proceso de selección -explica-.
Me preguntaron, por ejemplo, ¿esto tiene sentido?, ¿hay
alguna otra forma de hacerlo?, ¿se puede utilizar otra técnica?
Y no, hay preguntas científicas que no se pueden contestar a
menos que se utilice la clonación."
Sobre
la posibilidad de que en los Estados Unidos se adopte una decisión
equivalente, afirmó: "Todavía estamos en tierra de
nadie. La situación es triste, porque hay una cantidad de recursos
humanos que podrían utilizarse, pero se pierden".
Cuándo
comienza la vida
Como
es lógico, en estos temas la controversia es inevitable. Según
el padre Alberto Bochatey, director del Máster en Bioética
de la Universidad Católica Argentina, la decisión británica
está fundada en el célebre informe Warnock, de 1984, que
intentó determinar cuándo comienza la vida humana. "Llegaba
a la conclusión de que es en el día 14 -afirma-. Luego,
eso se discutió. Para la Iglesia, es en la concepción;
para otros, en la anidación, entre el quinto y el séptimo
día. Ahora, ellos se amparan en ese informe: si hasta el día
14 no hay vida humana, todo lo anterior son simplemente células.
No hay problemas éticos. Pero la observación sigue siendo
la misma: si se trata de una vida humana, no podemos clonarla tampoco
con fines terapéuticos porque se la destruye. Por otro lado,
no es necesario, porque se puede trabajar con células madre del
cordón umbilical. Es menos costoso y, según algunos autores,
tendría mayor éxito. Esto es un tema de negocios, de patentes,
y a la discusión bioética no se le da mucha importancia.
Señores: es bárbaro todo lo que podamos hacer con las
células germinales, pero tengamos cuidado con los embriones."
Cibelli,
por su parte, disiente. "Las células embrionarias tienen
una capacidad de diferenciación que no tiene parangón
-sostiene-. Las de cordón umbilical demostraron que pueden producir
ciertos tejidos, pero no todos."
El
doctor Santiago Brugo Olmedo, director médico del Centro de Ginecología
y Reproducción (Cegyr), aclara que la discusión que se
plantea en torno de la clonación es similar a la que surge en
el tema trasplantes.
"Se
supone que a los catorce días aparecen los primeros vestigios
del sistema nervioso -dice-. Antes, el embrión no tiene lo que
hace que una persona esté viva o muerta. Es el mismo criterio
que se emplea para la donación de órganos. La muerte cerebral
puede ocurrir aunque el corazón y los pulmones sigan funcionando."
La
persona humana
Entre
los especialistas que trabajan en fertilización asistida predomina
la visión del embrión in vitro como vida humana, pero
no como persona humana. "Para ser persona tiene que tener alguno
de estos tres rasgos -dice Brugo Olmedo-: poseer alguna similitud en
cuanto a su constitución orgánica, un grado mínimo
de viabilidad independiente de la intervención de terceros o
algún signo de vida mental. Sin ninguno de estos tres rasgos
puede haber vida humana, pero no persona."
Y
enseguida agrega: "Creo que esta técnica puede ser muy útil.
Si el día de mañana se comprueba que hay una fuente alternativa
de células madre igualmente efectiva, seré el primero
en pedir que dejemos de trabajar con embriones".
Para
evitar estos dilemas, en la actualidad los científicos estudian
fuentes alternativas para la obtención de células madre.
Una posibilidad sería extraerlas de embriones creados por partenogénesis.
"En lugar de introducir en el óvulo el núcleo de
una célula adulta, como en la clonación, lo cultivamos
agregándole dos drogas -explica el doctor Daniel Salamone, jefe
del Laboratorio de Biotecnología Animal de la Facultad de Agronomía
de la UBA-: lo sometemos a una brusca entrada de calcio y le agregamos
un inhibidor de cierta enzima durante dos o tres horas. Eso es suficiente
para gatillar la formación del embrión. En animales, nosotros
estamos obteniendo un gran número de células, pero aún
no sabemos si son células madre o de placenta. Nos falta la confirmación
bioquímica."
En
la Argentina aún no existe legislación sobre el tema,
pero la cuestión está planteada y, antes o después,
exigirá una toma de posición.
Para
la doctora Florencia Luna, especialista en bioética, es importante
mantener "una posición intermedia entre la inmovilidad del
miedo a lo desconocido y el triunfalismo que plantea la ciencia. Lamentablemente
hay toda una tradición basada en prejuicios, que esgrime el asco
o la repugnancia como una razón valedera [como la que inspiró
el trabajo "La sabiduría de la repugnancia", de Leon
Kass, actual presidente de la Comisión Nacional de Bioética
de los EE.UU.]. Hay que preguntarse también cuáles van
a ser los beneficios, cuándo van a llegar y, sobre todo, a quiénes.
Muchos de estos proyectos apuntan a problemas de los países industrializados,
a los ancianos... pero en los países en desarrollo mucha gente
no llega a la vejez. Lo que uno tiene que saber es que, incluso si se
tiene éxito, será para ayudar a algunos, pero no es la
panacea. Es algo que está empezando, que es prometedor, pero
hay que ponerlo en perspectiva".
Por
Nora Bär
De la Redacción de LA NACION