05-10-05
| La Nación | Ciencia/Salud
Se les concedió a dos físicos norteamericanos y a uno
alemán
Los misterios de la luz, tema del Nobel
Los
estudios de R. Glauber, J. Hall y T. Haensch permitieron importantes
progresos tecnológicos
ESTOCOLMO
(AP).- La Academia de Ciencias sueca anunció ayer que concedió
el Premio Nobel de Física 2005 a los estadounidenses John Hall
y Roy Glauber y al alemán Theodor Haensch por su aplicación
de la física cuántica moderna al estudio de la óptica.
Sus observaciones sirvieron para mejorar el láser, la tecnología
de posicionamiento global (GPS, según sus siglas en inglés)
y otros instrumentos.
Glauber, de 80 años, recibirá la mitad del premio por
demostrar en los años 60 cómo la naturaleza particular
de la luz afecta su comportamiento en determinadas circunstancias. Aunque
estas condiciones se observan rara vez en la naturaleza, son importantes
en instrumentos ópticos. Hall y Haensch, que compartirán
la otra mitad, fueron galardonados "por sus aportes al desarrollo
de la espectroscopía de precisión basada en el láser".
La luz es, sin duda, una de las maravillas naturales que más
nos asombran. Como las ondas de radio, es una forma de radiación
electromagnética, pero tiene una propiedad desconcertante: puede
comportarse a veces como ondas y a veces como partículas discretas
llamadas fotones.
Sin embargo, hasta que en 1963 Roy Glauber publicó sus trabajos,
la ciencia sólo podía describir la luz de acuerdo con
la teoría del electromagnetismo de Maxwell como un fenómeno
ondulatorio. Su aplicación hizo posibles los teléfonos
móviles, la televisión y la radio.
En esos tiempos, aunque los físicos habían desarrollado
teorías para describir las colisiones entre un número
reducido de fotones, no contaban con una descripción cuántica
del comportamiento colectivo de grandes números de estas partículas
subatómicas. Fue precisamente Glauber, que había participado
del Proyecto Manhattan, que desarrolló la bomba atómica
durante la Segunda Guerra Mundial, quien logró desarrollar una
descripción matemática efectiva de estos fenómenos.
"El premio a Glauber era una deuda histórica -afirma el
doctor Oscar Martínez, que investiga láseres de pulsos
cortos y sus aplicaciones en nanoóptica, y en nuevas microscopías
para la biología en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales
de la UBA-. En el siglo XIX, la teoría del electromagnetismo
explicaba la luz como un fenómeno ondulatorio. Más tarde,
aunque la mecánica cuántica describió muchas propiedades
de la materia que no podía explicar la física clásica,
la matemática era cómoda para entender los fenómenos
de muy alta energía, como los rayos X o los gamma, pero no para
entender la luz. Glauber encontró una descripción matemática
de la luz que la concilia con la óptica clásica y permite
explicarla «fácilmente» desde la mecánica
cuántica. Mostró que hay ciertos estados de la luz en
la mecánica cuántica que son muy parecidos en el electromagnetismo:
los estados coherentes que permiten explicar la interferencia. Esto,
sobre todo, abrió la posibilidad de avanzar con el láser."
Tres décadas más tarde, Hall y Haensch tomaron la posta.
Utilizaron estos conocimientos para desarrollar una técnica que
utiliza la luz láser de pulsos cortos que permiten alcanzar niveles
de exactitud difícilmente imaginables por el ser humano común
y corriente: pueden determinar la frecuencia de la luz con una precisión
de 15 dígitos.
"Haensch y Hall están trabajando en láseres que generan
«trenes» de pulsos cortos, de muy alta frecuencia -explica
Martínez-, cada diez nanosegundos; es decir, cada diez mil millonésimas
de segundo. Pero son capaces de alcanzar una calidad tal que pueden
funcionar con más precisión que un reloj atómico
y permiten transmitir información en forma sincrónica.
Con el láser de pulsos cortos también producen lo que
se conoce como «peines de frecuencias ópticas», porque
cuando uno lo analiza en el espectro observa una secuencia de picos
equidistantes que conforman algo así como una regleta. Este láser
genera colores que cubren todo el espectro, desde el infrarrojo hasta
el ultravioleta, por eso se usan como un patrón de calidad: es
como tener una emisora de radio que está emitiendo en todas las
frecuencias, entonces uno puede ir con su radio y calibrar la frecuencia
en la que emite. Los láseres sirven para calibrar frecuencias
en el espectro visible."
El premio Nobel premia ahora la trascendencia de los descubrimientos
de Glauber, Hall y Haensch. Pero los científicos no se conforman:
el último dijo a AP que los frutos del trabajo realizado permitirán
mejorar la comunicación en toda la Tierra... y más allá.
Y hasta aventuró que el control preciso de la luz podría
utilizarse para algo igualmente o aun más importante: ¡desarrollar
el cine tridimensional!
Nora Bär
"Bits" y ondas luminosas
A diferencia de la luz natural, generada por ondas que comienzan en
diferentes momentos y se desplazan en distintas direcciones, el láser
produce una luz coherente: todas las ondas luminosas se acoplan como
un ejército que desfila ordenadamente según un patrón
preciso.
Las técnicas desarrolladas por Hall y Haensch permitieron controlar
casi todos los aspectos de la luz y tienen numerosos campos de aplicación,
desde la caracterización de moléculas hasta la medición
de tiempos y distancias, o la definición de claves criptográficas.
"Actualmente -dice Diego Grosz, del Instituto Tecnológico
de Bs. As.-, se utilizan relojes atómicos para sincronizar los
bits que circulan por los sistemas de comunicación por fibra
óptica. Dentro de los protocolos para sistemas de alta capacidad,
el que se usa en la Argentina [SDH] «reúne» información
que circula a baja velocidad para construir un único canal de
muy alta velocidad. Los de última generación transmiten
hasta 40 gigabits [40 mil millones de bits] por segundo. En el mundo,
la Internet está funcionando gracias a estos sistemas."