08-10-05
| La Nación | Ciencia y salud
Estudio de la Fundación Favaloro: durante el período 1999-2002
La crisis económica causó
20.000 muertes cardíacas
Se debió al deterioro de los recursos hospitalarios; hubo 10.000
infartos no fatales por estrés
La crisis que produjo la última recesión y que llevó
a la Argentina a una de las etapas más dramáticas de su
historia no sólo provocó muertes en las calles en diciembre
de 2001. En silencio, el deterioro hospitalario causado por el derrumbe
de la economía local produjo 20.000 muertes cardíacas
más que lo habitual, entre abril de 1999 y diciembre de 2002,
período en el que el estrés y la depresión sin
contención social provocaron 10.000 infartos más, pero
no fatales.
Así lo demuestra el primer estudio que relaciona mortalidad y
crisis no provocada por guerras, ataques terroristas o desastres naturales,
realizado por investigadores de la Fundación Favaloro y de la
Universidad de Massachussetts, Estados Unidos.
“Esta es la primera información epidemiológica oficial
mundial de una crisis financiera, social y económica que se asocia
a mayor mortalidad e infarto. Hubo argentinos que sufrieron infarto
por torpeza en el manejo de la cosa pública. Una proyección
nacional haría presumir que hubo 20.000 muertes coronarias más
entre 1999 y 2002. Esto debería servirnos de advertencia, ya
que, si vuelve a pasar, los responsables de tomar las decisiones estarían
provocando un genocidio", afirmó a LA NACION el doctor Enrique
Gurfinkel, jefe de la Unidad Coronaria de la Fundación Favaloro
y autor principal del estudio.
Según la Organización Mundial de la Salud, en el país
mueren por año 50.000 personas por enfermedad cardíaca.
De ahí que los resultados que se presentan hoy en el XXXII Congreso
Argentino de Cardiología indican un gran incremento de la mortalidad
en la crisis.
Los investigadores observaron también que en medio de la crisis
los médicos debieron retroceder en el tiempo en las técnicas
utilizadas: aumentaron las cirugías, disminuyó la prescripción
de drogas de última generación y se realizaron menos angioplastias
y estudios complementarios, como las ecografías, por la falta
de papel para imprimir las imágenes y los resultados.
En ese período, también aumentaron los pacientes con insuficiencia
cardíaca congestiva (5%) y la mortalidad durante la hospitalización
(1,1%), cuyo riesgo fue mayor en los centros privados. Los pacientes
con dolor de pecho demoraron 190 minutos en recibir asistencia, contra
los 27 promedio fuera de la crisis.
"Los registros del Ministerio de Salud y, sobre todo, del gobierno
de la ciudad de Buenos Aires fueron denunciando un aumento de las complicaciones
en el ingreso de los pacientes a los hospitales -señaló
Gurfinkel-. Lo que no se sabe con certeza es si las autoridades advirtieron
o no que los números iban variando. Tengo la impresión
de que veían que las cosas se deterioraban, pero que no tomaron
idea de la magnitud de lo que estaba pasando."
Objetivo: clase media
Para los investigadores, la crisis afectó especialmente a la
clase media. "Hallamos un gran corrimiento de pacientes del sistema
privado de salud a los hospitales públicos", agregó.
Los investigadores analizaron datos de 3220 argentinos hospitalizados
entre 1999 y 2004 en 7 centros públicos y privados que participan
del Registro Global Multicéntrico de Eventos Coronarios Agudos
(Grace).
Ese registro incluye datos de 104 hospitales de 14 países. Por
la Argentina participa la Fundación Favaloro, el Hospital de
Clínicas, el hospital Durand, el Sanatorio Mitre, el Hospital
Leónidas Lucero de Bahía Blanca, el Centro Gallego, el
Hospital Francés y la Clínica Indarte.
Para determinar las épocas de crisis (abril de 1999 a diciembre
de 2002) y de poscrisis (enero de 2003 a septiembre de 2004), los investigadores
se guiaron por las variaciones del PBI, el único indicador disponible.
"Consideramos que la crisis había terminado cuando el PBI
registró al menos tres trimestres consecutivos de incremento
-explicó Gurfinkel-. Nos pareció adecuado utilizar el
Grace porque es citado en toda la bibliografía especializada,
y el PBI, como reflejo de lo que le pasaba al país, dado que
contamos con pilares epidemiológicos demasiado débiles
como para informar a la comunidad científica."
Además de los infartos, en los 2246 pacientes que ingresaron
en los hospitales en el período de crisis (974 ingresaron en
la poscrisis), los investigadores hallaron una mayor cantidad de alteraciones
químicas enzimáticas y demanda de ventilación invasiva
por insuficiencia cardíaca. "No hubo diferencias en los
rasgos de la población que sufrió eventos cardiovasculares,
pero sí en el motivo de consulta: llegaban más pacientes
infartados y con dificultad respiratoria que después de la crisis",
indicó Gurfinkel.
Público v. privado
Para evaluar las diferencias en el uso de las drogas y la aplicación
de los tratamientos, el equipo dividió a los hospitales en públicos
y privados. En ambos, no hubo diferencias a la hora de prescribir aspirina,
una droga económica. Sí, en cambio, en el caso de las
drogas más caras, como los inhibidores de la enzima convertidora
de la angiotensina (ieca) para normalizar la presión arterial
o las drogas contra el colesterol.
"Durante la época de crisis casi no se prescribía
nada para el infarto. Además, en los centros privados hubo una
tendencia a reducir las angioplastias y aumentar las cirugías,
que es un método antiguo, ya que el bypass se reserva sólo
para un 9% de la población mundial que padece enfermedad coronaria
aguda. Esto ocurrió porque los insumos necesarios eran importados...
Hasta tuvimos que reciclar material."
El Grace demostró también que entre 2003 y 2004 aumentó
la migración del sistema de salud privado al público.
Gurfinkel, que se animó a dar una conclusión dramática
del estudio, concluyó: "El mal manejo de la cosa pública
mata o infarta a la población. Tengo la impresión de que
los datos obtenidos indican que esto puede volver a ocurrir, y esto
ya ocurrió alguna vez."
El corralito aumentó nueve veces el riesgo de eventos
vasculares
Así lo demuestra un estudio del Cemic
Apenas estalló en el país la crisis de 2001, muchos argentinos
trataron de buscar ayuda psicológica y médica para proteger
su salud ante el malestar que produce la sensación de estar a
la deriva social. A otros, en cambio, el afán de recuperar sus
ahorros los empujó a descuidar el equilibrio que su psiquis necesitaba
para seguir adelante.
Esto motivó a un grupo de investigadores argentinos, dirigidos
por los doctores Fernando Taragano, profesor titular de psiquiatría,
y Ricardo Allegri, profesor de neurología, ambos investigadores
principales del Cemic, a estudiar desde fines de 2001 las consecuencias
clínicas de ambas conductas. Luego de 31 meses de seguimiento,
el equipo halló que el riesgo de daño cardíaco
o cerebral era nueve veces mayor en los argentinos que habían
sufrido de gran ansiedad y no habían aceptado ayuda.
"Esto se tradujo en una mayor cantidad de infartos y de daño
cerebrovascular", explicó a LA NACION el doctor Taragano,
neuropsiquiatra y autor principal de este seguimiento a largo plazo
en 478 pacientes afectados por el "corralito". Los pacientes
que habían pedido ayuda psicológica o neuropsiquiátrica
a tiempo protegieron mejor sus arterias.
"Es muy difícil poder proyectar la magnitud de las consecuencias
de la crisis de 2001 a futuro -señaló Taragano-. Estos
fenómenos sociales y económicos pueden tener impacto años
más tarde y es muy difícil que en neuropsiquiatría
podamos anticipar si lo vivido dañará a largo plazo."
Cuando una persona sufre angustia y depresión de manera crónica,
será la salud de las arterias la que años más tarde
empezará a cobrarse ese sufrimiento pasado. Y transcurridos los
años, rara vez se relaciona el sufrimiento arterial con el inicio
de la ansiedad o la depresión.
"La crisis de 2001 fue casi una situación de laboratorio:
muy caótica y fuera de lo común -describió-. Eran
tantos los argentinos que consultaban por el mismo tema, que pudimos
iniciar un seguimiento poblacional para probar lo que desde hacía
tiempo se sospechaba que ocurría en la población: el daño
arterial por causas psicosociales."
Es que a ese escenario lamentable para quien lo sufre, se sumó
la gran intensidad y extensión en el tiempo de la situación.
"En muchos casos, la pobreza fue también una nueva experiencia
para las familias de clase media, en la que los padres no podían
seguir cubriendo las necesidades básicas de sus hijos, por tanto
se intensificaba el estrés depresivo", señaló
el investigador.
Personalidad en riesgo
En una segunda etapa del estudio, cuyos resultados se presentaron ayer
en el XXXII Congreso Argentino de Cardiología, los investigadores
identificaron las características de la personalidad que influyen
en los argentinos al sufrir un accidente cerebrovascular, un infarto
o cualquier otro daño vascular que afecte el sistema cardíaco
o cerebral.
La inquietud persistente, la sensación de estar bajo la premura
del tiempo, la impaciencia, la sensación de que siempre falta
tiempo para los quehaceres, la competitividad extrema, la persecución
del logro, la agresividad, el apresuramiento, la hipervigilancia y la
ira son las características personales que nos ponen en riesgo
cardiovascular.
"La presencia o ausencia de la combinación de dichas características
explican el 89% de los casos del daño en los que la personalidad
tenga algo que ver -definió Taragano (ftaragano@cemic.edu.ar)-.
Su ausencia, en cambio, es preventiva."
Los factores psicosociales son responsables del riesgo aumentado de
daño cardiovascular en 3 de cada 10 personas. Otras causas poderosas
son la hipertensión y el tabaquismo. Esos factores incluyen,
además de las características de personalidad identificadas,
la depresión, el estrés, la ansiedad, la retracción
social.
"Si tenemos que definir lo que sufrieron los argentinos acorralados
en 2001, sería estrés agudo y depresión, una combinación
que en el tiempo es muy peligrosa -afirmó el especialista-. Cuando
se combinó la depresión y el estrés mental agudo,
léase «corralito», las personas que no protegieron
sus arterias con medidas contra la ansiedad o antidepresivas adecuadas
tuvieron 9 veces más eventos vasculares que las que sí
buscaron ayuda. Todo esto debería servirnos como experiencia..."