28/09/2017 | Ciencias Biológicas y de la Salud
Brucelosis bovina, una enfermedad de doble impacto
Investigadores del CONICET trabajan en el desarrollo de vacunas y kits de diagnóstico de esta infección que afecta tanto a animales de rodeo como a humanos.
Kit de diagnóstico. Foto: CONICET Fotografía / Verónica Tello.
Juan Esteban Ugalde. Foto: CONICET Fotografía / Verónica Tello.

La brucelosis es una enfermedad causada por bacterias del género Brucella. Se trata de una zoonosis, es decir una infección que se transmite al ser humano por tener contacto con animales infectados, en este caso vacas, cerdos, cabras, ovejas o perros. Esta enfermedad tiene un doble impacto: en la economía agropecuaria porque afecta el rendimiento de los rodeos debido a los abortos que induce, y en la salud humana, sobre todo en el grupo de gente que está en contacto con el reservorio animal –veterinarios y trabajadores rurales- o por el consumo de productos lácteos no pasteurizados. Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, se estima que esta enfermedad afecta a nivel mundial, a unas 500 mil personas al año.

Dentro del género Brucella hay diferentes tipos de especies que infectan a distintos animales con un mayor o menor potencial zoonótico. Algunas son B. melitensis, B. abortus, B. suis y B. canis que infectan cabras, vacas, cerdos y perros, respectivamente. Si bien en el humano no es una enfermedad mortal, si no se trata a tiempo con antibióticos la bacteria se establece en forma crónica.

“Inicialmente los síntomas en humanos son fiebre ondulante con dolor articular, como una gripe, por eso la mayor cantidad de casos pasa desapercibida. Las secuelas ocurren mucho tiempo después de la primera infección y, en general, se trata de manifestaciones focales que se evidencian en infecciones supurativas de diferentes órganos o sistemas como el osteoarticular, el cardiovascular y el nervioso central. Lo más común es que el humano se contagie por estar en contacto con abortos de los animales, porque los fetos liberan enormes cantidades de Brucellas que ingresan por mucosas o en su defecto, por consumo de leche. El microorganismo no vive en el músculo sino en el sistema inmune del huésped, por eso no hay contaminación de la carne”, explica Juan Esteban Ugalde, investigador independiente del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas (IIB-INTECH, CONICET-UNSAM).

Ugalde, junto a un equipo de científicos del Instituto, realiza investigación básica con el fin de entender los mecanismos moleculares por los cuáles las bacterias del género Brucella viven dentro de las células del sistema inmune del hospedador para, utilizando esa información, diseñar nuevas vacunas y sistemas diagnósticos. Con estos conocimientos lograron desarrollar un paquete tecnológico que consiste en una nueva vacuna llamada Delta-pgm, complementaria a la que hoy se aplica en bovinos, y un sistema de diagnóstico más sencillo que el actual para detectar la enfermedad.

En el caso de bovinos, desde hace 60 años, se utiliza una cepa atenuada de Brucella abortus, llamada S19 para vacunarlos. Esta inoculación es obligatoria y se debe hacer antes de los 6 meses de vida del animal.

“La vigilancia epidemiológica de la infección se hace por serología, es decir, a las vacas se les saca sangre y se les miden los anticuerpos inducidos por la bacteria. Como la vacuna genera el mismo perfil de anticuerpos, los animales infectados son indistinguibles de los vacunados. Por este motivo se vacunan con S19 animales muy jóvenes y una sola vez en la vida del mismo, de manera tal que, al llegar a su madurez sexual, que es cuando aparece el riesgo de infección, los anticuerpos que ha inducido la vacunación ya no están. De esta manera si un animal presenta serología positiva sabemos que es porque está infectado y no se debe a la vacunación. Debido a que no es posible revacunar con la cepa S19 dado que el animal se volvería positivo al diagnóstico, y que una sola vacunación no asegura que la inmunidad generada en sus estadios iniciales continúe durante los seis años de vida reproductiva, creemos que este es el motivo central que hace que la enfermedad persista. Ese es el principal problema de la brucelosis en la Argentina”, advierte Ugalde.

El equipo de Ugalde desarrolló una vacuna para adultos con una cepa atenuada, es decir, que perdió su capacidad patogénica. Esta serviría para hacer una revacunación anual sin interferir en el diagnóstico.

“Estudiamos qué armas tiene la bacteria para causar la patología y la desarmamos genéticamente. Encontramos un gen que es un determinante de virulencia, lo eliminamos y nos dimos cuenta que la cepa resultante era totalmente avirulenta, pero tenía una alta capacidad de generar una respuesta inmune protectiva. Las bacterias son organismos unicelulares recubiertos por una capa externa de azúcares que las protege, y, a la vez, ese antígeno genera una gran respuesta de anticuerpos. La cepa que desarrollamos carece de ese antígeno y por eso es más sensible al ataque del hospedador. En paralelo, desarrollamos un test de diagnóstico sencillo donde lo único que miramos es la respuesta de anticuerpos contra ese azúcar. De esta manera nuestro diagnóstico solo puede detectar la infección porque la vacuna no lo tiene. Ese paquete tecnológico es lo que estamos tratando de promover para hacer un trabajo planeado de saneamiento: vacunar, diagnosticar y separar. Con esas tres armas en conjunto se puede pensar en erradicar la enfermedad”, agrega el investigador.

 

Brucelosis en otros animales

Los científicos del IIB-INTECH desarrollaron el equivalente de la vacuna para tratar la infección por Brucella en bovinos para evitar la enfermedad en cerdos. En la actualidad, no existe ningún tratamiento para la brucelosis porcina y es una problemática sanitaria a tener en cuenta por el creciente consumo de este tipo de carne en el país.

“Para la enfermedad en cabras tampoco hay vacunas y es muy regional. A diferencia de las vacas, las cabras todavía están asociadas con la ganadería de subsistencia y no extensiva. No hay un consumo masivo todavía y el contagio se suele producir por el consumo de quesos elaborados con leche no pasteurizada. En el caso de las ovejas, la enfermedad no es zoonótica pero es un problema productivo. También empezamos a ver un serio inconveniente en perros, ya que B. canis tiene potencial zoonótico – es decir de ser transmitida al humano. Su virulencia es menor, pero está subdiagnosticada. La bacteria se elimina por la orina y por eso es importante atenderla, son animales domésticos con los que la gente tiene contacto cotidiano. Queremos mejorar el sistema de diagnóstico para que el veterinario de barrio pueda detectar la enfermedad y elegir un tratamiento acorde”, aclara Ugalde.

Por Cecilia Leone.