12-01-06
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La Conjetura de Goldbach
Por Adrián Paenza
Estoy seguro de que a ustedes les habrá pasado alguna vez, que
se tropezaron con una idea, pero no estaban tan seguros de que fuera
cierta y se quedaron un rato pensándola. Si no les ocurrió
nunca, empiecen ahora, porque nunca es tarde. Pero lo maravilloso es
poder “entretener” en la cabeza de uno algún problema
cuya solución sea incierta. Y darle vueltas, mirarlo desde distintos
ángulos, dudar, empezar de nuevo. Enfurecerse con él.
Abandonarlo para reencontrarlo más tarde. Es una experiencia
inigualable: se las recomiendo.
En la historia de la ciencia, de las distintas ciencias, hay muchos
ejemplos de situaciones como las que expuse en el párrafo anterior.
En algunos casos, los problemas planteados pudieron resolverse sencillamente.
En otros, las soluciones fueron mucho más difíciles, llevaron
años (hasta siglos). Pero, como ustedes ya sospechan a esta altura,
hay muchos, de los que todavía no se sabe si son ciertos o falsos.
Es decir: hay gente que ha dedicado la vida a pensar que cierto problema
tenía solución, pero no la pudieron encontrar. Y otros
muchos que pensaron que era falso, pero no pudieron encontrar un contraejemplo
para exhibir.
De todas formas, resolver alguno de los que aún permanecen “abiertos”
traería fama, prestigio y también dinero al autor.
Quiero hablar sobre una conjetura conocida con el nombre de “La
Conjetura de Goldbach”.
El 7 de junio de 1742 (piensen entonces que ya pasaron casi 264 años),
Christian Goldbach le escribió una carta a Leonhard Euler (uno
de los más grandes matemáticos de todos los tiempos),
sugiriéndole que pensara una demostración para la siguiente
afirmación porque a él no se le ocurría:
“Todo número par positivo, mayor que dos, se puede escribir
como la suma de dos números primos.”
¿Qué es un número primo? Es aquel que sólo
es divisible por sí mismo y por uno. Por ejemplo, 2, 3, 5, 7
y 11 son números primos. Pero 6 y 15 no lo son. Seis no es primo
porque es divisible por 2 y por 3, mientras que 15 no lo es porque es
divisible por 3 y por 5 (además de 1 y 15). Ah, además,
el número uno no se considera primo.
Pero volviendo a Goldbach, veamos algunos ejemplos en donde es muy fácil
comprobar que la conjetura es cierta
4 = 2 + 2
6 = 3 + 3
8 = 3 + 5
10 = 5 + 5
12 = 5 + 7
14 = 7 + 7 = 3 + 11
16 = 5 + 11
18 = 7 + 11 = 5 + 13
20 = 3 + 17 = 7 + 13
22 = 11 + 11
24 = 11 + 13 = 7 + 17
.....
864 = 431 + 433
866 = 3 + 863
868 = 5 + 863
870 = 7 + 863,
y así podríamos seguir.
Al principio, Euler no le prestó demasiada atención al
problema porque le pareció trivial. Bueno, trivial o no, Euler
no pudo encontrar la demostración y, en realidad, luego de más
de dos siglos y medio todavía no pudo ser resuelto por ningún
humano.
La novela Uncle Petros & Goldbach’s Conjecture del escritor
de origen australiano y criado en Grecia, Apostolos Doxiadis –publicada
en 1992 en griego y traducida a diversos idiomas en el año 2000–
es la que promovió que las compañías editoras Faber
y Faber de Gran Bretaña y Bloomsbury Publishing de Estados Unidos
ofrecieran un millón de dólares a quien pudiera resolver
la Conjetura de Goldbach. El premio se lo podía llevar cualquier
persona que diera una demostración durante los años 2000
y 2002. Nadie la encontró. Pero tampoco nadie encontró
que fuera falsa.
Doxiadis es también reconocido como uno de los iniciadores de
las novelas con “trama matemática” y, además,
ha dirigido varias obras de teatro así como algunas películas.
Pero lo que importa en este caso es que la popularidad alcanzada por
la novela devino en la oferta (que nadie pudo reclamar aún) de
los editores. ¿Será acaso el turno de alguno de los lectores
de Página/12?
Desde 1742 hasta hoy nadie pudo resolver el problema, pero tampoco nadie
pudo demostrar que fuera falso. En 1855 se sabía que los primeros
10.000 números la cumplían y en 1940 se llegó a
los 100.000.
Hasta hoy (enero del 2006), se sabe que la conjetura es cierta para
todos los números pares que sean menores que 4 x 1013, o sea
menores que ¡un número 4 seguido de trece ceros!
De todas formas, por más que las computadoras sigan avanzando,
nunca llegarán a probarlo para todos los números. Para
ello, se necesita una prueba abstracta, una teoría matemática
que sea capaz de demostrar que Goldbach, profesor de matemática
en San Petersburgo, tenía razón.
El desafío que presentó en su momento la empresa Faber
fue un intento de conseguir la mayor publicidad posible para su último
libro El tío Petros y la Conjetura de Goldbach. Igualmente, yo
perdería las esperanzas: se calcula que en todo el mundo hay
sólo 20 personas que podrían resolver esta conjetura.
Y no me queda claro que sea ni quien esto escribe. Ni quien lo lee.
Para terminar, quiero dejar planteada otra conjetura también
sugerida por Goldbach, conocida con el nombre de “La Conjetura
Impar de Goldbach”, que dice que todo número impar mayor
que cinco se escribe como la suma de tres números primos. Al
día de hoy también permanece como un problema abierto
de la matemática, aunque se sabe que es cierta hasta números
impares de siete millones de dígitos. Si bien toda conjetura
puede resultar falsa, la opinión “educada” de los
expertos en teoría de números es que lo que pensó
Goldbach es cierto y sólo es una cuestión de tiempo hasta
que aparezca la demostración.